El desafío de la marginalidad"


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1 Darcy Ribeiro El desafío de la marginalidad" En tanto millones de familias viven en condiciones económicas de existencia tales que su manera de vivir, sus intereses y su cultura las separen de los de otra clase y las sitúen, en una actitud hostil, ellas constituyen una clase. Una clase oprimida es la condición vital de toda sociedad fundada sobre la oposición de clases. La liberación de esta clase oprimida supone necea ariamente la creación de una nueva sociedad. C. MARX DARCY RIBEIRO es un antropólogo brasileño que se hizo conocido, primero, por sus estudios etnológicos sobre tribus indígenas de Brasil. Más tarde se dedicó a problemas educacionales y de organización universitaria y fue el primer Rector de la Universidad de Brasilia. Con motivo de su participación, en el gobierno Goulart como Ministro de Educación y Cultura y como Jefe de la Casa Civil de la Presidencia tuvo que exiliarse en 1964 luego del derrocamiento de aquel gobierno. Trabajó desde entonces en Uruguay, Venezuela y actualmente en Chile, como profesor investigador del Instituto de Estudios Internacionales. Dedícase ahora a completar su serie de Estudios de Antropología de la Civilización de la cual ya publicó en diversas lenguas las obras: El proceso tivílhatorio y Las Américas y la civilización. A éstas seguirá próximamente la edición de El dilema de América Latina por Siglo xxi, de México. I. PUEBLO, CLASE Y PODER El estudio de la estratificación social latinoamericana ofrece grandes dificultades porque no se cuenta con una tipología adecuada ni con análisis sistemáticos o con datos estadísticos que permitan enfocarla con precisión. El procedimiento usual de los estudiosos es proyectar sobre la realidad latinoamericana la tipología de las clases sociales co- *Este trabajo es parte de nuestro libro inédito: El dilema de América Latina: Estructuras de poder y fuerzas insurgentes, que próximamente editará Siglo xxi, México.

2 ESTUDIOS I N T E R N A C I O N A L E S rrespendientes a la Europa del siglo pasado, atribuyendo validez universal a aquellos esquemas. Se habla así de burguesía, proletariado, campesinado y hasta de lumpenproletariado para referirse a segmentos sociales específicos que sólo guardan alguna semejanza con aquéllos. De esa forma, en vez de quedar aclaradas, se esconden las verdaderas características de la estructura de clase de las sociedades latinoamericanas y se induce a la expectativa de que ciertas categorías habrán de representar aquí el papel histórico que sus símiles desempeñaron en otras partes. Es sabido que a cada formación económico-social corresponde una determinada estratificación social y que incluso dentro de una misma formación, en distintas etapas de.su cristalización, varían las clases sociales. Marx, por ejemplo, habla de distintas estratificaciones según analiza, la sociedad alemana o la francesa de su tiempo, porque ellas presentaban diferencias sustanciales en el grado de integración en las formas capitalistas de estratificación social. Con referencia a Alemania, Marx observa la presencia de cinco clases, a saber: la nobleza feudal, la burguesía, la pequeña burguesía, los obreros (agrícolas e industriales) y el campesinado (grande y pequeño, libre y servil). Respecto a la Francia de 1840, mencionaba 6 clases: latifundistas, burguesía (financiera, industrial y mercantil), pequeña burguesía, campesinos, proletariado y lumpen-proletariado. Es obvio que las diferencias tipológicas registran, en este caso, diferencias en las respectivas estructuras que Marx juzgó indispensable discriminar para comprender aquellas situaciones. Si esto ocurría respecto a esos países, con mucha más razón ocurriría en el caso de sociedades radicalmente distintas, como las latinoamericanas. Lenín se vio también en la contingencia de desarrollar una tipología especial para la Rusia del período revolucionario. Por eso discrimina, además de una aristocracia entonces prácticamente vencida, una burguesía (destinada a desaparecer), una tecnoburguesía (que sobreviviría), un proletariado (en nombre cíe cuyos intereses se estructuraría la nueva sociedad) y un campesinado de Kulaks (virtualmente opuesto al nuevo orden) y de campesinos medios y pobres (cuya alianza podría ser alcanzada por el proletariado). El análisis cíe cada situación concreta exigió de los clásicos del marxismo la elaboración de distintas tipologías que, registrando en cada momento histórico las configuraciones discernibles en la estratificación social, permitiesen diagnosticar sus oposiciones y sus complementariedades de intereses. Lo que estos y otros esquemas marxistas tienen de común es la noción de componentes diferenciados dentro

