LIBRO QUiNTO. CAPI1ULO XIV.


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1 LIBRO QUiNTO. CAPI1ULO XIV. Ti r emoles de Caracas. - liclacion de este feii ÓtIl CIII) las erupciones so le clnicas las islas Áii ti) las. Cori ci fresco de la tarde dci 7 de febrero, )jcnos de la ciudad de Caracas para emprender nuestro viugc al Orinoco. El recuerdo de esla partida os es mu elio tizas (1 ole roso en la actualidad que en los años pasados. Nuestros ami - gos han perecido yletimas de las revoluciones mas sangrientas, que alternativamente han (lado o quitado la libertad S aquellos lejanos paises ya la casa que nosotros liabithainos es solamente un inoi)tori de ruinas; y la ciudad que vn tic descrito ha desaparecido. Los terremotos mas ispanlosos han desfigurado la superficie del suelo, sobre ':1 cual sobre aquella tierra ben-

2 CÁVLTILt) XIV. 255 dicla se levanta con lentitud 0U3 nueva Ci ii(lad los escombros amontonados, sepulcros de una numerosa poblacion, van eoiivwtindose de nuevo en,norztdas de los livientes. [le creído conveniente traer en esta obra las noticias positivas que he podido adquirir, sobre los temblores del :.tg (le nizirz4) de r6 i 2, que han destruido la ciudad de Caracas, y hecho perecer casi en un uistflo momento, veinte mil bubituntesde Ja proviiicia des enezuela. Las relaciones (ILLO he conservado con personas de todas clases inc hati puesto cii estado de comparar las narraciones de muchos testigos oculares, y de hacedes CIIt,SI Oiles sobre algil nos ohetus que pueden ilustrar ú la física en general. En 13 época en que \l. oupland yo estaban ms en las provincias de la Nueva Andalucía, Nueva Barcelona y Caracas, era una di U Oil in uy extendida. la de que, las partes mas oricntales de aquellas costas, erau 1s mas cnpticstas :'t los efectos clestruc.tores del lemblor (le tierra. Los habitantes de Ciiman?t temian al valle de Caracas, por su clima húmedo y variable, y por SU cielo iteblaclizo y melancúlico. Los IibitUnld

3 256 LIbRO Y. de este valle templado, hablaban de Cumaná como de una ciudad donde se respira un aire abrasador, y cu yo suelo estñ continuamente agitado por temblores violentos. Muchas p'- sonas instruidas, olvidando los trastornos de lliobamba y otras ciudades muy elevadas, é igw.traudo que la pcninsula de Arava, compuesta de esquila micáceo, participa de las aitacioizes In de la costa calcárea de Cumaná, cre.ian hallar motivos de seguridad en ].a de las rocas primitivas de Caracas, y en la elevada situacion de este Valle. Las fiestas de iglesia que se celebran en la Guaira y aun en la capital, it inedia noche, les Ecco rilabau sin duda que de tiempo en t icni po Ita estado sujeta ti los terremotos la provincia de Venezuela; pero se tcti,ten poco los peligros que Su renuevan muy (le tarde en tarde. Una cruel experiencia ha destruido en Si ieléricanto de estas tierras y dela creencia l)0p1113r. La ciudad de Caracas situada entre montañas, tres grados al oeste de Cuctiuná, CiHCO grados al oeste M meridiano que pasa por los volcanes de las islas de los Caribes, ha experinieiitado los sacu-

