Anuário Antropológico

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Anuário Antropológico II 2013 2012/II Del derecho a la vivienda al derecho a la cultura : reflexiones sobre la constitución del derecho a la ciudad en Buenos Aires desde una perspectiva etnográfica From the "right to housing" to the "right to culture": reflections on the establishment of the "right to the city" in Buenos Aires from an ethnographic perspective María Florencia Girola and Ana Gretel Thomasz Electronic version URL: http://aa.revues.org/593 DOI: 10.4000/aa.593 ISSN: 2357-738X Publisher Programa de Pós-Graduação em Antropologia Social (UnB) Printed version Date of publication: 31 décembre 2013 Number of pages: 131-163 ISSN: 0102-4302 Electronic reference María Florencia Girola e Ana Gretel Thomasz, «Del derecho a la vivienda al derecho a la cultura : reflexiones sobre la constitución del derecho a la ciudad en Buenos Aires desde una perspectiva etnográfica», Anuário Antropológico [Online], II 2013, posto online no dia 01 Fevereiro 2014, consultado no dia 30 Setembro 2016. URL : http://aa.revues.org/593 ; DOI : 10.4000/aa.593 This text was automatically generated on 30 septembre 2016. Anuário Antropológico

1 Del derecho a la vivienda al derecho a la cultura : reflexiones sobre la constitución del derecho a la ciudad en Buenos Aires desde una perspectiva etnográfica From the "right to housing" to the "right to culture": reflections on the establishment of the "right to the city" in Buenos Aires from an ethnographic perspective María Florencia Girola and Ana Gretel Thomasz EDITOR'S NOTE Recebido em 19/07/2013 Aceito em 04/10/2013 Introducción 1 La configuración socio-territorial de las metrópolis de principios de siglo XXI constituye un tema ampliamente instalado en las actuales agendas de investigación. En los últimos años, la discusión académica sobre la cuestión urbana ha estado dominada por un conjunto de planteos analíticos que se tornaron referencias ineludibles para cualquier indagación sobre la temática. A través de ciertas perspectivas conceptuales se ha generalizado un interesante esquema de análisis para reflexionar sobre la evolución reciente de las grandes urbes occidentales. Según estas visiones, en las metrópolis de

2 países centrales y periféricos se habrían desarrollado, sucesivamente, dos formas de hacer ciudad que responden a lógicas no sólo diferentes sino contrastantes. 1 2 Por un lado, debemos mencionar a la ciudad moderna/industrial (Donzelot, 1999; Amendola, 2000) o ciudad moderna histórica (Zukin, 1996), la cual creció desde fines del siglo XIX y a lo largo del siglo XX como correlato espacial de la cuestión social clásica, vale decir, de aquellas sociedades que emergieron al compás de la industrialización. Estas metrópolis, que registraron un crecimiento sostenido en función del eje centro-periferia, se han caracterizado por la consolidación de una trama abierta y compacta que fue producto de modo predominante pero no exclusivo de estrategias de planificación y gestión ancladas en políticas públicas de ordenamiento territorial. Este paradigma halló su máxima expresión en la construcción de viviendas sociales, generalmente edificadas bajo el formato del gran conjunto urbano, auspiciadas por el Estado con el propósito de albergar a las clases trabajadoras del capitalismo fordista. 3 Por otro lado, es necesario aludir a la ciudad contemporánea / posmoderna (Donzelot, 1999; Amendola, 2000) o ciudad moderna reciente (Zukin, 1996), una forma de hacer ciudad que emergió hacia fines del siglo XX como correlato espacial de una nueva cuestión social signada por la desindustrialización y la globalización económica en su versión neoliberal. Este paradigma se ha distinguido por la aparición de nuevas centralidades, la reducción de inversiones públicas en materia de infraestructura urbana, el auge de proyectos empresariales-corporativos a la hora de construir ciudad y una creciente desintegración socio-espacial (Mongin, 2006). El resultado de estas mutaciones ha sido la emergencia de un tejido urbano disperso y discontinuo cuya lógica de producción responde mayormente a las reglas de rentabilidad del capital privado. Los conjuntos residenciales con seguridad y las áreas centrales reestructuradas en base a preceptos estéticos se han convertido en los emblemas por excelencia de estas formas contemporáneas de construir ciudad. 4 De este sucinto repaso podemos colegir que el derecho a la ciudad se ha constituido diferencialmente en cada uno de los modelos urbanos comentados. Como argumentaremos a lo largo del artículo, en la ciudad moderna, la efectivización del derecho a la vivienda un derecho social básico y universal refrendado por el Estado a través de acciones directas (edificación de viviendas) o indirectas (asignación de créditos hipotecarios) era consustancial a la concreción del derecho a la ciudad. Pues en términos ideales, el acceso a la vivienda se presentaba como una empresa higiénica, moralizadora y pedagógica, capaz de elevar socialmente, civilizar y ciudadanizar a todo aquel que accediera a ella. Dado su alto potencial ciudadanizador, el acceso a una vivienda propia y digna que cumpliera con ciertos requisitos técnicos tendía a cumplimentar, simultáneamente, la concreción del derecho a la ciudad. Por su parte, en la ciudad contemporánea, el reconocimiento jurídico-político del derecho a la vivienda contrasta con la contracción o virtual ausencia de políticas habitacionales, con el creciente auge de proyectos urbanísticos atractivos para la inversión económica privada y para el disfrute de usuarios pudientes. 5 En el marco de la ciudad contemporánea, el potencial ciudadanizador del derecho a la vivienda parece haberse debilitado, al tiempo que se han atenuado sus vínculos con el derecho a la ciudad. En efecto, actualmente, el acceso a una vivienda de interés social no redunda de manera automática ni directa en la adquisición del derecho a la ciudad. Nuevos valores e imperativos ligados a la estética, la belleza, el patrimonio cultural y la seguridad que se encuentran fuertemente vinculados al protagonismo que han tomado