3 Darc), Ribeiro I El dcs> io de I. marginaiidad de las clases dominantes, representados en el caso de Europa por la aristocrada y poria burguesia; una oposicion antagonica entre clases dominantes y subordinadas, asi como Ia division de unas yon-as, en diversos segmentos, y la existencia de 'una clase oprimida cuya liberacion supone una revolucion social. En cualquier caso, traen implicita Ia necesidad de un estudio factual de las estratificaciones de clase que se cristaliza historicamente en cada situacion particular. La tipologia que utilizamos en este estuclio file elaborada con ese espiritu. Es dccil', en Iugar de trasponel a America, Latina esquemas desarrollados pord amuisis de distintas situacion:es historicas, buscamos elaborar una tipologia undacla en Ia o.bservacion de la realiclad y en el analisis de las. clases,,de Ameri<;aLat~na, a partir de Ia estratificadon social registrada en, las,metropolis ibericas y del estudio de sus transformaciones.posteriores',n uestra tipologia, aqui presentada en forma sumaria, no es mas que un esquema de trabajo. Con todo, la suponemos mas Util que las transjfbsieio.nes corrientes y tambien mas fiel al significado real.de la teo ria marxistade las' clases sociales. El diagrama siguiente procura reflejar los componentes fundamentales de la esu'atificaci6n social latinoiunericana tal como Ia vemos. AlIi desdoblamos la 'Oposiciou ]xisica entre clases dominantes y dominadas en cuatro estratos superpuestos. Para cada uno de elios inclicamos los componentes clistingnibles segun su posicion en el proceso producti"o y en las situaciones de poder, a fin de discernir la capacidad relativa para ejercer influencia sobre la sociedacl global de cada uno de estos conglomerados con intereses contrapuestos. Nuestro diagranla bnsca indicar, aclemas de los componentes de cada estrato, sus posiciones relativa~ Y SlIS interpenetraciones. Es pol' esoque en Ia cumb,re de la estratificacionsocial situamos las clases dominantes con sus 'rres cuerpos: el patronato y el estame'n to gerencial extl'anjero J ambos ejerciendo funci()nes de explotacion economica y el p'at1'iciaclo estatal y civil, cu)'o poder proviene principalmente del de~ sempeii'o de cargos.. Abajo, en Ia linea cruce entre las clases dominantes y las subaltern as, situamos a los sectotes intel'medios compuestos pol' un grupo de autonomos Eonnado por peqllenos empresari'os y pol' profesionales liberales y un grupo de dependientes constituido pol' funcionaros y empleados. Vienen a continuacion, las 'Clases subalternas constituidas pol' dos cuerpos. Elcampesinado que co.mprende los asalariad05 permanentes de las empresas agropastoriles modernizapas, los minifundistas y los aparceros (medianeros y terceros) que son microempresarios del campo, capaces de. firm.a.r contratos de an:endamientos de tierras yde [95 J

4 ESTUDIOS INTERNACIONALES Diagrama de la Estratificación Social Latinoamericana comercializar directamente su producción en el mercado local y los artesanos rurales. Y los operarios de las fábricas y de los servicios (transportes etc.), comprendiendo la mano de obra regular y estable de las empresas modernas, públicas y privadas, nacionales y extranjeras. La parte inferior y más amplia del rombo es el bolsón que abriga las clases oprimidas o infrabajas de los marginados, cuyo estudio es el principal objeto de este artículo. Las integran aquellas partes, a veces mayoritarias, de la población que tienen formas precarias e inestables de ocupación y viven en condiciones subhumanas de pobreza e ignorancia y de exclusión respecto a las instituciones nacionales. Su verdadero carácter es el de un contingente excedente en relación al sector modernizado del sistema ocupacional. Representantes de este estrato inferior de la estratificación social se encuentran distribuidos tanto en el campo como en la ciudad; en las áreas de antigua ocupación deterioradas y renovadas y en las nuevas, como pioneros de las fronteras de expansión agrícola y pastoril en regiones aún despobladas. En las ciudades están representados, entre otros, por los "changadores", vendedores ambulantes, cargadores, jornaleros de servicios eventuales y subalternos, obreros esporádicos de empresas precarias, sin empleo fijo, ni sindicato, y por las empleadas domésticas, lavanderas, [96]

5 Darcy Ribeiro I BI d a! o d. la mnrginalidnd prostitutas pobres y mendigos. En las zohas rurales comprenden 10.5 trashumantes 0 trabajadores estacionales que s6lo consiguen oc1.lpaci6n remunel'ada durante algunos meses <11 ano, para 10 (:ual son transportados a gran des distancias y dedicados a Ia tala de arboles4 limpieza de los campos, siembra y cosecha. POl' sus precarias cqndiciones de vida, caben asimismo en esta categoria, los trabajadores de inclusu'ias extractivas, tales como las colonias de pesca basad as en tecni, cas l'uclimentarias, las minerias garim1j05 y tambien. quienes' lab~o, ran en las salinas y en la recolecci6n de procluctos forestales como cl callcho, las fibras y maderas rants, las esp-ecias, las nueces silvestr.es,. etc. Pa ll'ones (~e,.iqueza y pob"ez(l. EI monto poblacional y los niveles de renta de los diversos comp,o?entes de estos estratos son los mils' contrastantes. Aunque resulta imposible una cuantificacion precisa de los mismos, existen evaluaciones que permiten un calculo apl'oximaclo pol' 1o menos con respecto ala poblacion brasilefia. Estudios de Celsa Furtado (1968) Y de Luciano lviar. tins (1968) indican que en Ia estratificaci6n social de BrasilIa cabeza Repl'esentaci6n de las closes sociales par niveles de renta (f) W I Z...: z 51 8 lil Ul u MARGINADOS POBLACJON [97]

6 ESTUDIOS INTERNACIONALES del sistema formada por las clases dominantes con sus componentes patronal, gerencial y patricial engloba cerca del 1% de la población y absorbe cerca del 30% de la renta nacional. El cuello compuesto por los sectores intermedios comprende aproximadamente el 9% de la población y absorbe el 20% de las rentas. Las clases subalternas que comprenden los contingentes de obreros y campesinos integrados al sistema económico, engloban posiblemente el 30% de la población y el 30% de la renta. Y en fin, los sectores marginados abarcan cerca del 60% de la población y absorben el 20% de la renta total. Los datos divulgados por Furtado y por Martins permiten verificar que los 900 mil brasileños del tope se apropian de una porción de la renta generada, una vez y media mayor que la de los sectores infrabajos de los marginados que suman 54 millones de habitantes. Otra evaluación hecha por María da Conceicjío Tavares y José Serra (1971) reproducida en el cuadro siguiente, confirma aquellas apreciaciones. Demuestra que, de 1960 a 1971, aumentaron enormemente las diferencias de ingreso en favor de los superricos cuya renta anual per capita saltó de a dólares, mientras la de los 'sectores subalternos se mantuvo estacionaria (200 dólares) y la de los marginados deterioró en términos relativos: 90 a 100 dólares per capita al año. Apreciados en términos de capacidad adquisitiva, esos números indican que los tres estratos superiores, correspondientes al 20% de la población que constituye el mercado moderno, experimentaron un aumento de cerca de doce mil millones de dólares en su renta anual entre 1960 y 1970, mientras que los 80% restantes tuvieron, en el mismo período, un aumento de tres mil millones de dólares a ser dividido entre 75 millones de personas. Estos estratos forman, como se ve, dos mercados distintos; uno de ellos minoritario, pero con elevado nivel de consumo, proveído por la industria moderna productora de bienes suntuarios que ocupa los sectores más calificados y mejor remunerados de la fuerza de trabajo. El otro, mayoritario, pero muy pobre, suplido por empresas anticuadas de baja rentabilidad que ocupan trabajadores menos calificados, pagan sueldos irrisorios y raramente les aseguran las prestaciones sociales estatuidas por la ley. Uno y otro' hacen parte de un sistema social único porque organizan la producción y el consumo de una misma población, enmarcada dentro de la estratificación de clases de una misma sociedad, y también porque los lucros generados en el sector más pobre se' filtran hacia el superior, contribuyendo a su expansión. Esta estructura socioeconómica que cía lugar a los mayores contras- T9S1

