Maternidad en Singular


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2 Maternidad en Singular Graciela Ríos Fragmento de una historia de vida

3 Maternidad en Singular Primera edición, agosto de Derechos reservados conforme a la Ley en favor de la autora. Con autorización de la autora para su publicación por el : Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León Morelos 877 Ote., Barrio Antiguo, Tels.: (01 81) al 76 y Monterrey, N.L., Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida, mediante ningún sistema o método, electrónico o mecánico (incluyendo el fotocopiado, la grabación o cualquier sistema de recuperación y almacenamiento de información), sin consentimiento por escrito de la institución responsable de la edición. Impreso en México. Printed in México Fotografías de: Laura Leal

4 CONSEJO DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA Josefina Leroux Presidenta Ubaldo Ortiz Vicepresidente Blanca Laura U. de Rocha Celita Alamilla Eduardo Pérez Fernando Reyes Filiberto de la Garza Hilda Catalina Cruz Margarita Villasana Sandra Góngora JUNTA DE GOBIERNO Lic. José Natividad González Parás Gobernador Constitucional del Estado Sra. Cristina Maiz de González Parás Invitada especial Lic. Napoleón Cantú Cerna Secretario General de Gobierno Gral. José Domingo Ramírez Garrido-Abreu Secretario de Seguridad Pública Lic. Luis Carlos Treviño Berchelmann Procurador General de Justicia Lic. Rubén Martínez Dondé Secretario de Finanzas y Tesorero General Mtra. María Yolanda Blanco García Secretaria de Educación Dr. Gilberto Montiel Amoroso Secretario de Salud Lic. Eloy Cantú Segovia Secretario de Desarrollo Económico Lic. Alejandra Rangel Hinojosa Presidenta del Consejo de Desarrollo Social Profa. Gabriela del Carmen Calles González Directora General DIF Nuevo León INSTITUTO ESTATAL DE LAS MUJERES NUEVO LEÓN María Elena Chapa H. Presidenta Ejecutiva María del Refugio Ávila Secretaria Ejecutiva Irma Alma Ochoa Directora de Enlaces Dipna Ruth De Cos Directora de Administración, Planeación y Evaluación Blanca Nelly Guerra Directora de Capacitación Sylvia Puente Directora Jurídica Juana María Nava Directora de Comunicación y Difusión Instituto Estatal de las Mujeres

5 Índice Mensaje del Gobernador 7 Presentación 9 Prólogo 11 Festividad 13 Capítulo 1 Semblanza 15 Capítulo 2 Peregrinando 21 Capítulo 3 De la oscuridad a las sombras 27 Capítulo 4 De las sombras a la luz 35 Capítulo 5 Proceso de decisión 43 Capítulo 6 Los primeros pasos 53 Capítulo 7 Preparativos para el viaje interior 59 Capítulo 8 Preámbulos 69 Capítulo 9 Motivos, motivaciones 79 Capítulo 10 Conteo final 91 Capítulo 11 Expectación 103 Instituto Estatal de las Mujeres

6 Índice Capítulo 12 Intentos 111 Capítulo 13 Una nueva oportunidad 123 Capítulo 14 Feliz y asustada 133 Capítulo 15 Uno más uno 139 Capítulo 16 Mi desarrollo humano personal 147 Capítulo 17 Complicaciones 157 Capítulo 18 Entre su vida y mi muerte 167 Capítulo 19 Bienvenidos a la vida! 175 Capítulo 20 Milagro de amor 183 Referencias bibliográficas 189 Instituto Estatal de las Mujeres

7 Mensaje del Gobernador La Constitución mexicana garantiza el derecho de toda persona a decidir de manera libre, responsable e informada el número y espaciamiento de sus hijos. Por ello, mi gobierno reconoce a todas las mujeres que deciden ser madres, y refrenda su compromiso con los objetivos de salud del milenio, en especial con el de reducir para el año 2015 la muerte materna a 22 por cada 100 mil nacidos vivos, cifra que en Nuevo León se ubicó en un nivel de 25 en el Con base en la Ley que crea al Instituto Estatal de las Mujeres, se promueven obras como la que aquí presentamos, conscientes de que debemos garantizar a las mujeres el derecho a la no discriminación, al ejercicio pleno de sus derechos sexuales y reproductivos, a la toma de decisiones, como en este caso, y asegurar su acceso a los beneficios del desarrollo sin importar su origen étnico, edad, salud, condición social, estado civil, preferencias sexuales, cultura, religión, o cualquier otra situación especial, en un marco de respeto y pluralidad. Una maternidad deseada y saludable es un desafío que requiere de cambios en el contexto cultural y socioeconómico, a través de políticas públicas que aseguren las condiciones necesarias para reconocerla como un derecho humano que contribuya al desarrollo de la sociedad. Valoramos la contribución de todas las mujeres que además de ser madres, han impulsado el progreso del Estado en los diferentes ámbitos público, privado, académico y social. Lic. José Natividad González Parás Gobernador Constitucional del Estado Gobierno del Estado de Nuevo León 7

8 Presentación El libro de Graciela Ríos Maternidad en singular te captura. Es de las lecturas que haces sin detenerte hasta terminarlo. Te lleva en un recorrido de principios sobre la sexualidad femenina, la maternidad, la paternidad, la toma de decisiones y el origen de las luchas, causas y culturas. Esta fincado en la salud de las mujeres que es el tercer tema prioritario de la agenda de mínimos mundial. El derecho a la salud implica un bienestar pleno tanto en lo físico, como en lo mental y lo social. Va junto al contexto político y económico: no se puede revisar sin una concepción integral de la equidad de género. El grado de salud de las mujeres es el grado de equidad existente en una sociedad. En nuestro país todavía persisten la desigualdad y la discriminación por la región donde se vive, por la edad, por el estado civil, el sexo, por la clase social, entre otras. Los servicios serán equitativos cuando el acceso universal a la salud se de por igual a las mujeres que a los hombres. Las mujeres muestran un control limitado sobre su vida sexual y reproductiva y en la toma de decisiones sobre el ejercicio de su sexualidad y su fecundidad, frente a una cultura que subyace con el trato de minusvalía y de falta de respeto a la libre determinación de las mujeres sobre sus responsabilidades frente a la reproducción. Las mujeres necesitan estar informadas sobre su derecho a planificar su familia, a elegir el método para la regulación de su fecundidad y el derecho a decidir libre y responsablemente el número de hijos que deseen tener. El derecho a la salud es parte de los derechos humanos. Graciela Ríos ejerció plenamente su derecho a la maternidad, ejerció con fortaleza inusual consolidar una vida propia acompañada de sus hijos deseados con apoyo de la ciencia médica. Transitó entre problemas, trámites y situaciones que se relatan en su libro y que evidencian una profunda capacidad de querer ser madre. Graciela Ríos se relaciona ahora con el mundo de manera diferente. Encontró una nueva manera de ser y de existir con normas éticas y con responsabilidad. Sabe que es dueña de su integridad como persona y sabe también que las tecnologías en salud reproductiva son seguras, eficaces y aceptables y que pueden culminar en la función de ser madre en singular, de manera satisfactoria. Gobierno del Estado de Nuevo León 9