4 CAPiTULO XI dinuintos mas fuertes, que se han sentido jamas en las costas de Paria y de la Nueva Andalucla. Desde luego que llegué la Tierra Firme me babia admirado de la conexton tic dos acontecimientos fisicos; y son, la ruina de Cumaná el i4 de dicicmb're de i, y la crupciou (le los volcanes en las pequeñas Antillas. Estas relaciones se han manifestado de nuevo, en la destrucejon le Caracas, ci 26 de marzo de ib i i. El volean de la Guadalupe parecin haber operado sobre las costas de Cumaná en I'g; Y quince años despues ci volean (le San Vicente mucho toas inmediato ni continente parecia ejercer su luflueticia hasta Caracas y hasta las orillas del Apure. Es probable que en ambas épocas, ha estado el centro de la explosion it una inlneris;i profundidad, igualmente distante de las regiones cii que se' propagaba el iuioimiento ca la superficie del loho. Generalmente se opina en las costas de la Tierra Firme, que los terremotos ocurteli ton mas frecuencia, cuando han sido mas raras las explosiones eléctricas durante algunos año Bit Cumaná y en Caracas se ha ercido observar, (IU u. 17

5 LIBRO V. las Ji u y ias han shl o ti e nos aco rn pa riadas de truenos (lcs(lc ct aun i 792. y aun se ha atribuido la ruina de Curnaijá cfi 1 y los temblores experinieitados en i Soi y en Marac;uho, Puerto -Cabello y Caracas. A iiiia acu lflcioii «le elc'etrkiclail en el (:entrç, de la Lierra. D Unó que ha ya vivido algun tiempo en la Nueva Andalucía, ú en las regiones bajas del Perú, no podría negar (fue la estacion mas temible por la Frecuencia de los terremotos, es la del principio de las lluvias que es tambkn la ' le las tempestades. La atmósfera y el estado de la superficie del globo, parecen influir de un titodo que iifl COflOC*fllOS sobre las variaciones que se producen (i u u n inmensas pro Fund ida - (les ; yo creo que la pretendida union cutre las ausencia de las tronadas, y la Frecuencia de los terremotos, antes es tina hipótesis física ituaginada p' los semi-sábios del pais, que el resultado de una larga experiencia. El temblor que se sintió ca Caracas en el mes tic d ic:ieinbrc 18 i y Lué el tifileo que precedió á la horrible catástrok del 26 (le marzo (le En Tierra Firme se ignoraban las agitaciones

6 LA nielo XIV. 259 P' cxperimncutaba;i j)ov una p:tiie el suican de la isla de San Viccn!r y por otrh el hlveo del, Misisipi cll)iidc los dias siete y ocho tic febrero de i Si 2. estuvo la tierra cija v.niciie cii' un eslado (IC osci Inc ion con Luma. En aquella ékóca CN) eri uieritai):l la provi flcifl (le Venezuela grandes sequias no cayó una gota de agua & 90 leguas al rededor de Caracas, en los cinco meses.que precediéroris la ruina (le a capital. El 26 de marzo fué. un din mliv caloroso, el aire estaba pacifico ye1 ciclo sin nubes; nada panela anunciar las desgracias dcc] a tan aciago. Coma era jueves santo una gran parte de la pohlaciwi se hallaba rru n cia cii las iglesias. -. A as cuatro y siete minutos de la tarde se sinhun la primera conmocion, la cual fité bastante fuerte para hacer SOI)flV las campanas (le las iglesias; y duró cinco ;; scis segundos itirriediatamente la siguió otro temblor de unos (110z doce segundos; y e im esta vez, el suelo, etm.un continuo movimiento de ondulacion, parecia l)or- 1)otar 1 la manera de un liquido. Ya se creta pasado el peligro, cuando se oyó Un CflOrfllC y espantoso ruido sim bterrñ náo scinej anle al