3 los procesos de recualificación o puesta en valor de áreas urbanas y que remiten al uso de la cultura y el patrimonio como recursos para hacer ciudad (Yúdice, 2002), resultan claves a la hora de adquirir el derecho a la ciudad. Tal como lo postula Amendola, inusitados procesos de reencantamiento urbano y un nuevo hedonismo de masas invaden a las ciudades contemporáneas, de modo que el principio primero que guía la estructuración de sus espacios es el de resultar agradables y atractivos a fin de proveer placeres y estimular el consumo (Amendola, 2000:142-146). 6 A lo largo de estas páginas profundizaremos, entonces, en las complejas relaciones que mantienen entre sí el derecho a la ciudad, el derecho a la vivienda y el derecho a la cultura en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires. Para cumplir este objetivo desplegamos un análisis comparativo de las investigaciones etnográficas (con observación-participante, entrevistas en profundidad y relevamiento de fuentes secundarias) realizadas por cada una de las autoras, durante el período 2003-2007, en dos viviendas de interés social localizadas en la zona sur de la urbe: el Conjunto Urbano Soldati situado en el barrio Villa Soldati y el Complejo Habitacional Monteagudo ubicado en Parque de los Patricios. 2 7 Pero antes de referirnos a estos espacios estimamos pertinente precisar, aunque sea brevemente, en qué sentido utilizamos tres categorías analíticas que resultan centrales para el desarrollo de nuestro objeto de estudio. Derecho a la ciudad, derecho a la vivienda y derecho a la cultura 8 La noción de derecho a la ciudad fue inicialmente formulada por un reconocido exponente de la Escuela Francesa de Sociología Urbana, Henri Lefebvre (1968), para cuestionar la excesiva subordinación del espacio urbano a las necesidades de la industria y del capital, y como un llamamiento a favor de la construcción de un nuevo orden urbano. Sin embargo, desde entonces, ha sido largamente revisada y resignificada. Una interesante reformulación se encuentra en la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad, 3 en donde tal noción se define como un derecho complejo e integral, como un derecho de derechos que incluye el derecho a la vivienda, a un medio ambiente sano y sostenible y al transporte público; pero también a otras cuestiones tales como el derecho a sentirse parte de la ciudad, la convivencia pacífica, la igualdad de derechos y el ejercicio pleno de la ciudadanía (Mathivet, 2010; Ortiz Flores, 2007). En estas páginas utilizaremos la categoría del modo en que es definida por la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad, enfatizando especialmente los últimos aspectos reseñados y vinculados con el ejercicio pleno de la ciudadanía. Así, mientras que entendemos el derecho a la vivienda como el derecho concreto y específico a la habitación un derecho social reconocido política y jurídicamente en la Carta Magna de diversas naciones (Argentina entre otras) el derecho a la ciudad es entendido como un derecho multi-dimensional y más amplio que remite a la condición de ciudadanía y a la inclusión de los ciudadanos a la urbe, vale decir, a la problemática de la integración y el vínculo social. 9 La expresión derecho a la cultura, tal como lo entendemos aquí, no ha sido codificada por el derecho positivo. No obstante, se trata de un derecho que indirecta e implícitamente ha sido consagrado por las prácticas y costumbres sociales, y también por el modelo urbano predominante en el presente. En el uso que proponemos, la expresión derecho a la cultura

4 fusiona los aportes de G. Yúdice y G. Amendola. Del primero recuperamos la afirmación según la cual, hoy en día, la cultura se ha vuelto tanto un formidable recurso para hacer ciudad y construir ciudadanía, como una estrategia para disputar un lugar en la urbe (Yúdice, 2002). 10 Del segundo tomamos la noción de derecho a la belleza (Amendola, 2000), introducida con el propósito de destacar que, actualmente, el mandamiento de resultar agradables, ofrecer espectáculos culturales, exhibir atractivos artísticos o alguna clase de riqueza histórica no son simplemente imperativos primarios que guían la estructuración de los espacios urbanos, sino que también regulan el acceso de los ciudadanos a los mismos. En consecuencia, a fin de usufructuar y/o apropiarse de dichos espacios, los ciudadanos deben ser capaces de valorar la belleza y el patrimonio que exhibe la ciudad, de consumir las actividades artísticas o culturales que brinda, o bien de generarlas y producirlas. De acuerdo con el autor, tales fenómenos no resultan ajenos a la lógica de mercado, pues la ciudad contemporánea debe gustar y seducir para atraer personas y capitales y para estimular el consumo (Amendola, 2000:131). En tal sentido, concluye que una estética decretada tiende a imponerse en las metrópolis y que el derecho a la ciudad ha quedado subordinado al derecho a la belleza: el derecho a la belleza para todos, más allá del derecho a la vivienda, es el signo de la vida urbana contemporánea (Amendola, 2000:132). 4 11 Así, si bien coincidimos con Yúdice cuando destaca el giro instrumental o utilitario que ha experimentado la esfera cultural, consideramos que esta última tiende a adquirir hoy un cariz coercitivo y normativo. Más exactamente, de recurso disponible para la construcción de ciudadanía, la cultura tiende a convertirse en un valor y, desde allí, en un imperativo o exigencia, vale decir, en un derecho que es necesario construir a fin de acceder al espacio urbano en la forma socialmente autorizada y moral-políticamente aprobada. Por consiguiente, quienes no lo construyan, no sólo verán limitada su capacidad de acceder a la ciudad y apropiarse de sus espacios, sino que también verán disminuida su condición de ciudadanos. 5 12 La idea de derecho a la cultura recupera, en síntesis, los aportes de Yúdice relativos al protagonismo que la esfera cultural ha adquirido en la contemporaneidad, aunque con las reformulaciones antes mencionadas sobre las sucesivas transformaciones experimentadas por aquélla (recurso/valor/derecho) reformulaciones que retoman, como ya lo desarrolláramos, los postulados de Amendola relativos al carácter obligatorio y coercitivo que la belleza y/o las actividades artístico-culturales poseen en las ciudades contemporáneas, carácter que de un valor las convirtió en un derecho-. De las viviendas llave en mano a los programas de autogestión 13 La edificación de viviendas de interés social bajo el formato de conjuntos habitacionales constituyó una tendencia que se registró inicialmente en Europa y América anglosajona (en los años 50-60), y con posterioridad en América Latina. Grands ensembles o cités en Francia, housing complex en EE.UU., multifamiliares en México, conjuntos habitacionales en Chile y monoblocks en Argentina son algunos de los nombres que identifican a los complejos construidos por iniciativa estatal en distintas ciudades del globo, los cuales se distinguen por algunos rasgos recurrentes: a) son espacios que delimitados o no por