7 Darcy Ribeiro j El desafío de la marginalídad tes de riqueza y pobreza no constituye una novedad. Apenas reitera, en términos modernos, una característica básica de las economías dependientes generadas en el curso de procesos de incorporación histórica: la de ser capaz de crear y expandir empresas prodigiosamente prósperas, pero incapaces de generalizar esa prosperidad a toda la población, lo que da lugar a sociedades crudamente desigualitarias. Lo que tiene de nuevo esa estructura es la característica de tecnificarse a través de un núcleo moderno y dinámico el cual, al no necesitar ocupar toda la mano de obra puesta a su disposición, marginal la mayor parte de ella. En el pasado, la fuerza de trabajo en su calidad de proletariado externo productor de géneros alimenticios o materias primas para mercados metropolitanos estuvo siempre ocupada, excepto en los períodos de crisis o de transición de uno a otro tipo de producción. Fuera de esos períodos, requería el aflujo constante de nuevos contingentes de esclavos y después de inmigrantes porque consumía más gente de la que generaba internamente. Guando la fuerza de trabajo además de las funciones de un proletariado externo que subsisten hasta hoy aunque comparativamente reducidas pasó a ejercer el papel de un proletariado nacional productor de bienes antes importados y de nuevos bienes para el mercado- interno a través de procedimientos crecientemente mecanizados, se desencadena un proceso de desagregación que va tornando dispensable el aporte de la mayor parte de la mano de obra para el esfuerzo productivo. Los contingentes no integrados en la matriz 'productiva principal se ven así marginados hasta llegar a la condición de masa excedente. Concepto de marginalidad Fenómenos semejantes de marginalización de la fuerza de trabajo ocurrieron en fases históricas correspondientes a la que hoy vivimos del proceso de industrialización en las sociedades que crecieron por aceleración evolutiva o desarrollo autónomo. En aquellos casos sin embargo, se configuraron como "ejércitos industriales de reserva", como "superpoblación relativa" o como "lumpen-proletariado" (C. Marx, 'El Capital, cap. vin, xm y xxm). En el primer caso, la masa de desocupados cumplía la función de comprimir los sueldos por ser una oferta permanente de mano de obra. En el segundo caso, las poblaciones sobrantes fueron forzadas a inmigrar a ultramar donde constituyeron los "pueblos trasplantados". En el tercer caso, tratábase aparentemente cíe un contingente desarraigado, entregado a una vida azarosa muy [99]

8 ESTUDIOS INTERNACIONALES BRASIL 1960/1970 DISTRIBUCIÓN PROBABLE DEL INGRESO NACIONAL ENTRE LOS DIVERSOS Población (miles) ESTRATOS DE LA POBLACIÓN 1960 Ingreso us per capíta «Población (miles) 1970 Ingresos us$ per cdpita «Super alta Alta Media Baja Infra-baja ,5 15,0 12, ,0 Fuente: María da Conceigao Tavares y José Serra, próxima a la criminalidad que fue siendo reducido numéricamente en la medida en que el sistema lograba integrar la mayoría de la población en las actividades productivas. En los tres casos se trataba de los 'efectos traumatizantes de una renovación en los procesos productivos y de la consecuente reubicación de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, el sistema disponía de mecanismos auto correctivos para controlar esos efectos. Las masas marginadas de las economías dependientes, generadas por la incorporación histórica o modernización refleja, configuran un caso aparte. Aunque sufran, en condiciones todavía más graves, los efectos traumatizantes de la renovación de las actividades productivas, no se benefician de aquellos mecanismos autocorrectivos. Ellas no son "ejércitos de reserva" porque no llegaron a ser reclutadas en la fuerza de trabajo de la matriz tecnificada del sistema, y no tienen perspectiva alguna.de ser absorbidas mientras prevalezca la ordenación social vigente. No son también un "lumpen-proletariado", aunque existan dentro de las masas marginadas grandes contingentes de vagos degradados por las condiciones de existencia a que son sometidos. Tampoco forman "superpoblación relativa" porque no se les ofrece cualquier oportunidad de inmigración masiva. Y sobre todo porque, en ese caso, difícilmente se podría hablar- de un excedente de población debido a una desproporción entre la masa de habitantes y los recursos necesarios,a la -sobrevivencia, explotables según la tecnología disponible dentro del.sistema socioeconómico vigente. [100]