7 60 x.tar.o Y. liudo de un trueno, aunque rilas fuerte y proloógado que el (jiw se ove cii los trój)icos cii la estacion de las tronadas. Los sacudimientos fijéron, en direcciones opuestas, del norte al su y del este al oeste. Nada 1)11(10 reñistir á aquel movimiento de abajo ñ arriba, y i las oscilaciones cruzadas; la ciudad (le Caracas lié casi enteramente arruinada en un momento.nueve i diez ni habitantes quedit ro u envueltos bajo las ruinas (le las iglesias y cic las casas. La procesi un no habia salido t O(I8V ia ; pero CF;! tan gr;ixmde el coiictitgo en lo templos, que soló bajo sus bóvedas desplomadas fuúron sepultadas cerca de tres ó cuatro mil personas. La cxplosion fue mas fuerte hácia ci 1,1(10 cid norte cii la parte de la ciudad mas proxirna il las montaí)as de Avila y de la Silla. Las i&('sias de a Trinidad y de Alta Gracia, que lezi i;ili ii1ns de 1 Su pics de altura. Y cu ya nave estaba sostenida por pilares de 1 2 á 5 pies de diarnetro, dr'jñrun un mouton de ruinas que apenas levanta cinco seis pies, siendo tal el hundimiento y desme nuzacion (le los escombros, que hoy no se reconoce casi ningun vestigio de los pilares y co-

8 CAPITULO XIV. 261 Juninas. La caserna llamada ci cuartel de San Carlos sit nada mas al norte de la iglesia de la Tri 111(13(1 CO el cafflinfl (le la Adriana (le la Pas tora, desapareció casi enteramente. Un regimiento (le linea se hallaba sobre las armas para ir fi la procesiol) ; fi CXCCpCIOn de algunos hombres, todo él quedó sepultado bajo las ruinas del ciii tic i o. Los nueve décimos de la ciudad fuéroii ciestr;iidos, y las casas que no se desplonuron. como las (le la calle (le San Juan, cerca del lios picio de los cajlucliirios, ScI 118h111}1iI de tal modo quebrantadas, que no se podia arriesgar fi habitarlas. LOS efectos del terren ióto fuéron algo menos terribles en la parte mend oua! y occidental de la ciudad, entre la plaza niavor y ci barranco (Ir Caraguata, pues en ella ha quedado en pie la catedral sostenida 1)0V (IlOrfl)CS Colu mnas. Un sacudimiento tan violento que en el espacio de un minuto, destru yó la ciudad de.sotro t tc,re,,uto 1c Venc;acla en 1S12, por fi. Delpchc (IIIarInseri to). La durackn de! Ierre,iioli, es decir, e) conjunto de los

9 262 L1S!O Y. Caracas, no podía limitarse á una corta enten- ;nrtdel continente. -Sus efectos aciagos se entendiéñn á las 'provincias. de Venezuela. Varillas s- Maracalo. 5 lo largo de la costa, y especialmente ü las niontaijas del inferior. La Guaira, Maiquetia, Antirziano, I3aruta, la Vega, San Felipe y Mérida, fizéroji casi enteramente arruinadas. El número de muertos excedió de cuatro á Cinco mil en la Guaira, y en la villa de San Felipe cerca de las minas de cobre de Aroa. Parece haber sido el temblor mucho mas tioleuto en una línea que se dirige del este-nordeste al oeste-sud-oeste, de la Guaira y de Caracas, hacia las inoiilañ;is de Niquitao y de 3krida. En el reino de la Nueva Granada se hizo sentir desde el origen de la alta sierra de Santa Murta, hasta Honda y Sarna Fé de Bogota, cii las orillas de la Magdalena. á So leguas de distancia de Caracas. Generalmente fué mas fuerte en las cordillemovimiento5 de ond LII3CIOJI y irepidacion, suc caus ron la horrible catástrofe del 26 de marzo dc 813, fu evaluada segun unos l 5o'. y segun 0105 ti 1' 12'Ç