9 Para el Instituto Estatal de las Mujeres es grato publicar este libro que brinda elementos de reflexión sustantivos para las mujeres y los hombres de nuestra sociedad. Nuestro agradecimiento al Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), a su titular Sr. Arie Hoekman, por aportar una parte del financiamiento para la publicación de esta obra. Lic. María Elena Chapa H. Presidenta Ejecutiva Instituto Estatal de las Mujeres 10 Instituto Estatal de las Mujeres

10 Prólogo Tengo la impresión de que el tema que abordaré a lo largo de este texto, es todavía hoy, difícil, escarpado, espinoso e incomprensible para las mayorías. Un suceso que tiene más preguntas que respuestas, más incertidumbre que certezas, más proposiciones que explicaciones. Esta tesis surge más de la excitación, las necesidades, los sentimientos y menos de razones o de lógica como yo desearía. El corazón tiene razones, que la razón desconoce, dice Blas Pascal, por lo tanto, presiento, no resultará fácil abordar en palabras mi experiencia de vida. Lo que hallará a continuación, cada relato, cada cuestionamiento, cada planteamiento, no tiene que ver con la verdad de las cosas, con lo que debe o no, ser correcto, con lo que es o no, justo, con lo que alguien más desee o no, decidir o hacer. Hoy escribo para mí misma, para intentar ordenar un sin fin de procesos, emociones, dolores, angustias, soledades, sentimientos, decisiones y satisfacciones en cada uno de los tránsitos por los que tuve que nadar, correr, cruzar, navegar, sumergirme, gravitar, profundizar, ahogarme, atemorizarme y resurgir, para tomar la decisión o el conjunto de decisiones más importantes, más trascendentes de mi vida. Escribo pretendiendo crear un orden, una estructura, que me explique a mí, cómo llegué a lo que hoy soy, a lo que me conforma: una madre singular. Escribo para los míos, los que me rodean, los que sin entenderme ni comprenderme me apoyaron, pero también para los que me respaldaron creyendo que realmente estaba apostando mi vida a un proyecto de felicidad. Escribo para quienes sin duda alguna, serán impulsadas voluntariamente, de manera geométrica, a un proceso de decisión similar al que yo elegí, pero principalmente, para los que nada han tenido que ver en mi peregrinar pero justamente por éste, se encuentran ahora aquí, compartiendo mi genética, mi herencia, mis costumbres, mis hábitos, mis tradiciones y, mi amor profundo: mis hijos. Para ellos, Daniela y Julián, que nada tuvieron que ver en el proceso, pero que todo tienen que ver con que esto sea hoy una realidad, un éxito, y que sin duda alguna los marca ya como los pioneros valientes del nacimiento de una nueva generación, personas que pronto ocuparán un espacio importante y especial en nuestras sociedades y en nuestro mundo. Gobierno del Estado de Nuevo León 11

11 Escribo para todos los hijos de madres singulares, que están libres aún de prejuicios, motes y connotaciones peyorativas, y que han sido más bien favorecidos con el azoro de personas ajenas que abren grandes sus ojos y no pueden exclamar hacia sus madres algo más que frases de admiración como: se requiere valor real, eso es ser ejemplo de vida. La sociedad se encargará de juzgar más adelante, de calificar, de etiquetar, recordemos que los primeros intentos son frecuentemente fallidos, pero nosotros, esta nueva generación naciente, nos encargaremos, al menos intentaremos, que lo que suceda, sólo nos fortalezca más en el amor y en la creación y co creación de una sociedad diversa más fortalecida. Para ustedes, para todos aquellos interesados en conocer a fondo el drama y la felicidad que puede ser experimentados por una mujer que toma de la vida lo que necesita para continuar su desarrollo personal; para esos fanáticos por adentrarse en los laberintos de las pasiones y los recovecos de un pensamiento fértil y creativo, y del vibrar de un corazón latiente que ama; para todos ustedes, es, indudablemente, el desnudo que de mí misma hago ante sus ojos. Graciela Ríos 12 Instituto Estatal de las Mujeres

12 Festividad Me congratulo de tu existencia, la celebro, la gozo, me deleito con ella. La saboreo todos los días, cuando estás y cuando no te veo. Me regocijo con tu andar aprisa y en tu mirar despacio, y me complazco al presenciar tu cadencia cuando estás a mi lado. En el hechizo seductor de tu existir, mi carne bebe tu aroma como sabia para abastecerse del flujo vital que necesita; y mis ojos te absorben como vino, para embriagar de éxtasis, mis penas y mi hastío. Me agasajo con tu existencia, la festejo, la gozo, me alimento de ella, la disfruto todos los días, en la evocación, o en la palpable plenitud de tu presencia. Te celebro en vida, celebro tu existencia, la paladeo cada instante, desde que sale el sol, hasta que alumbran las estrellas. Graciela Ríos Gobierno del Estado de Nuevo León 13