5 barreras materiales se diferencian de su entorno; b) contienen un número de viviendas cuyo número es preconcebido e inalterable en sentido cuantitativo; c) ofrecen una o varias tipologías de vivienda; d) cuentan con espacios colectivos para un uso definido con anterioridad (Giglia, 1996). Si bien el Conjunto Urbano Soldati y el Complejo Habitacional Monteagudo no escapan a esta definición genérica, también poseen características específicas que son el resultado de los diferentes contextos históricos, políticas públicas y modalidades de intervención urbanística bajo los cuales se gestaron. La ciudad de Buenos Aires y sus barrios. Se han destacado los referentes empíricos de la investigación: los barrios de Villa Soldati y Parque Patricios 6 Fuente: elaboración propia El Conjunto Urbano Soldati 14 El Conjunto Soldati, con sus 3.200 unidades habitacionales repartidas en pabellones y torres articulados en trama, fue construido entre 1973 y 1978 por la ex-comisión Municipal de la Vivienda (CMV) como parte de una política de producción masiva de vivienda pública vigente en los años 70 también conocida como políticas de vivienda llave en mano. La adjudicación de los departamentos que componen el Complejo, tal como lo han bautizado sus residentes, se realizó en el marco de planes estatales orientados a disminuir el déficit habitacional de la ciudad de Buenos Aires y a satisfacer el derecho a la vivienda de los habitantes de villas de emergencia. 7 15 El relevamiento y análisis de los documentos elaborados por los organismos y programas involucrados en la realización del Conjunto Soldati ha puesto de relieve la pretensión civilizadora y disciplinadora de este proyecto de vivienda social, a través de cuya

6 concreción el Estado procuraba moralizar las pautas de vida de los grupos beneficiarios especialmente de la población oriunda de asentamientos marginales. 8 16 Los principios del urbanismo técnico-funcionalista fueron los lineamientos puestos en práctica para concretar esta vocación modernizadora e higienizadora subyacente en mega-complejos habitacionales como el Conjunto Soldati. Como observó Bauman (2003), los trazos rigurosos de esta modalidad de planificación (construcciones en altura de edificios idénticos, geométricos y austeros) evidenciaban una intención normalizadora y pedagógica: la voluntad política de homogeneizar, ordenar y corregir las condiciones de existencia de los futuros habitantes todos con procedencias distintas y variadas formas de vida. Eliminando posibles diferenciaciones cualitativas del espacio, los artífices del Conjunto Soldati esperaban borrar los vestigios de las historias singulares, anular las diferencias sociales y concretar las aspiraciones igualitarias de la modernidad. 9 17 Como hemos argumentado hasta aquí, mediante la gestación de emprendimientos como el Conjunto Soldati, el Estado aseguraba a los ciudadanos el acceso al techo propio, a la infraestructura y la inclusión urbana, vale decir, que se constituía como garante del derecho a la vivienda y del concomitante derecho a la ciudad. 10 Pero cabe entonces preguntarnos, a esta altura del relato, a quiénes estuvo dirigida esta operatoria, quiénes fueron los destinatarios de tamaña obra. El Complejo se fue poblando, entre 1974 y 1979, mediante la llegada de hombres y mujeres que reconocían una amplia diversidad de procedencias y trayectorias residenciales: grupos familiares provenientes de distintas modalidades del hábitat popular existentes en la ciudad de Buenos Aires (villas de emergencia y conventillos 11 ); inquilinos de diferentes barrios porteños compelidos por la decisión de la dictadura militar de liberar los alquileres en 1976; población desalojada por la construcción de obras públicas en distintos puntos de la urbe; empleados públicos que accedían por primera vez a la vivienda propia. La relación que los recién llegados establecieron con la nueva morada fue variable y se construyó sobre la base de sus específicas posiciones socio-económicas, de sus orígenes, de sus expectativas respecto de la mudanza y de las condiciones bajo las cuales se realizó esta última. 18 Así, para aquella población inscripta en formas pobres de hacer ciudad, el traslado se vivió como una transición desde una situación de marginalidad hacia una situación de integración urbana, claramente sintetizada por los dichos de una ex-habitante de una histórica villa de emergencia porteña: [ ] para nosotros el Complejo era un lujo. En contraposición, para entrevistados que se auto-adscribieron a la clase media, la mudanza fue vivida como un descenso social inesperado. Aun cuando el cambio implicó para muchos de ellos el acceso a su primera propiedad, la imposición de la nueva vivienda se tradujo en resignación y pragmática adaptación, sensaciones que se agudizaron al prolongarse en el tiempo lo que se pensaba como una etapa pasajera. 19 En el contexto de las políticas de producción pública y masiva de hábitat bajo las cuales se edificó el Conjunto Soldati, el destinatario era el último eslabón de un esquema centralizado de gestión: su participación en el proceso habitacional se limitaba tal como sucedió en el caso estudiado a la inscripción en un listado de la CMV, a la espera de la correspondiente asignación por sorteo (Rodríguez & Di Virgilio, 2008). La recurrencia, en las entrevistas mantenidas con los residentes del Complejo, de expresiones tales como nos tocó, nos salió, nos dieron, nos mandaron o nos trajeron, pone de manifiesto que la adjudicación fue mayormente vivida como un proceso aleatorio, impersonal y burocrático, regido por entidades del poder local con tendencia a proceder de modo poco previsible y asistemático: [ ] había todo una movida que salió en los