10 rail 11,1.1) UY. 265 ras de gneiss y de micaesqu ita 6 tu.inciliaiaineiitc al pie de ellas, q tui cii bis llanuras. Esta difereti- Cia I'uu sobre todo mu y sensible CU las sábanas de Varinas V de Casanare.v se explica fácilmente (,ir el sistema de aquellos geólogos que adiiiitcn que todas las cadenas de montañas volc:nicas y no volcatucas se fian foruuulo por medio de ahorcioxies por cuí re las quebrad u - las. En los valles (le Aragua situados entre Caracas ) la villa de San Felipe hiénjil muy dihulcs los sactidititietitos la Victoria, Maracay. Vib'n cia, no fian siti'riilo casi iacla apesar de su proxini ida '! 5 la capital. En Valceil lo, á j 1ocas leg iia de Valencia, la tierra entreabierta arrojó una cantidad de agua tai i cons h 1 eral 1e que forin 6 Un torrente 5111ev') ; CUyO feriurucuto se Ie})i tió en Puerto-Cabello. Por otra parte el lago (le Maracaibo disminu yó considerablemente. En Coro no se sintió CClUut1OCiOn alguna ; aunque Se irgura que eui las uuuuitaiiarde Ároa luego dcspuo9 rio os temblores, ce halló el tielo uihierio de liria iiem Siria y muy blanca, que pareei:i voinit:i 'la par las quára. duras.

11 264 LiflitO y. la ciudad est su uada en la costa y cutre otras que hati sufrido. Despues (le la gran catástrofe, permanecio ci sucio tranquilo durante mas quince á diez y ocho horas. La noche estaba bellisima y Lea TRaS el (1w 2-; comeuzáron de nuevo los temblores aco in pa iia(los (le un bra ini ib siib terránco muy fuerte y prolongado, Los habitantes de Caracas se dispersaban en los campos 3 )CFC) conio los lugares y las haciendas liabian padecido igualmente, solo hallaban abrigo al otro lado de las montañas (le los Teques, cii los valles de Aragua, y en los llanos ó sábanas. Hubo dias que se sintkron hasta doce y quince oscilaciones, y ci 5 de abril itubü un telfll)101' casi tan violento como el que liabia arruinado la capital el suelo estuvo muchas Ji olas seguidas en liii movimiento ondulatorio. hubo en las montañas terribles desmoronamientos; se dcsprcndiéron enormes masas de peñascos (le la Silla de Caracas, y aun se prcteudc, COn opiniori 11111v Cx- 1 cud ida cu el pa i s que los dos e Li pulas de la Silla, se lmabian tundido de 5o a Go toesas; ilias esta aercion no se funda sobre medida alguna

12 CÁI'íTlJLt) XIV. 265 ra,iil,ie;i se 1 maginau en la provincia de Quilo, que ún cada (j)oc1 tic temblores, diiiunuve LIC altura el volean (le Tunguragua. Se ha ati miado (91 sartas notas publicad as con motivo tic la ruina tic c:ztniefts, (Jile Vi motile de la Silla es un volca n amortiguado, que se hallan muchas substancias volcánicas en ci ca- 3 iio de la U uai ni á Caracas, donde no o fue- CCII los pcfiascos niuguila estrati Iteacion regular y que todos estan marcados por (1 fuego. Se ha añadido, que doce años antes de la gran cntñstrofc,.u. Runpland y yo, en virtud tic ' nuestras investigacioices iniiicrahigicas y tísicas, imahianios considerado la vecindad de la Silla como JI)UV perjudicial para la Ciudad porque esta noii tafia ciicci'ralia m ucho a zu fre- - y que las conmociones (1 ehian venir del lado» del nordeste. No lic pwlhlo vi, enitiieiar la idea (le que Ui Silla y el Cerro de Avila, montañas (le gneiss y de rnicasc hist e eran mmmi ver udad perj ud ida! para la capital, porque estas montañas, en los lflluci)s inferiores de caicarea primitiva cciitici ica muchos pi rites mas ile acuerdo haber

13 i) Y. dicho d it ran te mi ma nsi un cii Caracas ( tic la extremidad oriental de Tierra Firme, desde ('1 gran terremoto tic Quito, parecia cii un estado de agitacion que hacia temer pie la provincia de Venezuela experimentase fuertes conmocio - nes; y aumenté, que cuando un pais ha estado mucho tiempo sujeto á los temblores. pareciaii abrirse nuevas comunicaciones siti)tcrraiicas con los paises vecinos y que los volcanes de las Antillas, situados en la direccion de la Silla al nordeste de la ciudad, eran acaso los respiracleros por los cuales sallan en los mojijeritos de erupcion los fluidos elásticos que causan los temblores de tierra en las costas del continente.,ç hay mucha diferencia entre estas considcraciories fundadas cii el conocimiento de las localidades yen simples analogias, una prediccion justificada por los acontecimientos físicos. En tanto que se experimentaban fuertes movimientos en el valle del Misisipi, cii j a isla (le San Vicente y en la provincia de Venezuela, se extendió el temor el di;.t So de abril de 18 2, en Caracas, y en Calabozo, ciudad situada en metilo de las llanuras en las orillas del rio Apure,