13 Capítulo 1 Semblanza

14 Capítulo 1 Semblanza Mi amor quedó como un caudal sin cauce, como una estrella sin luz ni firmamento, pero no haré de mí un árbol sin fruto, por tu memoria, habré de retomar el rumbo. Confiada en la palabra que me diste, de amarme más allá de la existencia, sostengo mi vida en este mundo, aún sin consolarme por tu ausencia. Por el infinito amor a ti que llevo dentro, permaneces conmigo en cada instante, pues digan lo que digan, tu no has muerto, tan sólo liberaste tus sueños, de tu cuerpo. Graciela Ríos Abril 19, 2001 He tenido ardor en el pecho desde hace algunos meses, quizá va para tres o cuatro. Precisamente por esto recordé que ya era tiempo de hacerme una mamografía. El ardor se acentúa en períodos previos a la ovulación o a la menstruación. Lo he atribuido a cambios hormonales ya que anteriormente, sólo cuando estuve en tratamiento de estimulación hormonal para intentar concebir un bebé, fue cuando tuve un dolor parecido, quizá mucho más intenso en esa época que ahora. Había pensado que si todo salía bien en el resultado no iba a ver al doctor, así lo hice hace dos años con el último estudio. Si todo está en orden, para qué pasar otra vez la molestia y la incomodidad de desvestirme ante un extraño. Pero este dolor me preocupa, cuando mamá tuvo cáncer de mama a lo que más atención le ponían los médicos, era a revisar si éste no había avanzado hacia los nódulos linfáticos. Lamentablemente así había sido. Me hice un estudio de mamografía, el resultado decía que tenía adenitis, busqué la palabra en el diccionario e indica que se trata de una inflamación de los ganglios linfáticos. Gobierno del Estado de Nuevo León 17

15 Maternidad en singular Le llamé a mi ginecólogo, le comenté el resultado. Dice que no me preocupe, pero que no lo deje sin atención, que en 6 u 8 meses me haga otro estudio para ver si la inflamación ha aumentado. Me pregunta una amiga si me tranquiliza la opinión de mi médico. Ella cree que haber puesto 6 meses de distancia entre hoy y un nuevo estudio, significa que las cosas no pueden ser tan malas. Sin embargo, algo sucede en mi mente que me dispara una señal de alerta. Pudiera no ser nada; mi médico es muy competente, él sabe mi historia familiar al respecto, así que no podría darse el lujo de ser negligente. Pero mi pesimismo me gana. Quizá porque pienso que su especialidad es traer vida a este mundo y no la oncología, tal vez porque no me puedo deshacer aún de las frases de lamento que mamá lanzaba culpándose por no haber puesto más atención a sus primeros síntomas al sentirse enferma. No sé qué me pasa. Debe ser un poco la psicosis que se me desata al recordar los años terribles de sufrimiento. Se me ocurre mandarle un correo electrónico a mi tío de Seattle. Él, Héctor Aldape, ayudó mucho a mi abuelo cuando enfermó y murió de cáncer, lo hizo después con mi madre, portándose mejor que un hermano, y ahora, ha apoyado a tía Hilda, la hermana de mamá, que acaba de atravesar por una mastectomía radical en ambos pechos. Recibo respuesta y el miedo me invade. No puedo describir cómo me siento, pero si tuviera que elegir una sola palabra, ésta sería, "aterrada". No puedo evitarlo, los recuerdos danzan por mi mente como si fueran fantasmas. Cierro los ojos y veo nuevamente los de mi madre, color verde claro. Un verde esmeralda como el de la esperanza. No puedo olvidar todo lo que pasó aunque no quiero recordarlo. Ya lo he llorado bastante, ya lo sufrí en su tiempo y he hecho un esfuerzo enorme por superarlo. Lo sentía por fin, guardado en un rincón en donde he cerrado el ciclo de la peor época de mi vida. Ciclo que fue clausurado para dar paso a la vida. Cuando mamá murió inició una época muy difícil. Tuve períodos de mucha tristeza, de angustia, sufrimiento, rebeldía, enfermedad, dudas. Dejé de dormir casi completamente y trabajaba en exceso. Poco a poco fui perdiendo el entusiasmo por la vida. Entré en un período de depresión profunda. Somatizaba a tal grado mi angustia que visitaba el doctor casi cada diez días. Contracturas musculares, dishidrosis, psoriasis, migraña, y tantas otras cosas de origen tensional. Pronto empecé a tener dificultades para tomar decisiones, hasta las que parecían más sencillas; dejé de tener voluntad para hacer y crear, y durante el tiempo que no trabajaba, me la pasaba en la cama. Lloré mucho; lo hice a diario por años. Tomé medicamentos para la ansiedad, el insomnio, la relajación muscular, y a pesar de todo, llegó un grado en el que me fue imposible seguir disimulando mi apatía, mi sin sentido por la vida. 18 Instituto Estatal de las Mujeres

16 Capítulo 1 Semblanza Toqué fondo; mi situación hizo crisis y comencé a caminar cuesta arriba, al menos así lo creía. En ese peregrinar hacia la luz, la idea de procrear un hijo, se hacía cada día más presente en mí. Era como algo que de fondo iba pasando a figura, poniéndose en primer plano, ocupando mucho más espacio en mi mente que cualquier otra cosa, que las cosas del día con día, que cualquier plan, cualquier meta para el futuro. Sin embargo, las dudas y los temores me inquietaban muchísimo. Había demasiadas preguntas sin respuesta, tenía miedo, demasiado miedo de las reacciones de los otros, de las consecuencias, de la afectación permanente de mis ya rutinarios y estables días, pero sobretodo, de cometer un error que pudiera lamentar por el resto de mi vida. Gobierno del Estado de Nuevo León 19