7 diarios, que se publicó, se llamaba a la gente para que se acerque. Yo me anoté en su momento y después de un año me llamaron y me dieron mi vivienda, esto estaba en obraje [ ] (Pablo, residente del Conjunto Soldati, abril de 2006). 12 Torres en altura del Conjunto Urbano Soldati Fuente: María Florencia Girola

8 Tiras bajas del Conjunto Urbano Soldati Fuente: María Florencia Girola El Complejo Habitacional Monteagudo 20 El Complejo Habitacional Monteagudo o mega-complejo según la denominación de sus moradores fue construido entre 2003 y 2007 por un movimiento político-social llamado Movimiento Territorial de Liberación (MTL). La obra, que cuenta con 326 viviendas, locales comerciales, un salón de usos múltiples y una plaza propia, fue edificada en el marco de una operatoria autogestionaria puesta en marcha por el Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires (IVC) y conocida con el nombre de Programa de Autogestión para la Vivienda (PAV). 13 21 El PAV es un programa de extensión de créditos hipotecarios para la edificación de viviendas o bien para la compra y refacción de viviendas deterioradas. Creado a instancias de la Ley 341 del año 2000, se dirige a individuos o familias que se encuentren en situación de emergencia habitacional y que se nucleen en organizaciones sociales mayores sin fines de lucro tales como cooperativas, mutuales o asociaciones civiles. El PAV constituye una intervención social focalizada construida en base a la noción de grupo problema o grupo vulnerable, como lo son los sectores que se encuentran en situación de calle y/o de emergencia habitacional. 14 22 Además de evidenciar el abandono de criterios universalistas en materia de política social y su reemplazo por políticas marcadamente focalizadas, el PAV resulta innovador en varios sentidos: 1. otorga créditos a agrupaciones colectivas como cooperativas de vivienda; 2. en virtud de su carácter autogestionario, el proceso de edificación de las viviendas es conducido por las mismas organizaciones sociales con financiamiento y supervisión del IVC; 3. marca una ruptura con las políticas habitacionales