9 Darcy Ribelro / El desafío de la marginalidad Sin embargo, su situación se aproxima más a la aludida por el concepto de "superpoblación relativa" que al de "ejército industrial de reserva", Hasta se puede decir que constituyen una exacerbación de esta condición que pone en evidencia la contradicción clasista entre los intereses de la población y los de las clases dominantes. En efecto, al formar la mayoría de la población de países escasamente poblados que disponen de enormes áreas de auto colonización, su marginalidad no es producto de un desequilibrio entre el tamaño de la población y los recursos disponibles, sino de una contradicción entre los intereses populares y los de la ordenación social regida por una minoría privilegiada. Esta situación se creó porque jamás ocurrió en América Latina una verdadera ruptura con la dependencia y, por lo tanto, con la condición de proletariado externo de su fuerza de trabajo, que trajera aparejada una reordenación social que lo configurara como un pueblo que existe para sí. En esas circunstancias, a las deformaciones sociales provenientes del período colonial se sumaron nuevos factores traumatizantes acarreados por la modernización refleja de los sectores productivos, por medio de la nueva incorporación histórica realizada a través de la industrialización recolonizadora. O sea, las clases dominantes, al renovar el sistema productivo de acuerdo con sus intereses de asociados internos de la dependencia externa acabaron por crear y consolidar una estructura socioeconómica tanto o más hostil a la mayoría de la población, que la estructura colonial. En sus desdoblamientos más recientes, ya en el cuerpo de la civilización emergente, ese proceso genera más marginados que integrados, más subempleo y desempleo que condiciones estables de trabajo por excluir crecientes porciones de la fuerza de trabajo del sistema modernizado de producción y de consumo. En consecuencia, condena la mayoría de la población a una existencia miserable y humillante que corresponde a su posición regular en la estructura socioeconómica y en la estratificación social, configurando la clase oprimida a que se refiere Marx. Tales son las masas marginadas. Ellas parecen sobrevivir por milagro. Nadie se explica cómo subsisten económicamente con la renta que perciben. Las tasas de mortalidad infantil y general que experimentan son pavorosas y el hambre crónica que padecen es evidente para todos. Sobreviven, no obstante, y más aún, crecen, tanto en números absolutos como en porcentaje sobre la población total. Esta capacidad de subsistir se debe en parte a las propias características de las regiones tropicales que por no exigir vivienda defendida contra el [101]

10 ESTUDIOS INTERNACIONALES frío, ni ropas que abriguen, ni zapatos, ni una alimentación especialmente rica en proteínas, permiten la subsistencia en condiciones de penuria extremada que serían fatales en otros climas. Mas no explica totalmente la causa de esto, incluso porque existen contingentes marginados en países de clima templado, como Chile, Argentina y Uruguay. En las áreas rurales las masas marginadas se concentran principalmente en los núcleos económicamente decadentes, sumergidos en un enfeudamiento regresivo y en las áreas de minifundio atomizado, donde sobreviven en base a una economía natural. La tecniñcación de las actividades agrícolas y la constante incorporación de tierras al sistema productivo moderno las van expulsando progresivamente hacia los alrededores de las villas y pequeñas ciudades. Allí se concentran en comunidades detritarias formadas sobre todo por trabajadores "trashumantes" donde, en verdad, quienes viven permanentemente son los viejos ya desgastados en labores de las haciendas y los niños dejados atrás por los padres que salen en busca de trabajo. Subsisten, principalmente, a costa de expedientes precarios tales como la eventualidad de un trabajo ocasional de limpieza a cambio de un plato de comida; la remesa esporádica de recursos por parientes que están empleados en las ciudades; las más penosas formas de mendicidad y prostitución. La leche en polvo distribuida gratuitamente por instituciones oficiales o privadas de caridad y la sopa dada a los niños en las escuelas públicas tiene enorme importancia para esta población, por ser, muchas veces, la comida más sustancial con que cuentan. En las ciudades, la mayoría de los marginados sobrevive a través de mil modalidades de interacción económica que establecen entre sí y con los integrados al sistema. Entre sí, en tareas simples como la construcción de sus precarios ranchos que constituyen, no obstante, la única arquitectura que atiende de hecho a la mayoría de la población; en el trabajo eventual en microempresas que producen y venden la ropa que usan, los artículos alimenticios que consumen y algunas manufacturas que sólo se venden en el mercado de los marginados. En su interacción con los integrados en la matriz del sistema, las relaciones económicas se establecen a través del alistamiento de los hombres en los sectores menos calificados y peor pagados de la fuerza de trabajo como son los asalariados de pequeñas industrias anticuadas, de empresas artesanales y de talleres de reparación; como los obreros de la construcción civil, los vendedores ambulantes, los cargadores eventuales, los jornaleros o peones para cualquier servicio subalterno. Las mujeres se alistan principalmente como empleadas domésticas, lavanderas, costu- [102]

11 Darcy Ribeiro / El desafío de la raarginalidatl reras pobres o se dedican a la prostitución. Los niños trabajan como pequeños limpiabotas, vendedores de diarios, de frutas, comidas o dulces caseros y otros artículos de fácil colocación. Los viejos se ocupan también en el mi ero comer ció urbano como vendedores ambulantes, recolectores de botellas, de papel usado, o en la limpieza y vigilancia de carros, en la mendicidad y en el rastreo de la basura; se alistan en el comercio precarísimo de las mismas áreas marginales donde se vende y se cambia toda suerte de desechos; y aún plantan microconucos y crían gallinas, chivos y cerdos, o fabrican pequeños objetos artesanales en los barrios lejanos donde se alojan. Aunque la extrema misei'ia sea la condición existencial de las masas marginadas, también entre ellas se observa cierta estratificación de rentas que permite, a algunos, contar con una suma un. poco mayor de recursos, provenientes de migajas sacadas de los demás. Así es como en las aglomeraciones de marginados vemos algunos tipos que exhiben patrones de consumo algo más altos. Esto se explica'por la referida jerarquizacióu interna y por otros factores tales como los resultantes de la propia anomia en que están sumidos. Al no estar organizados en familias "regulares" sino en unidades matricéntricas formadas en torno de mujeres que tienen hijos de maridos sucesivos; ni estar en el deber de distribuir sus escasas rentas para atender a preocupaciones por mantener las apariencias en cuanto a la vivienda, la ropa o los gastos de la educación y la salud de los hijos, pueden proporcionarse la adquisición "suntuaria" de radios, relojes e incluso televisores y refrigeradores, casi siempre de segunda mano, posesiones que contrastan visiblemente con la falta en sus ranchos de muebles o de utensilios para cocinar y comer. La posesión de aquellos bienes hiere duramente la sensibilidad de la clase media y confirma sus estereotipos acerca de las capas marginadas a quienes ven como reductos de criminales, ladrones, prostitutas y vagos que se dan lujo y confort desproporcionados. Participación política Las disparidades no podrían ser mayores, sobre todo entre las situaciones de vida de una pequeña minoría superprivilegiada y de la inmensa mayoría marginada. Es evidente que tal desigualdad sólo puede ser mantenida porque fue generada a lo largo de siglos por el sistema y tiene la capacidad de persistencia peculiar de los productos históricos. Y especialmente porque los sectores desheredados están estrictamente subordinados a una ordenación social armada de fuerzas represivas que mantienen intocada 3a estructura social. En estas circunstancias, la na- [103]