17 Capítulo 2 Peregrinando

18 Capítulo 2 Peregrinando Mayo, 2001 Es necesario pedir una segunda opinión médica. No puedo quedarme con la inquietud de un posible cáncer durante tanto tiempo, sobre todo si las molestias continúan como es el caso. Decidí hacer cita con el ginecólogo con quién me atendí repetidamente hace varios años. Además de la especialidad de ginecología cuenta con la de oncología y eso es un valor agregado importante. Hasta le dicen como apodo el dedos de seda dizque porque con sólo tocar el seno puede saber si algo anda mal, si hubiese sospecha de algún posible nódulo peligroso. Ya en su consultorio, después de la revisión de rutina iniciamos una breve plática y durante la cual me dice: Graciela, estoy confundido, Hace cuánto fue la fecha del parto? Tengo en mis registros que te recomendé con el experto en reproducción asistida en el año de 1993, pero tú hablas de la experiencia como si hubiese sido hace poco, cuánto duró el tratamiento entonces?. No me acordaba de la fecha pero era cierto, la primera vez que me atreví a hablar con un profesional sobre la posibilidad de lograr un embarazo a través de inseminación artificial fue con él y fue en esa fecha: Cuántos años tardé en madurar la decisión! Cuántos años en intentar hacerme a la idea y pensar detenidamente las cosas. Cuántos años de miedos, dudas e inseguridad. La verdad no me atreví a decírselo pero él influyó muchísimo en la demora de mi toma de decisiones. Recuerdo casi textualmente lo que dijo cuando tímidamente me animé a comentarle algo sobre mis propósitos. No puede ser Graciela, eres una mujer muy guapa y muy joven. Muchísimos hombres estarían encantados con la idea de ayudarte a procrear un hijo. No es necesario hacer un compromiso si no quieres, mucho menos casarte..., vaya, ni siquiera él tendría por qué enterarse. Te aseguro que a muchos nos encantaría tener relaciones con una mujer como tú. Recuerdo vívidamente la cara y el gesto que puso en su rostro cuando agregó: debe haber algo más, algún trauma por ahí. Piénsalo bien, continuó, tener un hijo no es sólo vestirlo de marinerito y sacarlo a pasear. Los adultos hacen cosas de adultos y los niños necesitan cosas de niños. A tu edad (yo tenía 32 años en ese momento), vas a cenar a restaurantes para grandes y los niños cenan en un lugar en donde se vendan hamburguesas. Los niños implican una vida activa, correr, subir a los cerros, andar sudados, todos sucios. Tú estás acostumbrada a juntas de negocios, a vestir de traje sastre, a hacer lo que te viene en gana. Tus gustos han cambiado con el tiempo. Además, por qué arriesgarse con un proceso de inseminación?, qué es lo que realmente quieres?, bien podrías tener al hombre que escogieras, sentenció. Gobierno del Estado de Nuevo León 23

19 Maternidad en singular Recuerdo haberlo interrumpido para cuestionarle a qué se refería específicamente con los riesgos. De todo lo dicho, la contundente frase de debe haber algo más, la analogía del marinerito y esta frase, me producía un ruido espantoso dentro de la cabeza, que para ese momento estaba totalmente aturdida. Me sentía incómoda y con una sensación de vergüenza que me quemaba el rostro. Él sin percatarse de mi turbación, continuó con su discurso: pues es que la manipulación del semen puede traer consigo consecuencias desastrosas, qué sentido tiene exponerse a usar semen que ha sido congelado, descongelado, procesado? Piensa que con cualquier milésima parte que haya sido dañada en el proceso, es suficiente para que traer un monstruo al mundo. Piénsalo bien, en realidad no batallarías nada en conseguir a alguien que te ofrezca un hijo Tengo la idea de haber musitado algo así como un sí, pero eso va en contra de valores que practico, sin embargo, me sentí mal de no haber tenido la fuerza para decirlo en voz alta. Más bien me sentía como una tonta, que, llena de prejuicios, acababa de decir una barbaridad, una estupidez. Después, me dijo: bueno Graciela, pero si insistes en tu idea te recomiendo que vayas con un experto, es un médico muy profesional que tiene muchos años especializándose en reproducción asistida, dile que vas de parte mía, haces una cita, en este momento alzó la mano y moviendo los dedos como simbolizando la aplicación de una jeringa hacia el cielo, prosiguió te insemina y ya está. El nombre del doctor es... No pude seguir escuchando. Salí del consultorio con la sensación de tener el sol en la cara, frente a mí, cegándome. Me preguntaba muchas cosas, muchas. Me dolieron otras tantas de las que dijo. Tener un hijo no es sólo vestirlo de marinerito. Ya lo sé, ya lo sé, por quién me toma? Pensaba en eso una y otra vez, marinerito!. El término me hacía gracia pero al mismo tiempo me llenaba de rabia, quién cree que soy?, una esnob?, una tonta?. Por qué dijo lo del trauma?, por qué necesariamente tiene que haber un trauma por ahí para no querer concebir un hijo con cualquiera?. Y luego dicen que la moral es la misma y se mantiene intacta a través del tiempo. No es cierto! Cuando yo crecí en los años 70 en los que transcurrió mi adolescencia, que una mujer fuera virgen y se conservara así hasta el día de su boda, era una virtud exigida no sólo por los hombres sino por la sociedad entera y supuestamente deseada por las mujeres, al menos, por las que se consideraban decentes. Si el matrimonio tardaba en llegar o no llegaba nunca, no había excepción o concesión a la regla, porque no era considerado un sacrificio ni una restricción o represión en la expresión de la sexualidad o en el desarrollo personal de las mujeres. Más bien, se consideraba como un valor preciado, un símbolo de honor y dignidad que había que preservar a toda costa. Pero pasa el tiempo y ya para los 24 Instituto Estatal de las Mujeres

20 Capítulo 2 Peregrinando años 90 las mujeres de edad adulta que se abstuvieran de tener relaciones sexuales empezaban a ser vistas con recelo, con desconfianza. Bromeando con mis amigas solteras pero asomando en ello mucho sobre la verdad de la época en que vivimos les digo que ya no se puede responder con tranquilidad a la pregunta de: Eres virgen? Cualquiera que sea la respuesta se sale perdiendo. Si se contesta sí, te convierten en una estúpida o en una rara, pero si la respuesta es no, te perciben como una mujer fácil que se enreda con cualquiera. Por otra parte, ni siquiera estaba totalmente segura de lo que quería hacer en relación con la procreación de un hijo. En realidad sólo buscaba mayor información, empezar a pensar con más seriedad en el asunto, pero... un monstruo? Estará exagerando verdad?, me preguntaba sin cesar. Pues él es el experto, me respondía. Caray, no había pensado en esa posibilidad, un monstruo?, un monstruo? Tampoco era tan desmesurado mi deseo de alcanzar la maternidad, al menos no en ese entonces, y quizá nunca, no como para correr un riesgo de esta naturaleza. Ni loca! El nombre del doctor que me recomendó, es el mismo del que yo había estado investigando desde tiempo atrás. Un médico al que le he estado siguiendo la pista por años. Lo que pasa es que desde muy joven, así como repetía la frase me case o no me case algún día tendré mi propia casa, también decía a voz batiente: si no encuentro al hombre de mi vida, me privaré de vivir en pareja, pero nunca de la maternidad. Por eso la alternativa de la procreación asistida no me era ajena y le daba seguimiento al tema y a quienes a ello se dedicaban desde los años ochenta. Es curioso, los niños me han gustado siempre, me fascina convivir con ellos e interactuar en su mundo, pero en realidad nunca tuve por meta casarme y formar una familia, por el contrario, mi meta era, al menos en ese entonces, ejercer mi profesión y demostrarme que podía labrarme un lugar en la sociedad por mí misma. Si así hubiese sido, es decir, si mi meta hubiese sido formar una familia, mi historia personal hubiese sido muy, pero muy distinta, simplemente porque las decisiones de aceptación o rechazo sobre mis pretendientes, también hubiesen sido otras diferentes a las que realicé, obvio resulta ver que fueron más rechazos y fracasos que aceptaciones. Creo más bien que mi resolución por no renunciar a la maternidad aún no alcanzando el estado civil de casada, se debía más bien a que me parecía injusto que una cosa estuviera supeditada a la otra. Me parecía y me lo sigue pareciendo aún, un doble castigo que sacrifica a las mujeres en su esencia misma. El problema es que, volviendo a las cuestiones de moralidad y principios, al menos de mi época, si no había matrimonio no debería haber relaciones íntimas y por lo mismo, la única alternativa que visualizaba como viable para alcanzar el objetivo, era la reproducción asistida. Dios mío, qué complicado! Gobierno del Estado de Nuevo León 25