14 CaPITUlO XIV. en una cxtension de cuatro mil leguas cuadradas, por un ruido subterráneo que parecia descargas reiteradas (le artilleria de grueso calibre; este estrépito comenzó ú las dos de la mañana, mas no fité acompañado de sacu(liitlien tos, siendo de notar, que se oyó con igual fuerza en las costas que en lo interior (le bis tierras á So leguas de distancia. Se le ereia transmitido por el aire y se estaba tan lejos de considerarle corno un ruido subterráneo, que en Caracas y en Calabozo se hickron preparativos militares para poner en,deíensa la plaza, contra un enemigo que se avanzaba con su gruesa artilleria. El señor Palacio, pasando el rio Apure mas abajo del Oriaute, cerca de la confluencia del Nula, supo por boca de los Indios, que los cañonazos se habian oido tan claramente en la extremidad occidental de la provincia de Varinas, corno en el puerto de la Guaira al norte de la cadena costera. El mismo dia en que los habitantes de Tierra Firme fuérori atemorizados por un ruido subterráneo, hizo una grande erupeion el volean (le Ja isla de San Vicente ; esta montaña que

15 68 LIIUU) Y. tiene cerca de 5oo toesas (le elevacion no habia arrojado lavas desde ci año t7i8; apenas se vda salir humo, cuando en el mes de mayo de Su 1, se anunció por violento<.;sacudiniieiitos que el fuego volcúnico Sr hahia encendido de nuevo o inclinado kicia esta parte (le las Antillas. La primera erlii)cioii tuvo efecto el 27 de abril de 1812 al medio dia ; y aunque no era mas que un vómito de cenizas, fué sin embargo acompañado de un estruendo espantoso. El din 3o salió la lava de la crátera y llegó hasta el mar despues de cuatro horas de marcha. El ruido de la expiosion parecia á las descargas de artilleria y niosqueteria alternativas ; y lo que es mu y (ligue d obser- aciou es, quc 1)ai'ecto mucho mas fuerte en alta mar, it tina gran distancia (le la isla, que it la vista de tierra cerca del mismo volcau u- flaznado. Desde el volean de San Vicente al rio Apure, cerca de la embocadura del Nula, hay una distancia de P. leguas ng linca recta; por consiguieq e las explosiones se han oido á una distancia igual ú h que hay del Vesuiq ú Paris.

16 CAIiTUJ.O XIV. 269 E.tc fenómeno al cual se agicg:tii varios hechos observados en la Cordillera (le los Andes, prueba que la esfera de la actividad si,btcrrñnca (le un volean, es mucho mas extensa de lo que pedria ji ugarsc por los ieqiieios trastornos, producidos en la superficie del globo. Los estruendos que se oyen en el Nuevo Mundo durante (has enteros, ñ So y i 00 leguas (le una erútera no nos llegan por u ICI 110 de la propagacion de) son do e n el aire; es un ruido trasmitido por la tierra tal vez Cli el liiislfl() Sitio cii (lc nos hallamos. Si bis erupciones del volean de San Vicente, del Cotopaxi A del Tungo ragua resuenan tan lejos cuino un cacion de los mas gruesos. ' leherca aumentar ci estrépito en razon inversa de la distancia ; pero las observaciones pncban CpIC este a q inúlito 110 SC verifica. hay iiia loclada el mar del sud, imiiivntlo de Gua yaquil par;; las costas de Méjico liemos pasado M. L'onplaud y yo, en para-es donde todos los litadfieros Vii éron alarmad os por un r;lido ordu (l ito venia del fondo del Ocatmo y que s iio comunicaba por las ;uuas era la poen de nin 1nicva erupcion del Cotopaxi, y nos hallábamos