12 ESTUDIOS INTERNACIONALES cióri no llega a ser el cuadro dentro del cual se cumple el destino cíe todos sus miembros y en cuya ordenación cada sector ejerce cierta influencia, sino un reducto de privilegiados defendidos por una estructura de poder que se impone a todos y que se empeña en no abrirse jamás al examen, a-la crítica y a la reformulación. En consecuencia, más desigualitaría que la distribución económica es la distribución del poder, o.sea, el grado de influencia de cada sector estructural en la toma de decisiones que afectan el destino común. 'Esta estructura de poder debe, por ello, ser caracterizada como una dominación oligárquica que opera a través de una ordenación sociopolítica regida por las clases dominantes' (a través de sus élites dirigentes)., que-impone la supremacia.de sus intereses a todos los demás sectores. Tal dominio es compartido, en cierta medida, por los sectores intermedios que actúan como un resorte entre las clases dominantes y las.dominadas. Y se asienta sobre estas.últimas formadas:por las clases subalternas de "obreros y campesinos integrados y subordinados al sistema,: aunque crudamente explotados y por el bolsón de las capas infrabajas los marginados del sistema que constituyen de hedió, las clases oprimidas. Por carecer de modos, para superar la condición de masa -^ni si quiera, para alcanzar las formas más elementales de organización interna en defensa cíe sus intereses estos contingentes marginados no llegan a/constituir parte del pueblo como entidad política. Son-por esto las clases virtualmente insurgentes contra un sistema institucional en el cual no tienen lugar ni papel. Examinando esta estructura social en el plano político, se observa que dentro de la clase dominante pueden distinguirse un contenido patronal y otro patricial que, aunque se disputan la distribución de la riqueza- y del poder, están acordes en la defensa del régimen y se contraponen'monolíticamente a los demás estratos sociales. Ambos actúan en estrecha'asociación con el estamento gerencia! extranjero que es, como veremos, el componente nías dinámico de las clases dominantes y su sector predominante. ' ' Los sectores intermedios se oponen más a los estratos inferiores que a los-superiores, sin identificarse netamente con ninguno de ellos. Los caracteriza una conducta ambivalente de gente que espera ascender (o'.al menos representar) al estado1 de la capa dominante, pero que se siente frustrada a causa del rechaza de sus reiterados esfuerzos por alcanzar o ver reconocidas aquellas pretensiones. La propia posición intersticial de los sectores intermedios situados entre las clases dominantes y las subalternas trae aparejada las" dos características responsables-por stí'conducta política. Primero, la ambivalencia desintereses [104]

13 Darcy Ribeiro / El desafío de la margínalidad que algunas veces se confunden con los de las capas altas y otras con los de las inferiores. Segundo, su composición social heterogénea; - En efecto, las clases dominantes tienen una homogeneidad interna que sobrepasa las diferencias de riqueza y de prestigio permitiendo que sus miembros se identifiquen fácilmente los unos a los otros. Las clases subalternas y las oprimidas tienen también, en sus respectivos niveles, cierta homogeneidad que a cada una de ellas permite reconocer sus integrantes sin posibilidad de error. No ocurre lo mismo con respecto a los sectores intermedios que engloban personas de las más vanadas condiciones sociales. Entre sus miembros se incluye desde la alta burocracia pública hasta los humildes empleados de empresas privadas; desde profesionales liberales prósperos hasta modestos trabajadores autónomos, además de la amplia escala que va desde los pequeños empresarios enriquecidos a la lumpen~burgiiesía del micro comercio de las áreas marginadas. Aquella ambigüedad de intereses y esta heterogeneidad de condiciones no permiten tratar a los sectores intermedios como una clase social, sino más bien como1 un extracto intersticial tendiente a actuar políticamente en las formas más contradictorias. Es decir, servir de sostén a movimientos y organizaciones opuestas y actuar, ya como agentes de represión más odiosa, o también, con frecuencia, como revolucionarios radicales y consecuentes. Estas características contradictorias inspiraron toda una sociología conformista que busca transferir a ciertos sectores intermedios en tanto que agentes de la modernización y aspirantes a la ascensión social a través de mecanismos de tamización por mérito el papel protagónico atribuido por los marxistas al proletariado. Ese papel no sería naturalmente el de hacer la revolución social, sino el de consolidar el sistema capitalista mediante la implantación de regímenes republicanos con amplias bases cíe participación popular. ' Aunque a su pesar, los sectores intermedios actúan casi siempre como fuerza de sustentación del statu quo. Eventualmente se alian a grupos políticos de carácter progresista, identificados con los intereses nacionales e incluso con los de las capas subalternas (operarios y campesinado), siempre que no corran el riesgo de ser confundidos con ellas. De un modo general, propenden a identificarse con los partidos patriciales y también con los populistas porque vén en la política, de modo muy realista, un mecanismo de asceiuíón social como clientela de algún poderoso distribuidor de favores públicos. También en este aspecto el sector intermedio es ambiguo porque, sintiéndose frustrado en sus esperanzas fie integrar alguna clientela [105]