21 Maternidad en singular Para colmo, estaba recordando que hacía poco había habido una gran manifestación frente al consultorio de ese especialista. Un grupo de señoras se reunieron y desplegaron pancartas y carteles en la calle frente al edificio donde se encuentra su consultorio, protestando porque ahí se practican procesos de reproducción asistida. Creo que el argumento era que, a juicio de ellas, este tipo de procedimientos va contra las leyes de Dios y de la Iglesia. Vi las fotos que publicaron en el reportaje que salió casi en primera plana, en el periódico más importante de la ciudad. Después de esto, me decía, cómo va a aceptar algún médico atender un caso como el mío? Siendo soltera, yendo en contra de los valores y normas de la sociedad, al menos los que esta sociedad ha establecido y con tantos ojos puestos encima de su trabajo profesional, mi conclusión fue que, sin lugar a dudas, el doctor no se arriesgaría y terminaría mandándome por un tubo. Debo reconocer que después de todo lo que dijo el ginecólogo y estas reflexiones, me sentía lastimada, confundida, con más dudas y preguntas que antes. No es el momento, me dije, por lo que comentó el doctor, quizá no lo será nunca. Además, pensé, todavía tengo tiempo, poco pero suficiente como para intentar encontrar la pareja con quién compartir la vida y procrear un hijo. La solución que proponía de cualquiera ni siquiera la tomé en cuenta. Estaba lejos de todo cuestionamiento, de toda alternativa. Eso simplemente no iba conmigo ni con mis principios, así que las opciones eran, o continuar la espera del príncipe azul soñado y que en realidad yo misma había demorado demasiado en concretarlo, o bien, renunciar a la posibilidad de tener un hijo. Sobre la base de lo que dijo el doctor terminé por llegar a la conclusión de que lo que había imaginado sobre la inseminación artificial era más ficción que posibilidad real, así que no me quedaba más que seguir adelante con mi vida; sin embargo, el proceso de depresión que había estado viviendo, también siguió su curso. En esa fecha todavía lloraba todos los días, bueno, en realidad eran todas las noches porque en el día no hacía más que trabajar intensamente. Sí, lloraba en el silencio absoluto de las noches de insomnio que me pasaba una tras otra, afuera de la casa, en la terraza, fumando, pensando, volviendo a llorar. 26 Instituto Estatal de las Mujeres

22 Capítulo 3 De la obscuridad a las sombras

23 Capítulo 3 De la obscuridad a las sombras Cuando cae la tarde, cuando llego a casa, cuando todo acaba, cuando aparezco yo. Cuando eso pasa, cuando no hay más habla, cuando me encuentro sola, cuando la obscuridad me alcanza, cuando al fin no hay nadie, cuando aparezco yo. Cuando quedo triste, cuando entro en calma, cuando el sol se oculta cuando la razón se aplaca cuando el sueño vence por fin, al fin!, desaparezco yo. Graciela Ríos Pasaron algunos años en los que, al menos aparentemente, me fui reconstruyendo, recuperándome de la dolorosa y larga enfermedad que llevó a la muerte a mamá y de mi incapacidad para aceptarla. Alcancé nuevos logros profesionales, hubo buenos avances y estabilidad en mi empresa y de esta forma fueron transcurriendo los días, los meses, algunos años, todos ellos sin mucho entusiasmo o ninguno, sin muchas ganas de vivir y con un equilibrio que se mecía en una monotonía y un hastío que me laceraban profundamente. Era como un estado de vacío permanente, una sensación de haberlo vivido ya todo sin nada más por descubrir, ni por entusiasmarme. Era como tener la impresión de haber cumplido con la misión de mi vida. No me iba mal, no había ya en ese entonces problemas insalvables, pero en mi interior me repetía constantemente: si este es el éxito, equivoqué la mira. Gobierno del Estado de Nuevo León 29

24 Maternidad en singular En esta condición, cada día tomaba más medicamentos: uno para la ansiedad, otro más para la depresión, algo para dormir y muchos para el malestar de cabeza. Después de un prolongado período de tensión por cuestiones de trabajo, empecé a sentir un ligero temblor sobre el párpado izquierdo. Era algo parecido a esa sensación que surge cuando se dice que entró aire al ojo. Sin embargo, empezó a preocuparme porque pasaron varias semanas y no se quitaba, por el contrario, ya se había hecho más constante, es decir, lo padecía todo el día, era más intenso y se había extendido hacia la sien. En eso me enteré de una conductora de televisión que sufrió repentinamente una severa parálisis facial cuando iniciaba un período vacacional y, con mi desbordante optimismo pensé que precisamente me pasaría lo mismo. Eso fue principalmente lo que me motivó a programar una cita con el neurólogo, uno que, por supuesto, ya me conocía. En mi peregrinar por los consultorios médicos él fue de los más visitados por la terrible migraña que sufrí tanto tiempo. Después de la revisión correspondiente, el médico me dijo que no era algo por qué alarmarse, que simplemente era cuestión de tensión y estrés, así que me recetó un par de pastillas diarias como relajante muscular. Me dijo que más o menos en un mes desaparecería la molestia y efectivamente así fue, aún antes de que se cumpliera el plazo, el tic del ojo desapareció totalmente, pero junto con él, la poca energía de vivir que tenía, se esfumó también. Pasé unos días terribles y curiosamente no comprendía bien a bien lo que ocurría. Dejé de asistir puntualmente al trabajo como lo había hecho por años, me costaba un enorme trabajo levantarme de la cama aún estando despierta desde hacía horas. No lograba acumular la fuerza suficiente para meterme a bañar y disponerme a salir ni siquiera de mi cuarto. Lloraba con una extraordinaria facilidad, incluso por cosas intrascendentes. Tenía una terrible dificultad para tomar decisiones, hasta para las más sencillas o pequeñas. Recuerdo por ejemplo, cuando me preguntaban lo qué quería cenar y me sentía agobiada al no encontrar la respuesta, se me hacía dificilísimo responder; si en realidad me daba lo mismo, no tenía una preferencia y ni siquiera sabía si tenía hambre. Pero era tanto el esfuerzo que implicaba decidir cualquier cosa que hasta se me llenaban los ojos lágrimas y de rabia por la impotencia. Pasaba del malhumor al llanto, del llanto a la ira y de ésta, a la vivencia de un sentimiento de profunda tristeza y desesperanza. En esas fechas regresé al neurólogo nuevamente pero ahora por dolores de cabeza, por los malditos ataques de migraña que no me dejaban un solo día en paz. Más tardé en sentarme para explicar lo que sentía cuando ya había roto en llanto. Le dije que no sabía qué me pasaba, que no podía controlarme, que me sucedía cada vez más seguido, que lo único que quería era morirme. 30 Instituto Estatal de las Mujeres