17 7O L1flQ V. distantes de este volcar, tanto como lo esta el Etna de la cindad de Nápoles.' No se cuentan menos de i45 leguas desde el volean de Cotopaxi á la pequeña ciudad de tímida situada en las orillas del vio de la Magdalcita; sin embargo al tiempo de las grandes explosiones de este volean en 744, se oyó en Honda un ruido sul)terrñnc& que se tomó por. descargas de ;trtilleria. Los frailes de San-Francisco extendiéron la noticia de que Cartagena estaba sitiada 'y bombardeada por los ingleses, y así lo creyéron todos los habitantes. El volcan de Cotopaxi es un cono que se eleva á mas de tsoo toesas sobre la bcia de Honda, y se destaca de un terraplen cuya altura es aun i,soo toesas sobre al valle de la Magdalena. Todas las montañas colosales de Quito, de la provincia de los Pastos y de Popayau, se hallan llenas de quebrazas interpuestas con los valles. No puede admitirse que en tales circunstancias se transinita el ruido por el aire ó por la cubierta superior del globo, y que haya venido del punto donde se encuentran e) cono y la crátera de] Cotopaxi.

18 c.;;'iruio xiv. Parece probable que la parle elevada del renio de Q&Iito Y (le las Cordilleras Vecinas ; lejos de ser im grupo cte volcunús separados, forman tana sola masa combada, y tui C1301 1II1C IlIUFO volcíirtico prolongado del sud al norte, cuya CinI;t ofrece mas cia Gua ieguns de superficie. El Cotopaxi, el faiiigiiragiia, el Antisana y el Pichincha emahi Colocarlas sobre. esta bóveda sobre este mismo terreno minado. Se les da noinbits diferentes, aunque no son mas que cunas de un mismo macizo voldinieo, saliendo el luego 311 pronto por u t}fl CUtID) pm' otra. Las crt tenis obstruidas nos parecen volcanes apagados, pero es de pensar ({UC cuando el Cotopaxi' 6 Tunguragua un [macen mas de tina dos erupciones en ci curso de un siglo, no es menos, activo ci fuego continuamente bajo la ciudad de Quito, bajo ci Pichincha y el Inibaburu. - Mas adelante hácia el norte Iiallzmios entre el volean de Cotopaxi y la villa de llonda, otros dos sistemas de montaüas volcánicas, ci 'le los Pastos y el de Popayan. La relacion de estos sistemas está manifiesta cii los Andes de Una manera incontestable por un íeui5xneno que ya

19 27 LIBRO Y. he tenido ocasion de citar, hablando de la última destruccion de Cumaná. Desde el mes de noviembre de 1796, Sulla una espesa coltunna (le humo del volean (le Pasto, situado al oeste de la villa de este nombre, cerca del valle del rio Gita ytara. Las bocas dd volean son laterales y se hallan en la falda occidental ; mas durante tres meses consecutivos, se elevó de tal modo la columna de humo sobre la cresta de las montañas, que fuó constantemente visible para los habitantes de Pasto. Todos nos han asegurado que ci 4 de febrero tic 1797, Viéron desaparectr repentinamente el humo, sin sentir ninguna conmocion esto sucedin precisamente en el HuSillO instante CII que, u 65 leguas hácia el sud, entre el Chimborazo, ci Tiznguragua y el Altar (Capac-Urcu), fué destruida la ciudad de itiobamba por el iruas funesto terremoto de cuantos nos recuerda la tradicion. En vista de esta coincidencia tic fenómenos, Como dudar que los vapores exhalados por las ventaniltis del volean de Pasto, no procediesen do la presion de los fluidos elítsticos, que han ej-