14 ESTUDIOS I N T E R N A C I O N A L E S patricial o populista, se adhiere en forma oportunista a gobiernos autocráticos que la atraen con promesas de adopción de criterios de mérito para el reclutamiento de los funcionarios públicos, o manifestando la disposición de disciplinar las clases subalternas. Su preocupación permanente es calificar sus hijos, a través de la educación contando realizar por medio cíe ellos sus aspiraciones de ascenso social. Las clases subalternas de obreros y campesinos, comprimidas entre el sector intermedio y el infr abajo de los marginados, tienden también a una conducta pendular, marcada por sus ilusiones de ascender socialmente y por el temor de sumergirse en la marginalidad de la cual muchos de sus miembros escaparon recientemente. El operario, sin embargo, es más consecuente en su actuación política, basada en una actitud francamente antipatricial que consigue expresar porque, viviendo en las ciudades, no está sujeto al control electoral del patronaje. Tiende a apoyar la política sindical de los líderes reformistas o, de preferencia, la de los gobiernos autocráticos siempre que éstos prometan alguna equidad frente a los patrones y alguna satisfacción inmediata a sus reivindicaciones económicas. El campesino y el asalariado agrícola, por sus condiciones de vida y de trabajo, se diferencian uno del otro como tipos sociales y como perfiles sicológicos. El primero se aproxima al artesano debido a su relativa autonomía; el segundo, al obrero fabril, por su sujeción a una estructura más amplia. El campesino, en la calidad de propietario de un minifundio, arrendatario, aparcero o miembro de una entidad comunal opera en grupos familiares cuyo objeto es, en esencia, asegurar su propia subsistencia. En base a un mínimo de división de trabajo, produce para su consumo y negocia él mismo, el menguado excedente que lleva al mercado. El asalariado agrícola integra un contingente de trabajadores contratado por una empresa cuyo objeto es obtener ganancias a través de la producción de mercancías. Operando sobre la base de sistemas complejos de división del trabajo, cada trabajador sólo contribuye parcialmente a la obtención del producto. El campesino es, en consecuencia, más individualista, mientras que el asalariado agrícola desarrolla mayor espíritu de sociabilidad y una clara noción de la mutualidad de sus intereses como categoría social diferenciada. Uno y otro están integrados en el sistema: el asalariado, agrícola por su incorporación a la fuerza de trabajo permanente de las haciendas; el campesino porque, teniendo acceso a la tierra como minifundista o arrendatario puede proveer sus sencillas necesidades a través de una economía de subsistencia, excéntrica a la agricultura [106]

15 Darcy Ríbeiro / El desafío de la margmalidad comercial, pero que le ofrece un mínimo de excedentes para la venta. En virtud de estas escasas, pero significativas ventajas, ambos escapan a la condición de marginalidad. Como1 se ve, el campesino no pertenece a lu categoría de "trabajador libre" sino a la de microagente económico autónomo. Esa autonomía, sin embargo, lo convierte en una fuente de mano de obra barata porque puede subsistir por sí misma, y de la cual los empresarios agrícolas siempre disponen cuando1 necesitan de braceros. Por eso los dejan sobrevivir como apéndices de las grandes haciendas. La combinación de esta autonomía precarísima con la eventualidad de un trabajo remunerado perpetúa las condiciones de vida del campesino y del asalariado agrícola. Al primero no le brinda la posibilidad de incorporarse a los contingentes de trabajadores permanentes de las haciendas porque éstas no pueden absorberlos. Al segundo lo relega a un patrón de extrema miseria porque cada vez que la economía necesita de más mano de obra, cuenta con aquella reserva temporalmente movilízable. El campesino y el asalariado rural sólo se proletarizan cuando caen en la condición de marginalidad. Es decir, cuando despojado uno de tierras propias o arrendadas, o despedido el otro de su empleo regular, pasan a ensanchar las amplias capas de trabajadores volantes, transformados en excedentes con relación al sistema. La conducta política del campesinado, aunque no lo quiera, es intrínsecamente conservadora en razón de sus condiciones de existencia. Los asalariados agrícolas, a pesar de estar tan atentos como el operario urbano en lo referente a sus reivindicaciones salariales, se ven reducidos a la apatía debido1 a su total dependencia frente a los capataces de las haciendas, cuyo poder despótico sobre sus empleos, sus viviendas, sus familias y hasta sus propias vidas, representa una constante amenaza de marginalización. Peor aún es la situación de los aparceros, cuya dependencia es absoluta respecto a los patrones que les arriendan las tierras, de cuyo amparo necesitan vitalmente para disponer de relativa autonomía y guardar un mínimo1 de dignidad frente a las arbiti'ariedades de los capataces y de la policía. Por estas mismas razones es que los asalariados agrícolas y los campesinos, que constituyen la mayoría del electorado del campo, garantizan las votaciones masivas cíe los partidos patriciales e incluso1 de los grupos más reaccionarios de esos partidos. Actúan, paradójicamente, como el sustentáculo y la base de la legitimación de la república hacendada, de la cual son víctimas más directas. Los enormes contingentes marginados del campo y de la ciudad, [107]