9 características del Estado de Bienestar, materializadas bajo la modalidad de obra pública y basadas en criterios paternalistas. Se trata, pues, de una intervención que establece un quiebre con los programas de producción de viviendas llave en mano, en los cuales el proceso de edificación era asumido en su totalidad por el Estado, y en donde los beneficiarios o adjudicatarios se limitaban a recibir las viviendas terminadas y abonar las cuotas correspondientes, sin ningún tipo de intervención en dicho proceso (tal como ocurrió con el Conjunto Soldati). 23 El énfasis que el PAV coloca en la participación de las organizaciones sociales en el proceso de edificación de las viviendas, así como en la autonomía y libertad de la que gozan para llevarlo a cabo, da cuenta, al mismo tiempo, del predominio de algunos preceptos liberales. En este sentido, los funcionarios involucrados en la implementación del programa han remarcado frecuentemente que las organizaciones pueden elegir la forma asociativa que deseen darse, la ubicación física del terreno o inmueble a adquirir, el equipo técnico responsable de la obra y la estética de la construcción. 15 24 Pero al margen de los rasgos antes mencionados, el PAV posee una peculiaridad que se relaciona con su singular origen: es indisociable del proceso de organización y lucha de los sectores populares por reafirmar su derecho a la vivienda, en particular, y su derecho a la ciudad, en general. El diseño y la implementación efectiva de la Ley 341/00 y el PAV fueron, de hecho, producto de un sinuoso y conflictivo proceso en el que intervinieron distintas organizaciones sociales. Las sucesivas modificaciones que fue sufriendo la Ley 341/00 a lo largo del período 2000-2006 dan cuenta del intrincado y complicado origen y derrotero del PAV. Si bien aquí no ahondaremos en este largo proceso, sí nos interesa remarcar que la operatoria más exactamente, el modo en que se gestó expresa otro de los rasgos que definen, según algunos autores, a las políticas sociales contemporáneas: su sujeción a la capacidad de presión de los sectores populares. Como señala Rodríguez, los grupos problema afectados por diversas carencias sólo son atendidos en relación con su capacidad de presión. De no existir la misma, sus necesidades no logran tematizarse como tales y permanecen invisibles (Rodríguez, 2005:33). 25 El MTL fue, sin lugar a dudas, una de las organizaciones que contribuyeron a la efectiva implementación del PAV. Integrada por trabajadores desocupados y ocupados, se constituyó formalmente en 2001, auto-definiéndose como un movimiento político, social y territorial de lucha por la tierra y la vivienda. Más de la mitad de las personas que lo integran son inmigrantes de países limítrofes o latinoamericanos, como Bolivia, Paraguay, Chile y Perú (Thomasz, 2007). Si bien el MTL ha clamado por la extensión de todos los derechos sociales, desde sus orígenes centró claramente su lucha en el derecho de los sectores populares a la tierra y la vivienda. En palabras de una integrante del movimiento: [ ] mirá, cuando recién entré al movimiento, en realidad, llevábamos un ritmo de vida muy rápido, era de continuo, de continuo, parar desalojos, salir a luchar por comida, por comedores, por distintas cosas. Entonces ese trajín te llevaba, te iba apasionando cada vez más no? donde vos podías defender cualquier lucha que era del pueblo, vos estabas ahí (Dirigente del MTL, junio de 2005). 26 En el ámbito específico de la ciudad de Buenos Aires, el MTL se consolidó en estrecha vinculación con la agudización de la crisis habitacional que se registra desde los años 90. El movimiento se expandió en forma paulatina con el objetivo de crear soluciones habitacionales para sectores en situación de emergencia: familias residentes en inmuebles ocupados bajo amenaza de desalojo, en hoteles-pensión o villas de emergencia. En suma,

10 el MTL se ha constituido como un movimiento nacido al calor de la movilización callejera, los cortes de calles, las resistencias a desalojos y la ferviente defensa de los derechos sociales de la ciudadanía, en especial del derecho a la vivienda digna y definitiva de los sectores populares. Como resultado de dicho proceso de lucha y organización, la agrupación logró que el Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires le extendiera un crédito a través del PAV, que fue posteriormente aplicado a la construcción del Complejo Habitacional Monteagudo en el sector sur de Parque Patricios. Fachada del Complejo Habitacional Monteagudo Fuente: A. G. Thomasz

11 Pórticos de ladrillo a la vista Fuente: A. G. Thomasz Vista de la antigua fábrica restaurada Fuente: A. G. Thomasz

12 De la utopía del progreso a la relegación urbana: la inversión del ideal civilizatorio 27 En la sección anterior mencionamos que, mediante la edificación del Conjunto Soldati, el Estado procuró construir un emprendimiento modelo que materializaría valores e ideales tales como: el derecho a la vivienda y la infraestructura, la igualdad y la inclusión urbana, la integración social de los nuevos habitantes, la preponderancia de los espacios públicos y compartidos, el libre acceso y la circulación permanente. En efecto, el propósito de esta intervención de corte técnico-funcionalista fue plasmar una utopía urbanística que recogiera la vocación civilizatoria/de progreso propia de la modernidad. Sin embargo, las vivencias y prácticas cotidianas de aquellos residentes del Complejo contactados durante la investigación etnográfica nos han llevado a reflexionar, siguiendo a M. de Certeau (1996), sobre la distancia y/o desfasajes existentes entre el espacio producido (es decir, proyectado y planificado por arquitectos / urbanistas / autoridades políticas) y el espacio practicado (o apropiado por los hombres y las mujeres que lo colonizan diariamente a través de sus múltiples maneras de hacer). En este sentido nos interesa, a continuación, recuperar las voces de los actores para poner de relieve que desde la perspectiva de una buena parte de sus habitantes el Conjunto Soldati era vivido como un espacio urbano altamente relegado y devaluado. 28 Esta percepción se hacía evidente, por ejemplo, cuando los residentes comparaban el Complejo con otros espacios de la ciudad, resaltando fuertemente su segregación (Bernand, 1994), vale decir, su distinción en términos negativos: [ ] porque esto que se ve acá, no se ve en otros lugares [ ], o bien [ ] acá es un mundo aparte [ ] afirmaban al respecto dos entrevistadas. En verdad, podríamos sugerir, retomando a Goffman (1989), que esta obra emblemática de la modernidad y el progreso urbano se ha transformado en una suerte de símbolo de estigma. En la experiencia de muchos interlocutores, el hecho de residir en un conjunto de interés social se ha vuelto una condición inhabilitante de su plena aceptación social, levantando sospechas sobre los valores y los comportamientos de sus habitantes: [ ] la precariedad laboral empezó para Soldati ya por una cuestión geográfica, vos ibas a pedir trabajo y decías soy de Soldati y la gente se agarraba la cabeza y no te daba trabajo. Eso empezó en los ochenta y pico [ ] (Sergio, residente del Conjunto Soldati, marzo de 2004). 29 La mirada condenatoria provenía, con asiduidad, de los vecinos más próximos (es decir, del barrio de casas de Villa Soldati), frente a quienes algunos moradores del Complejo sentían la necesidad de probar su respetabilidad y altura moral: [ ] a veces en el barrio viejo te miran mal, no te discriminan ni te tratan mal, pero ah, vivís en el Complejo, bueno, y después con tu actitud les demostrás que no sos igual que otras personas [ ] (Débora, residente del Conjunto Soldati, diciembre de 2003). 30 En la acepción de Goffman (1989), el concepto de estigma posee una connotación eminentemente relacional. Como bien señala el autor, cuando un atributo desacredita a sus portadores, también confirma, en el mismo movimiento, la normalidad y/o el prestigio de los otros. Entre los habitantes del Complejo, este contrapunto asumía con frecuencia la forma de la compulsa inter-barrial: [ ] acá se desprendió un pedazo de cemento de la estructura y no se mató nadie de casualidad, seguro que si se cae un balcón en Palermo, lo arreglan enseguida y encima van los medios [ ] (Patricia, residente del Conjunto Soldati, noviembre de 2003). Estos ejercicios de cotejo siempre aludían a