20 CÁPiTCLO XIV. trelfleci(lo el suelo del reino de Quite, liacicinlo perecer treinta ó cuarcjia mii habitatfles çn un IflOflIC(kt()? Para explicar estos grandes efectos <.le las reac- CiOflC$ vokd)iicas, y probar que el grupq sistema de volcanes de las Antillas, puede conmover de cuaztilu en cuando la Tierra rirpe, he debido citar la Cordillera de los Andes, Solo por la analogía de los hechos recientes, y de consiguiente bien comprobados, se puede demostrar un razonamiento geológico ;, y en que otra reion del globo, se hallarian iiióinenos voleuicos mas grandes y variados, que en aquella cadena de montañas agitadas por los fueaos, y en aqve!a tierra que la naturaleza ha cubierto con sus maravillas? Si se considvra una crátera inflamada como tui fenómeno aislado, limit1udose á evaluar la masa de materias arrojadas, la accion del volean cu la superficie del globo no nos parece UI IIIU)' poderosa, ni muy extensa. Pero la imagen de esta accion se engrandece çn nuestra imaginacion, ít medida que estudiamos )as conexiones que unen entre si á los volcal?cs de Urs utisino grupo ; por jeuiplo los de Nápoles y. de II.

21 LiflEo y. Sicilia, di, las islas Canarias y de las Azores dc las jkqueñas Antillas, de Méjico, (le Goateniala y (le.-1 mesa de Quito, y ít medida que examinamos las reacciones de estós diferentes sistemas unos sobre otros, 6 las distancias á que, por comunicaciones subterráneas, agitan la tierra simultáneamente. Segun vaya aumentando en la América equinoccial la cultura y la populacioii. y que sea ti.observados mas asiduamente los sistemas de volcanes de-la mesa central de. Méjico, de las Pequeñas Antillas, de Popayan, de los Pastos y de Quito. se reconocerñ mas generalmente la coricxioii de las erupciones, y los terremotos que las preceden ú acompañan. Dichos volcanes, en especial los de las Andes que sobrepu jan la enorme altura de 2500 toesas, oíreccu grandes ventajas para la observaciori. Las é})ocfls de su crupciou estan marcadas singularmente; y pasan 4 veces treinta ó cuarenta años sin arrojar escorias, cenizas n i vapores ; en cu yo intervalo, no he VIStO ninguna señal de humo sobre la cima de Tunguragun ni de Cotopaxi. Una tufarada de vapores que salga de la crátera

22 CAPITULO XIV. 25 (Id %csubui, ;%})('flas lla;rt.n la atencioli de los ha- J,i tan Les de Níipoies UCOSLU inhradus ú los u mvimientos de eflc: pequeño volcaii, que ;i veces arroja escorias duran ti' dos tres años r.onsecii tivos.eiitónces es clificil juzgar si los 'i,mitos han sido m.is frecuentes en el momento (jili'.5v Idvierte nu temiihlor en el Apeo iiu. Mas en las e - [02S (le la q Con) it leras es muy diferente, y todo tonta umi caracter mas n'rtiunuiado ú lilia crupcian de cenizas que solo din.i algunos iflhmutos. suele seguirse una calina de diez, años. En tales circunstancias, es Icil notar la:; épocas y. la e''immcidcncia (le los fenówenos. A pesar de las iiitiinas relaciones que se maimillenan entre la accion tic los volromes vii las pequefías Áitiil!as s. terreimiotos de la Tierra Finu,c ZICIiHIIT(' CO!) frpciiencia. (jiw los sacudimientos Clvi Arcllij)idag(l vulcaoicú. 00 SC mmi la isla 'le la Trinidad. ti 5 las costas de Cuinaimá y de Caracas. Este icilúnleilo mio tiene nada (le ami un i rable vii l;ts pequeñas Ami ti lías quedan a veces 105 utuvnniermtos reducidos á una sola isla. La 1'anci(' ermi pcion cid volean de San Vicente en ms, no causó ningun temblor en