16 ESTUDIOS INTERNACIONALES generalmente analfabetos, no alcanzan las condiciones mínimas exigidas en la mayoría de las naciones latinoamericanas para el ejercicio de la ciudadanía a través de la calificación como electores, por lo que no participan de la vida política, en la medida en que ésta se realiza por medio de elecciones. Participan, sin embargo, activamente, en ciertas circunstancias especiales. Es el caso de las manifestaciones de apoyo a líderazgos autocríticos-paternalistas para las cuales estas masas son a veces alistadas por agentes gubernamentales. Es el caso, también, de las bandas de saqueadores que actúan en los raros momentos en que se quebranta, episódicamente, el orden social. Otras formas de participación política de las capas marginadas son las insurrecciones mesiánicas o los cultos fanáticos en que expresan, en un lenguaje religioso arcaico, su rebelión contra la existencia que les imponen. Trátase, en todos los casos, de formas extralegales y no institucionalizadas de participación, encaradas como graves amotinaciones y frecuentemente reprimidas con violencia. Presión y opresión Donde persisten gobiernos constitucionales y un mínimo de garantías democráticas, tanto las clases dominantes como en menor grado los sectores intermedios y en proporción todavía menor, las clases subalternas (pero no las oprimidas) cuentan con organismos más o menos poderosos de presión sobre el poder público. Las clases dominantes, por medio de sus cuerpos patriciales, elaboran las directrices políticas de gobierno a través de un sistema de interacción de los partidos, los círculos militares, la representación de instituciones clasistas, eclesiásticas, judiciales, etc. Por medio de sus cuerpos patronales influyen decisivamente en la formulación de las directrices del sistema y dictan la- política económica y financiera. Sus órganos representativos son las poderosas asociaciones clasistas defensoras dé los intereses-'rurales, las bancarias, las comerciales y las industriales; así como la" gran prensa, la radio, la televisión, rígidamente controlados por el patronato. Algunos cuerpos diferenciados del patriciado, tales como las eminencias de la magistratura, de la universidad, de la intelectualidad oficial y las celebridades artísticas y deportivas cuentan también con órganos y mecanismos propios de presión. Operan, con todo, dentro de límites estrechos, porque no tienen poder para influir en el régimen en sí y porque no aspiran más que a privilegios, favores y dignificaciones de orden personal. Los'sectores intermedios cuentan con una multiplicidad de asocia- [108]

17 Darcy Ribeíra / El desafío de la margínalidad ciones gremiales y de colegios profesionales atentos a los intereses de su clientela política y a la.defensa de sus prerrogativas. Eventualmente asumen posición respecto a los problemas generales referentes al destino nacional. Sin embargo/temerosos de sufrir represalias, raramente manifiestan hostilidad a las autoridades constituidas, a no ser cuando las clases dominantes los movilizan, mediante costosas campañas publicitarias, contra gobiernos progresistas acusados de izquíerdismo. Las clases subalternas, pese a estar vitalmente interesadas en la dinámica del régimen, tienen muy pocas posibilidades de influir en la fijación de sus directrices. El operario en general cuenta con organizaciones sindicales que además de la defensa de las reivindicaciones específicas de cada categoría profesional, cumple funciones intermedias ante los gobiernos en la discusión de la política salarial y para agenciar el apoyo a los partidos reformistas. Su única función reconocida, sin embargo, es la conducción y conciliación de los conflictos de clase, por lo que provocan las reacciones más hostiles pulparte de las capas dominantes cuando se permiten extralimitarse en esa función, emitiendo1 pronunciamientos políticos, tal como lo hacen habitualmente las asociaciones patronales con la complacencia del gobierno. El campesinado raramente dispone de organizaciones propias para la defensa de sus intereses y, cuando existen, son asociaciones de carácter más mutualista que sindical. Esta carencia se debe tanto a prohibiciones formales, cuanto al temor de los asalariados rurales y campesinos de que la identificación con cualquier órgano hostil a los señoríos hacendados, les pueda causar más daño que beneficios. Sin embargo, donde prevalecen gobiernos populistas y reformistas, el campesinado se organiza en ligas y sindicatos. Las primeras congregan principalmente aparceros y propietarios de minifundios polarizados por su reivindicación básica que es el acceso a la tierra; los últimos, reúnen asalariados agrícolas para la defensa de reclamos salaríales. En los dos casos surgen liderazgos opuestos a los caudillos locales y a los políticos patriarcales, los cuales, en los regímenes tradicionales, intermedian las relaciones del campesinado con los poderes públicos. Estos.nuevos liderazgos provenientes de las ciudades que surgen con las ligas campesinas y los sindicatos rurales vinculan el movimiento campesino a las izquierdas confiriéndoles un carácter radical reformista. El efecto de esa vinculación se hace sentir prontamente por el ascenso de las luchas campesinas que reivindican mejores salarios, a [109]

18 ESTUDIOS INTERNACIONALES través de huelgas; y la reforma agraria a través de invasiones de tierras, provocando una reacción hostil inmediata. Todos los agentes del orden sienten ensancharse la brecha que, a cierta altura, puede forzar tensiones estructurales y desembocar en una insurrección popular generalizada. Sobreviene, como ocurrió hace pocos años en Brasil, un golpe militar preventivo que aplasta el incipiente movimiento campesino y restaura el viejo orden. Las capas marginadas na disponen de organización alguna de defensa de sus intereses, incluso porque su condición de trabajadores ocasionales siquiera les propicia una base física para formular reivindicaciones colectivas. Esta falta de organización y esta incapacidad de autodefensa de las masas marginadas hace que dentro de sistemas competitivos como lo son las estructuras sociales clasistas, ellas tiendan a ser, además de desheredadas, cada vez más expoliadas. Es así como en la disputa por la redistribución de la renta nacional, sus posibilidades de aumentar la ínfima porción que les cabe son prácticamente nulas en relación al poder de apropiación de las capas integradas en el sistema. En muchos casos los propios operarios, gracias a sus organizaciones sindicales, se capacitan no sólo para defender la parte que ya usufructúan sino para ampliarla desproporcionadamente, en perjuicio del campesinado y sobre todo de las masas marginadas. Sus únicas formas de solidaridad son la ayuda recíproca entre familias o vecindades, su acercamiento a protectores que las amparen contra la violencia policial, o la apelación a organizaciones que propicien alguna asistencia de tipo caritativo. La combatividad personal, cuando existe, se manifiesta principalmente por medio del bandidismo rural o urbano y del fanatismo religioso. Estas formas extremas y anárquicas de contestación operan más frecuentemente contra sus iguales que contra el sistema. En esos casos, como ocurre en la invasión de terrenos baldíos, en los asaltos a mercados, recae sobre ellos la represión más violenta. Esta, cuando es ejercida contra las capas marginadas, por más brutal que sea, raramente es digna de la atención de los demás sectores sociales. Los marginales, en verdad, no son vistos ni tratados como gentes, son cosas o bichos cuyo asesinato sólo interesa al distrito policial para fines de registro, o a la prensa para reiterar la recurrencia del bandidaje como fenómeno típico del bajo mundo de las clases infrabajas. Algunas formas de reacción frente a las capas marginales, registradas en los últimos años en Brasil, dan una medida del desprecio con que son enfrentadas y la brutalidad que contra ellas se ejerce. [110]