13 espacios prestigiosos de la ciudad: barrios históricamente acomodados (como Barrio Norte, Belgrano o Recoleta), o bien ligados a sectores medios (Caballito y Parque Centenario), o que recientemente fueron objeto de iniciativas de renovación (como Palermo). 16 31 Pero las contrastaciones tampoco dejaban de lado a los barrios más próximos, al entorno de casas bajas que se procuraba desvincular de toda marca deshonrosa, reservada exclusivamente a las viviendas de interés social: [ ] Lugano tiene el mismo problema que Soldati, el Complejo está bastardeado y el resto del barrio es muy bonito, porque Lugano es precioso por fuera, pero andá a meterte en los edificios. Soldati en los alrededores es hermoso, hay unas casas, vos viste [ ] (Brenda, residente del Conjunto Soldati, enero de 2005). 17 Los ejemplos citados reafirman las observaciones de P. Bourdieu: El barrio elegante consagra simbólicamente a cada uno de sus habitantes permitiéndoles participar del capital acumulado por el conjunto de los residentes; al contrario, el barrio estigmatizado degrada simbólicamente a quienes lo habitan, los cuales, a cambio, hacen lo mismo con él, ya que, al estar privados de todas la cartas de triunfo necesarias para jugar en los diferentes juegos sociales, no comparten sino su común excomunión (Bourdieu, 1999:124). 32 Las maniobras comparativas que hemos analizado en su dimensión barrial también operaban a menor escala, por ejemplo, cuando los residentes parangonaban el Complejo con modalidades habitacionales poco valoradas socialmente. El juego de diferencias y parecidos solía abarcar a otros conjuntos urbanos, un procedimiento que siempre colocaba al Complejo en situación de desventaja: [ ] Copello es un poquito más caro, los departamentos son casi del mismo tamaño, pero se esmeraron un poco más en la construcción, en la fachada de los edificios, tienen buena señalización, cosa que acá no hay [ ] (Viviana, residente del Conjunto Soldati, julio de 2004). 18 En la equiparación con otras viviendas sociales, el Conjunto Soldati era posicionado en una cadena evolutiva de complejos habitacionales y, más precisamente, en la etapa intermedia de una secuencia que graficaba la progresión de los procesos de devaluación en las mega-obras de la aglomeración: Conjunto Piedrabuena, Conjunto Soldati y Fuerte Apache como epítome del abandono e ineluctable destino final. 19 33 Pero otras comparaciones igualmente significativas asomaron en el horizonte de representaciones de los entrevistados, tal como las que se desprenden de las siguientes citas: [ ] viste como si fuera cuando estudiábamos en el colegio los conventillos de La Boca, bueno igual, vos acá escuchás peleas porque salís al balcón, mirás hacia la izquierda y está el otro edificio. Se ve de edificio a edificio, de departamento a departamento [ ] (Ester, residente del Conjunto Soldati, mayo de 2005); [ ] esto es como un gallinero viste, tenés distintas razas [ ] (Graciela, residente del Conjunto Soldati, julio de 2005). La analogía con el conventillo remitía a la pérdida de privacidad, a los aspectos negativos del carácter colectivo de esta vivienda y a la cercanía espacial o proximidad física de sus unidades ( [ ] acá te ves, te guste o no, te ves [ ] sentenciaba un residente). Por su parte, la equiparación con el gallinero evocaba a través de una metáfora vinculada a la animalidad que expropiaba al Complejo de su condición de hábitat humano la mixtura sociocultural que lo caracterizaba, y que era producto de las diversas procedencias de sus pobladores. 34 En las representaciones de los entrevistados, la reunión de sujetos y grupos sociales distintos un ideal de mixtura propio de la modernidad no sólo no suscitaba consenso, sino que, por el contrario, despertaba profundos resquemores. En efecto, la yuxtaposición