25 Capítulo 3 De la obscuridad a las sombras Me dio la impresión de que se asustó muchísimo porque de inmediato se paró hacia el teléfono y le marcó a un amigo suyo, un psiquiatra. Le dijo que me apreciaba mucho; que por favor, hiciera una concesión especial y que me atendiera en ese mismo instante, que se trataba de una emergencia. Estaban por dar las ocho de la noche. El psiquiatra aceptó y yo evidentemente, con mi incapacidad para tener alguna opinión simplemente me dejé llevar y dije que sí. Salí de un consultorio para trasladarme a otro. Ya estando con el psiquiatra me pidió que me acostara en un sillón y que le explicara qué me pasaba. El se ubicó en una silla que estaba detrás de mi cabeza, así que no podía verle el rostro. Dentro de la exploración salió el tema de los medicamentos. Me pidió que mencionara todos los que había tomado a lo largo de los años desde que había empezado con el problema de la depresión. No recordaba la lista completa, pero intenté empezar con aquellos que tenían que ver con los estados de ánimo, el sueño y la vigilia y dejé a un lado los que eran para cuestiones físicas. Me acuerdo que mencioné el mogadon, valium, halción, ativan, adepssique, tafil, dormicum, paxil, lexotan, rohypnol, numencial, stílnox, etcétera. Su tono de voz se hizo más intenso, quién te recetó todo esto?, me dijo. Le expliqué que como padecía de distintas cosas, cada doctor me iba prescribiendo algo para el insomnio, algo para la depresión, codeína para la migraña y bueno, después con una sola pastilla no dormía y empecé a tomar una y media y luego a encontrar que la combinación de algunas, como por ejemplo determinado ansiolítico con cierto hipnótico, me provocaban un sueño profundo, mientras que otra combinación me avivaban la tristeza o la melancolía. Es raro, pero ni aún en el momento en que le explicaba al terapeuta la forma de medicarme, relacioné que esto pudiera tener algo que ver, o mucho que ver, con mi problema depresivo. Incluso él fue quien me explicó que dado que yo tomaba al día por lo menos una pastilla para dormir y otra para la depresión, al darme el neurólogo dos pastillas más para controlar la tensión, me había llevado a un severo cuadro de depresión que catalogó como incapacitante incluso hasta para estudiar o trabajar. El psiquiatra me hizo sentir muy bien cuando dijo: Graciela, todo tu problema se basa en que has estado padeciendo una depresión mal tratada. Una depresión que al haber estado descuidada por años y aunado a haber estado tomando medicamentos muy fuertes, equivocados y en dosis incorrectas, se ha agravado todavía más. Siento que me tranquilizó porque hablaba de esperanza en una cura, de una posible mejoría; además, decir que la depresión estaba siendo atendida de manera equivocada, implícitamente hacía referencia a factores externos que influían sobre mí y no que algo mío interno estaba tan mal, que difícilmente podría hacer algo para salir de ese estado. Gobierno del Estado de Nuevo León 31

26 Maternidad en singular La verdad es que, estaba a punto de creer que me estaba volviendo loca. No le encontraba absolutamente ningún sentido a vivir y tenía tiempo con la idea de la muerte dando vueltas en mi cabeza de manera recurrente. Amanecía todos los días y en el momento de abrir los ojos sin proponérmelo pensaba no, otra vez no, otro día más, enorme de largo, terrible de aburrido, cuántas horas faltan para volver a dormir, cuántas horas en las que tengo que sostener mi existencia como una carga enorme que me asfixia. Me consideraba una máquina de hacer trabajo, de resolver problemas, de generar proyectos y nuevas actividades. Me sentía utilizada, esclavizada, agobiada, llena de hastío, de malhumor, envuelta en rutinas pasmosas, en actividades sin sentido. No tenía energía, esa energía vital que me pudiera mover por lo menos para disfrutar de un atardecer, de una velada, de un día de compras o de fiesta. Desde que mamá murió se me había hecho la vida larga, demasiado larga. El doctor me convidó a dejar todos los medicamentos que estaba tomando y me recetó otro que nunca había probado: tolvón. Me pidió que asistiera a consulta un par de veces por semana, con una duración de 50 minutos por sesión. Así lo hice. En muy poco tiempo empecé a sentirme mejor, notablemente mejor. Por lo menos el llanto espontáneo y frecuente había cesado. Recobré parte del control que había perdido para tomar algunas decisiones pequeñas en mi vida. Sin embargo, empecé a ver con más claridad algunas cosas, entre ellas la posibilidad más concreta de la muerte como fin a una cadena de sinsabores y monotonía. Era paradójico, mientras la gente me percibía como una persona de éxito, interesante, llena de entusiasmo y actividades, yo me sentía fracasada y desolada. Un día estando en un centro comercial en Estados Unidos, mientras mis amigas entraban y salían de las tiendas, yo me quedé sentada en una banca en medio de un largo pasillo. En realidad no tenía ganas de nada, ni siquiera de comprar cosas, me entretenía viendo pasar a la gente. Veía a un señor cargando a un niño sobre sus hombros; una señora acomodándole el moño del pelo a una de sus hijas; otra familia en la que padres e hijos comían helado, otros más con cajas de palomitas o sonriendo por la ocurrencia de alguno de ellos. Así pasaban unos y otros y me llamaba la atención que parecían pequeños núcleos humanos, clanes que se entendían entre sí bajo sus propias normas y sus propias costumbres. Veía a los adultos batallando, literalmente, con sus hijos, cargando sus cosas y las de ellos, consiguiéndoles zapatos, algún juguete o limpiando aquello que habían tirado por descuido. Ahí sentí como si una luz me iluminara la conciencia, como si me diera claridad en el proceso de pensamiento. De pronto, una fuerza me impulsó a decir: Eso es! Eso es lo que me falta, una familia, hacer, crear mi vida propia, mi clan, mi núcleo. Me falta alguien de quién ocuparme, por quién responsabilizarme, alguien que me importe y a quien pueda darle el amor y la ternura acumulada en mi interior. 32 Instituto Estatal de las Mujeres