19 Darcy Ribetro / El desafío de la marginalidad Trátase de episodios divulgados por la prensa que sólo después de provocar un gran revuelo en la opinión pública internacional, merecieron alguna preocupación por parte de las autoridades brasileñas. Tales fueron, primero, la campaña de exterminio físico, por ahogamiento, de millares de mendigos de la ciudad de Río de Janeiro, efectuada por la policía civil con el beneplácito del gobierno del Estado, o por lo menos, con la connivencia demostrada por los obstáculos que opuso a la denuncia. Segundo, la cruel cacería y asesinato de millares de "marginales" considerados criminales irrecuperables, que viene siendo perpetrada en las dos mayores metrópolis brasileñas por una organización semiclandestina el escuadrón de la- muerte integrada por fuerzas policiales. Tercero, el exterminio de innumerables tribus indígenas por grupos de facinerosos armados por hacendados que buscan apropiarse de más tierras. En este último caso, la conmoción internacional contra esta forma de genocidio llevó al gobierno brasileño a anunciar medidas preventivas contra nuevas matanzas. Sin embargo, ninguno de los inculpados fue arrestado o juzgado, aun cuando se comprobaron documentadamente diversas masacres. Estos episodios sólo se explican por el hecho de que las tres categorías de víctimas son clasificadas como' "marginales", es decir, como seres dañinos cuya erradicación es considerada meritoria y cuyo sufrimiento no conmueve a nadie. El carácter brutal de estos crímenes, su impunidad y la relativa indiferencia de la opinión pública hacia ellos, demuestran que la distancia social entre ricos y pobres, y entre integrados y marginados produjo ya un debilitamiento de la propia solidaridad humana en el Brasil. Tal corrupción moral conlleva obviamente las más terribles consecuencias: mina las raíces mismas de la sociabilidad que hacen posible la existencia de una sociedad y la convivencia de sus miembros. II. EL (RETO DE LA ATARGINALIDAD La multiplicación de las masas marginadas y su concentración en las ciudades, grandes y pequeñas es considerada por las clases dominantes una desgracia y comúnmente explicada como una consecuencia del "éxodo rural"y de la irresponsabilidad de gente miserable que se permite reproducirse desmedidamente. A sus ojos constituye más una vergüenza que un problema la existencia de esa subhumanidad que atenta contra la dignidad de la ciudadanía decente al exhibir su fealdad, sus enfermedades y su miseria en grandes metrópolis orgullosas de su civilización. [ni]

20 ESTUDIOS INTERNACIONALES La carencia de cualquiera organización política o gremial que represente las capas marginadas o de un vivo interés hacia ellas por parte de cualquiera institución es otra indicación de su carácter de contingente que además de no estar incorporado al sistema modernizado de producción, es excluido formalmente de la sociedad nacional. Estas masas, aunque mayoritarias en casi todas las naciones latinoamericanas, son tratadas como si no existiesen, no sólo frente al mundo institucional que las ignora, sino incluso como contingente humano. Sus problemas, cuando1 llegan a preocupar a las autoridades, sólo las conmueven en la medida en que causen o puedan contribuir a causar disturbios. Son enfrentadas como una especie de plaga incómoda que sería deseable eliminar, aunque todos obtengan sustanciales provechos de su existencia. Tales son, entvc otros, el privilegio de contar con. sirvientes humildes y baratos, al alcance no sólo cíe los ricos sino también de las capas medias y hasta de los pobres integrados en el sistema. Y también los lucros obtenidos por empresas productoras de artículos de consumo popular que tienen en ellas mercado amplio y seguro. La propia Iglesia Católica, pese a su ubicuidad, era hasta hace po'co reacia y además hostil a las capas marginadas, aunque sólo fuera porque ellas escapan a su control, cultivando sectas heréticas y fanáticas. Los sacerdotes católicos, por su posición social y educación, no encuentran incluso un lenguaje adecuado para comunicarse con esas masas. Se puede decir por eso, que el más grande fracaso histórico de la Iglesia Católica en América Latina fue la pérdida del control que ejerció en el pasado sobre la totalidad de la población, por haber sido afectada también por la modernización refleja, volviéndose incapaz de actuar sobre las masas crecientemente marginadas. En ese entonces, una religiosidad arcaica que incorporaba a casi todos en hermandades de culto y de sepelio y cuyo calendario de fiestas era significativo para la población entera, incluso para los esclavos, dio lugar a un catolicismo ortodoxo de corte europeo que se distanció cada vez más del pueblo hasta'perder control sobre él. De hecho la Iglesia Católica sólo pudo regir la religiosidad popular como institución solidaria con la dominación oligárquica de la república hacendada, mientras persistió la hegemonía de ésta. Con la declinación de su poder sobre las poblaciones que se urbanizaron, decayó también la influencia de la Iglesia. El nuevo clero, más eru-.dito, discutía brillantemente las tesis de los masones y de los positivistas, pero ya no tenía la influencia de antaño, a no ser sobre las clases medias. Así, la Iglesia ha visto los nietos de los fundadores [112]

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