23 276 TiflEtO y. la Martinica ni en la Guadalupe, 'ç aunque k oyéron, tanto allí como cii Venezuela, fuertes estruendos, se mantuvo ci suelo en tranquilidad. Estos mismos estrépitos, que no se deben confundir con los ZtlWl)tdOS, que por todas partes jireceden á las débiles conmociones, se hacen schtir con frecuencia en las orillas dci Orinoco, y espócialmcii te entre e! río Arauca y ci Cuchiseguii allí mismo se nos ha asegui'ado. Cuenta el Padre Moreno que cii la mision de Chbruta, se aseniejari tanto los ruidos subterráneos á las descargas de cañones pedreros, (]I1C se cree oír un combate á lo lejos. El 21 de etubre de 1766, dia del terrible terremoto que desoló laiiioviucia de la Nueva Árida) ucia, estuvo el suelo agitado i un ticnpó ñiismo, en Cuznan, Calacas, Maracaibo, cii las orillas del Casanare, Meta, Orinoco, y en las de) Ventuario. El Padre Ciii ha descrito estas cotimoclones en ina region granítica, en la inision de lii Encaramada, donde fuéron acompañados de les estruendos. lhibo brandes desprendimientos en el monte (le Pan'ari, y en el Orinocb desapareció un islote, cerca de la roca de Ara-

24 CAPITULO XIV. 27 vacoto. Los movimicillo3 de on(lulacton contitiii, 'ai'oit durante tina hora entera; y parece fiié-. nit la señal de hs violentas agi Luciones que experinientáron las costas (lc Cuniaiiñ y (le Cariaco, por espacio de mas de diez meses. Dberia creerse que los hombres errantes en los boqtics, cuyo única abrigo son las cabañas colis(rtti(] as con niñas y hojas de palma, no deben temer los temblores de tierra. Sin embargo, los Indios ((el Ettvatø y del Caura se atcmorizriik ex tran n II nariameute. como de un i nó tu eno que se les presenta ira vez, 'jite espalita los animales en los bosques, y ([ILC hace salir a los cocrodilos 'le filiado di! las aguas. Pero. cerca de las Costas de la itir donde los movimientos 50:1 1811V comunes, lejos de temerles los litdios los vea COn satisface lot], (MIllO it pronóstico (le un año húmedo y fertul. 'belo anuncia la ;icçjwt de unas fttcrza3 vivas que en lo interior 'le' globo, obran las tiias sobre las otras se eotll.ralicsati y se modifican. Cuanto mas se ignoran las qtusas de estos moviniicntos de ondulacion de estos desahógos del

25 rs LITtfl) y, calor 'y de estas formaciones de fluidos elásticos, tanto mas deben los fisicos e gtij tflar las relaciones que presentan estos fenómenos it tal) graiidcs distancias de una manera tan uniforme. Considerando estas diferentes relaciones bajo un plinto de vista general, y siguiendolas en una grande entension de la superficie del globo, P ' medio (le los diversas formaciones de rocas, se inclina uno á abandonar la suposiciomi (le las pequeñas causas locales, tal coilio las capas de piritas ó de carbon (le tierra inflamado. flespues de haber hecho relacion de tantas calamidades, conviene dar reposo á la imaginacion con recuerdos mas consoladores. Cuando se supo en los Estados Unidos la gran catñstmfe de Caracas, el congreso reunido en Washington decretó uiiaiiiiiuirneiitc el envio(le cinco navíos cargados (le harina ñ las costas de Venezuela para distrihutila enire los habitantes mas ndiqrimtcs. Un socorro tau genero&o fué admitido COlI la mimas \V.I gratitud; Y esiv so!eiiiime de isim pueblo libre, esta señal cid jiateres nacional, de que ofrece )OCOS ejemplos recientes la civilizacioii

26 CAPITULO.UV. 279 de nuestra uljciait;t Europa pareció tau precioso garante de la mutua benevolencia que para sicin- }WC debe unir entre si, ; los pueblos de las dos Américas.?

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