27 Capítulo 3 De la obscuridad a las sombras Creo que fue justamente en ese momento en que la idea de tener un hijo se engendró en mi mente como una posible realidad. Con ella indudablemente surgieron mil inquietudes y una enorme incertidumbre. Había que ponerle punto final a todos esos años de angustia. Había que tomar una decisión y las alternativas eran claras: Vivir, pero al decidir hacerlo, tendría que darse con una esperanza, con una mejor calidad de vida; o bien, morir, y si así iba a terminar siendo, para qué prolongar más el fastidio y la pesadez de continuar en un mundo sin sentido. Gobierno del Estado de Nuevo León 33

28 Capítulo 4 De las sombras a la luz

29 Capítulo 4 De las sombras a la luz "Consideremos la vida como un proceso de elecciones sucesivas. En cada instante existe una elección progresiva o una elección regresiva. Podemos orientarnos hacia la defensa, la seguridad o el miedo. Pero, en el lado opuesto, está la opción de crecimiento. Elegir el crecimiento en lugar del miedo doce veces al día, significa avanzar doce veces al día hacia la autorrealización. La autorrealización es un proceso continuo". La personalidad creadora. Abraham Maslow Me cuesta admitir que la idea de la muerte me atraía. No quisiera jamás que un hijo mío pudiera tomar esta iniciativa, ni siquiera que la pensara. Para eso me he preparado, para evitarlo, porque haré lo que esté de mi parte para librar su historia de las marcas que en la mía dejaron huellas nefastas. Pero en ese entonces morir me parecía, contrario a lo que dicen, una forma de tomar el control sobre mi vida. De poner punto final a una sucesión de amargura y dolor que ya había llegado al hartazgo. Dicho de esta forma se puede pensar que la muerte de mamá fue la única causa que provocó mi depresión pero no es así. Quizá fue el disparador, el estímulo que desembocó un proceso de inestabilidad emocional. Quizá fue el darme cuenta de la persecución de absurdos que en lugar de acercar hacia la felicidad, alejan a cualquiera de sus posibilidades. No sentía culpa de nada -como he leído que a veces sucede cuando no se acepta la muerte de un ser querido-, mamá y yo teníamos una excelente relación en los últimos diez años de nuestra convivencia y le hice saber de mil maneras lo mucho que la amaba. Además, me sentía intensamente querida por ella. Por eso dolía su ausencia, porque recibir afecto, aliento, palabras de admiración y estímulo como las que me brindaba, me hacían falta, muchísima falta. Pero también me lastimaba lo que yo consideraba una injusticia de la vida. Alguien con la pasión por vivir que ella mostraba, con la lucha intensa por combatir su enfermedad, no merecía, desde mi perspectiva, morir, y menos con una agonía física y emocional tan larga. Ahora, después de muchísimos años comprendo que los que mueren, no lo hacen por merecimiento. Además, me hería la cantidad de nuevas realidades que vislumbraba. Tanto esforzarse, me cuestionaba, para terminar en cenizas y en un recuerdo del que nadie habla, del que nadie quiere saber nada. La reacción de mi familia y de la gente alrededor de nosotros me hizo pensar demasiadas cosas, ninguna grata. Qué triste que la gente quiera olvidarse no sólo de la muerte, sino también de la vida de quién se va. No sé por qué yo estaba convencida de dos cosas, una, que todos venimos a este mundo a cumplir una misión, un cometido específico, y la otra, que yo ya había cumplido el mío, que mi vida era un círculo completo, concluido. Gobierno del Estado de Nuevo León 37

30 Maternidad en singular Por eso la muerte parecía tentadora. Ya estaba cansada. Me abrumaba el hecho de tener que soportar una existencia no deseada. No me entretenía casi nada, ni el cine, la lectura, la música, ni los amigos, ni nada. Cerré cada vez más mi grupo social que ya de por sí era reducidísimo y, hacía sólo aquello que era estrictamente indispensable: bañarme, comer, trabajar. Ya no fumaba. Hacía varios años que había abandonado el vicio. Lo hice de un día para otro, después de estar fumando de forma exagerada. Resultó paradójico que cayera en cuenta de que era una forma lenta de suicidarme. Qué estás esperando, me dije, que te diga un doctor que tienes que dejar el cigarro porque ya tienes cáncer. Así es que decidí dejarlo de tajo. Ofrecí hacer la prueba primero por un día, y luego otro y otro y así, lo que aguantara. Empecé en 1994, un 7 de agosto, día en que cumpliría años mamá. Sería una especie de regalo simbólico ya que ella me lo había pedido algunas veces antes, pero nunca había podido ni siquiera intentarlo. Tuve una seria crisis de abstinencia durante las primeras semanas, pero la adicción me ha acompañado hasta la fecha. Me gustaba fumar y lo disfrutaba muchísimo, pero era una medida que tenía que tomar sobre todo si algún día deseaba embarazarme. Estaba convencida de que no sería capaz de inundar de humo a una criatura en mi vientre, ni hacerle correr los horrendos riesgos -que todos sabemos- que el cigarro provoca en un feto. Por eso hablo de lo contradictorio entre mis deseos y mis acciones. Si quería morirme, si acariciaba cada vez más frecuentemente la idea del suicidio, por qué cuidar mi salud, por qué dejar de fumar, por qué hacer cosas que me llevarían a mantenerme en este mundo, como la posibilidad de tener un hijo. Lo mismo pasó cuando me di cuenta de lo risible que era continuar con el miedo a volar en avión. Esta especie de fobia, junto con el miedo a las alturas, a quedar atrapada en un elevador, a manejar en carretera, etcétera, se acrecentaron muchísimo a raíz de la muerte de mamá. De pronto un día me di cuenta de que si el avión se caía, se cumpliría lo que había estado deseando y me ahorraría tener que tomar una medida personal. Era ridículo atemorizarse de morir si eso era lo deseado. En la claridad de esta paradoja, no volví a temer y logré además, percatarme de la gran cantidad de apegos que tenía, apegos que me provocaban miedo a que me pasara algo fatal, aún deseándolo. Fue así como descubrí que, al dejar de tener miedo a morir se deja también de tener miedo a vivir. 38 Instituto Estatal de las Mujeres