14 de estilos de vida diferentes y recortados en virtud de múltiples criterios era directamente asociada al malestar residencial: [ ] el problema de Soldati fue la mezcla, juntar gente de la villa 31 con gente que sacaron de sus casas para hacer una autopista, por ejemplo, los de la villa son villeros y van a morir villeros. La mezcla fue un desastre [ ] (Malena, residente del Conjunto Soldati, marzo de 2004). 35 Para una amplia mayoría de los moradores contactados, la mixtura social había mutado en mezcla ; una auténtica categoría social/ nativa a la cual se apelaba para justificar el fracaso del Conjunto Soldati. 20 Esta palabra apareció una y otra vez a lo largo de la etnografía, tanto en las entrevistas en profundidad como en las conversaciones informales con los residentes, poniendo de manifiesto una significativa contradicción entre las pretensiones de la modernidad planificada y las concretas experiencias del habitar. Así, mientras que desde las primeras se pregonaban los efectos benéficos de la integración en la diferencia, en las segundas cristalizaban inferencias negativas sobre la mezcla : [ ] el error fue la mezcla de población, pensá que vinieron por el ensanche de la Av. 9 de Julio, del barrio YPF ahí en la villa 31, casos como el mío por contrato caído y que alquilábamos en Villa del Parque [ ] (Manuel, ex-residente del Conjunto Soldati, noviembre de 2003). Esta mezcla de culturas no sólo generaba descontento, sino que estaba en la base de la frecuente comparación del Conjunto Soldati con una singular modalidad habitacional: la villa de emergencia. 36 Con singular asiduidad, los entrevistados solían parangonar al Complejo con el hábitat por antonomasia de los sectores populares de la ciudad de Buenos Aires. Unas breves citas nos permitirán introducir este argumento: [ ] estos complejos es lo peor que pueden hacer, es como que es un cultivo, yo digo que debe ser como la villa pero para arriba [ ] (Elena, residente del Conjunto Soldati, abril de 2005); [ ] los monoblocks, hoy por hoy, son una villa de cemento. Es más, te digo que es mucho mejor la vida en la villa que la vida acá adentro, porque hay más espacio, tenés el patio, acá adentro no tenés nada [ ] (Matilde, ex-residente del Conjunto Soldati, septiembre de 2003). Como bien señaló Kessler (2004), barrio y villa se han constituido en el imaginario porteño como espacios de contornos nítidos, como polos opuestos de virtud y vicio: por un lado, la dignidad y la decencia del barrio; por otro lado, la indignidad de la pobreza en la villa. Más que simples tipologías habitacionales, ambos fueron concebidos como universos morales claramente diferenciados, asociados al progreso en un caso y a la promiscuidad en el otro. Si bien la presencia villera gravitó en el Conjunto Soldati desde el comienzo vinculada como ya hemos mencionado a la instalación de población expulsada de las villas miseria alimentando así su conflictiva mezcla de culturas, los testimonios coincidieron en señalar que la transmutación del barrio en villa se había concretado más recientemente. 37 Casi todos los interlocutores en especial quienes llevaban muchos años viviendo allí enumeraban las transformaciones negativas experimentadas por el Conjunto Soldati en los últimos tiempos, las cuales habían repercutido en un desdibujamiento de los límites simbólicos entre barrio y villa antaño estrictamente definidos. Este desvanecimiento era visualizado como una paulatina degradación de las condiciones de vida imperantes en el Complejo, de la sociabilidad vecinal y, por lo tanto, de la urbanidad entendida como el conjunto de normas y reglas que pautan el encuentro con el otro en el espacio público urbano (Giglia, 2000). En este sentido cabe mencionar, a modo de ejemplo, algunos de los procesos que daban cuenta, según los entrevistados, de esta mutación no deseada. 38 En primer lugar, el deslizamiento del barrio hacia la villa era sinónimo de un específico enroque poblacional: por un lado, el éxodo de los buenos vecinos, sintetizado en las

15 frases [ ] todo el que pudo se fue [ ], o bien, [ ] la gente buena se fue yendo toda [ ] ; por otro lado, el arribo de inmigrantes de otros países de la región especialmente bolivianos y peruanos. 21 En segundo lugar, la constitución del Conjunto Soldati como zona liberada (otra categoría social) reflejaba por parte de los residentes un aumento en la sensación de inseguridad como producto de hechos delictivos que ocurrían bajo la mirada indiferente o cómplice de la policía (robo de autos o departamentos, asaltos a mano armada en los espacios públicos del Complejo). 22 Cabe apuntar, en tercer lugar, que la constitución del Complejo como zona liberada se complementaba en las experiencias recogidas con su conformación como espacio prohibitorio categoría teórica elaborada por Z. Bauman (2005) vale decir, como un territorio inaccesible o al que sólo se ingresaba con el aval de terceros. Hemos reunido, en relación a este punto, testimonios que detallaron una larga lista de servicios o proveedores que no ingresaban: taxis y remises, ambulancias, recolectores de basura, técnicos de empresas privatizadas proveedoras de servicios (luz, teléfono o TV por cable) y correo entre los más nombrados. 23 39 Interesa comentar, en cuarto y último lugar, que los residentes solían emparentar el pasaje de barrio a villa con el abandono que sufrió el Complejo por parte de la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV), primero, y del Instituto de Vivienda (IVC), después. Si ya bajo las políticas llave en mano la CMV sólo se limitaba a la adjudicación de las unidades, desentendiéndose de su posterior mantenimiento, en el contexto de las reformas neoliberales de la década del 90, este desamparo institucional no hizo más que profundizarse: [ ] empezó todo el proceso famoso de descentralización donde las partes de autoservicio que prestaba la municipalidad a los barrios se fue descentralizando, empresas privadas y ahí olvídate viste?, o sea que el barrio en los 90 se terminó de hundir [ ] (Andrés, residente del Conjunto Soldati y empleado del IVC, agosto de 2005). 40 El abandono y el deterioro a los que aludía el entrevistado fueron formalmente reconocidos en agosto de 2001, cuando el gobierno local declaró la ley de Emergencia Ambiental y Edilicia del Conjunto Soldati, declaración que fue producto del reclamo y la movilización de un puñado de vecinos. En el marco de esta normativa todavía vigente se promovió la formación de una Comisión Barrial (integrada por cinco residentes) que, en conjunto con legisladores y funcionarios del IVC, formularon una propuesta para enfrentar los muchos problemas que aún aquejan al Complejo: falencias de ejecución, de uso y mantenimiento (fallas constructivas, falta de terminación de equipamientos interiores y exteriores, ausencia de planos generales de cañerías y de subdivisión catastral de las viviendas, falta de escrituración de las unidades, mal funcionamiento o inexistencia de los consorcios de administración). 41 A lo largo de este apartado, hemos visto que la degradación estructural del Conjunto Soldati, tanto social como edilicia, no sólo acarreó la inversión de los ideales civilizatorios del proyecto urbano moderno, sino que también incidió fuertemente en su constitución como rincón devaluado de la ciudad, como barrio signado por la relegación (con la concomitante insatisfacción de sus residentes respecto del cumplimiento de su derecho a la vivienda y a la ciudad). El sociólogo francés J. Donzelot (1999 y 2004) ha utilizado el término relégation para referirse a los grandes complejos habitacionales localizados en las banlieues francesas. Aquí nos interesa recuperar esta categoría analítica para dar cuenta del derrotero que experimentó esta vivienda social porteña: de ícono de la inclusión y el progreso a lugar emblemático del malestar urbano y la crisis de urbanidad