31 Capítulo 4 De las sombras a la luz Es decir, si realmente lo peor que le puede pasar a alguien es morirse y si a morir se le pierde el temor, entonces no se puede tener miedo a ninguna otra cosa que suceda, porque nada podría ser más grave que fallecer. Si ya estás preparada para abandonarlo todo, para perderlo todo, si nada de lo que hay te detiene, ni te ancla, ni te duele, por qué no vivir como última voluntad una que otra experiencia que falte para completar el círculo. Es muy tentador poder llegar a sentir lo que está pendiente, antes de dejarlo todo. Para tomar una buena decisión sobre vivir o morir, a mi juicio, había que tener la mayor cantidad de información posible y contemplar todas las alternativas disponibles. La posibilidad de una pareja para concebir un hijo, era, a mi juicio, lo más lejano que podía suceder. En estos años, los últimos tres pretendientes por ejemplo, me buscaban más porque ya les había llegado su hora para casarse y no porque realmente estuvieran enamorados. Ahora comprendo que eso representó una herida grave a mi ego personal, porque no era realmente a mí a la que elegían, bien hubiera podido ser cualquiera, como en realidad lo fue, ya que después de mi negativa, el tiempo en la elección de la siguiente posibilidad fue de escasos dos o tres meses. Uno de los muchachos inclusive, ni siquiera tenía un interés personal en casarse. Fue el Presidente del Consejo del grupo de las empresas para las que trabajaba, quien le sugirió que casarse era una señal de equilibrio emocional, que ofrecía un estado civil que incitaba a la búsqueda de la ambición del crecimiento personal y profesional y que brindaba también, la posibilidad de que los subordinados se sintieran comprendidos al ser dirigidos por alguien, que al igual que ellos, tenía responsabilidades dentro de un hogar. Le remarcó además, que para el grupo empresarial era difícil considerar como líder, a alguno de quien se pudiera tener dudas acerca de sus preferencias sexuales, y que el matrimonio, despejaba este tipo de sospechas. Qué ilusos!. Bajo esas circunstancias y mis propias necesidades y expectativas, me parecía ridículo aceptar una relación, un noviazgo y menos un matrimonio, ni siquiera para lograr con la aprobación social, el objetivo de la maternidad. Así fue como empecé a buscar información a través de internet de todo aquello que estuviese relacionado con los procesos de reproducción asistida, principalmente el de inseminación artificial, pues era el que yo consideraba sin ninguna base ahora me doy cuenta que sería el método viable en mi caso. Recuerdo haber estado largas horas por las noches leyendo y leyendo acerca de este tema, de todo lo recolectado había dos cosas que me inquietaron lo suficiente como para reconsiderar esa posibilidad. Gobierno del Estado de Nuevo León 39

32 Maternidad en singular La primera, que el proceso de inseminación artificial estaba tipificado en las leyes mexicanas, todavía en ese año de 1997, como no permitido en caso de mujeres solteras, argumentando que los hijos deben contar en su crecimiento, con la ventaja de vivir bajo el cuidado de una pareja estable. Ahora estamos en el año 2001 y leyendo el artículo de Gonzalo Moctezuma Barragán La reproducción asistida en México: un enfoque multidisciplinario, encuentro que se está planteando que se legislen estos procedimientos de la siguiente forma: Se propone que para realizar reproducción asistida deberán reunirse entre otros requisitos, que haya solicitud por escrito de una pareja heterosexual que requiera el tratamiento y esté unida en vínculo matrimonial, o que se mantenga estable y que haya convivido por lo menos durante los cinco años anteriores a dicha solicitud como si fueran cónyuges, siempre que ambos hayan permanecido y permanezcan libres de matrimonio, es decir, que se cumplan las reglas para el concubinato; que se haya comprobado que existe esterilidad en algunos de los miembros de la pareja solicitante del servicio; y que exista indicación médica. El otro aspecto que me daba vueltas y vueltas en la cabeza era que dentro de lo que investigué, la posibilidad de tener un embarazo múltiple llegaba a por lo menos el 37.5% y me pareció altísimo. Me daba pánico pensar que podría tocarme a mí esa probabilidad. Quería un hijo, es cierto, pero pensar en 3 o en 6 se me hacía una locura. El día que leí esta información, no pude dormir en toda la noche, y estuve a punto de desechar la idea de seguir adelante. Ya un poco más tranquila decidí armarme de valor y dar el primer paso a la búsqueda de información real. La única manera desde mi parecer, era una cita con el experto en concepción humana. Todo o casi todo dependería de él. De qué me servía seguir pensando en cosas si quizá, él se negaría a atenderme, así que, a buscar el teléfono y concretar un espacio. Fue precisamente en agosto de 1997 cuando me dieron la cita. Estaba muy nerviosa, no sabía bien a bien ni qué diría. No había comentado mis intenciones ni mis planes con nadie más que con un par de amigas. Me fui sola, no me hicieron esperar prácticamente nada y cuando llegó el momento y una asistente me pasó a su cubículo me senté frente al doctor. No podía verlo bien ni verlo demasiado tiempo a los ojos porque sentía miedo. La expresión de su rostro era seria; tenía las manos enlazadas sobre sus piernas; no se movía; me veía fijamente y a medida que yo hablaba fruncía más y más el ceño. Mostraba interés, pero al mismo tiempo lo sentía distante. Si cierro los ojos y evoco el momento veo tonos claros celestes, la ventana que está atrás de él mostraba espléndida una vista de la ciudad y el Cerro de la Silla. 40 Instituto Estatal de las Mujeres

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