16 (Giglia, 2000); un recorrido que atestigua la presencia de agudos procesos de segregación socio-espacial en la ciudad de Buenos Aires. 24 42 De la inversión del ideal civilizatorio a la emergencia de nuevas utopías 43 Como fue demostrado en el apartado precedente, si bien el potencial civilizatorio y moralizador ligado al acceso a una vivienda de interés social operó como un ideal que efectivizaría simultáneamente el derecho a la ciudad, en la práctica estuvo lejos de plasmarse y concluyó, como en el devenir del Conjunto Soldati, transmutando en estigma. En esta sección, interesa poner de manifiesto la relevancia que el derecho a la cultura ha adquirido en el contexto urbano contemporáneo. Para ello, nos valemos del análisis de algunos aspectos y fenómenos vinculados a la edificación del Conjunto Habitacional Monteagudo. El MTL y el desarrollo de una incipiente política cultural propia 44 En el año 2003 el MTL se instaló en el terreno de más de una hectárea que había adquirido en Parque Patricios con el propósito de iniciar la edificación de un complejo habitacional. Pero su inserción en este sector empobrecido de la ciudad no fue un proceso sencillo ni carente de conflictos. Dados los fuertes estigmas que en la ciudad de Buenos Aires pesan sobre la tipología edilicia complejo habitacional, la resistencia y la oposición de los vecinos previamente establecidos en el barrio no tardó en manifestarse abiertamente. Así, el MTL fue acusado por los antiguos vecinos de la zona de querer construir un gueto, una villa de cemento, una pajarera, un aguantadero, 25 un hacinamiento o un nuevo Fuerte Apache 26 en el corazón de Parque Patricios sur. 45 A pesar de las enérgicas protestas, el MTL logró comenzar el proceso de construcción del Complejo Habitacional Monteagudo en el año 2004. Al poco tiempo de iniciadas las obras, se conformó en el seno del movimiento una Comisión de Cultura responsable de organizar una serie de encuentros o festivales con diversos motivos: el evento Día de las Américas orientado a recuperar expresiones culturales de los diferentes países latinoamericanos de los que proceden buena parte de los miembros del MTL; la celebración del aniversario de la Independencia del Perú y el día la Pachamama, entre otros. En todos estos encuentros, el predio en donde se construían las viviendas fue adornado con globos, guirnaldas y banderas, mientras que las actividades culturales desarrolladas fueron sumamente variadas. 27 46 Entre las motivaciones que llevaron a los integrantes del MTL a organizar estos eventos se encontraba el deseo de entablar relaciones sociales más amenas y pacíficas con los vecinos de Parque Patricios, a quienes se invitó a concurrir y participar de los encuentros culturales. En este sentido, en las reuniones preparatorias de los festivales, los miembros del MTL remarcaban que dichas actividades se convocaban con la intención de presentarnos y abrirnos al barrio, que nos conozcan, que se acerquen y conozcan el proyecto nuestro, compartir experiencias e integrarnos con el barrio de Parque Patricios, favorecer la integración con la zona sur en general. De este modo, el despliegue de una política cultural por parte del MTL respondía a los designios de favorecer y fomentar la integración con el barrio de Parque Patricios, de diluir los estigmas y debilitar las imágenes peyorativas frecuentemente asociadas a la categoría complejo habitacional. Siguiendo a Yúdice (2002), es posible afirmar, entonces, que la

17 agrupación se valió de la cultura como un recurso al que apeló con el fin de promover la integración socio-urbana, legitimar su presencia en Parque Patricios, apaciguar conflictos y fortalecer el vínculo social (Thomasz, 2007). El proceso de estetización del complejo habitacional 47 Mediante la expresión proceso de estetización nos referimos a un conjunto de iniciativas que han procurado embellecer y acentuar la impronta estética que sustentó el diseño y la edificación del Complejo Habitacional Monteagudo. En primer lugar, cabe remarcar que el MTL confió el diseño de la obra a un renombrado estudio de arquitectura, responsable de la remodelación de algunos elegantes centros comerciales porteños. En segunda instancia, es interesante notar que el Complejo Monteagudo fue concebido y proyectado tomando como contrapunto no deseado a los mega-conjuntos habitacionales funcionalistas que, como ya señaláramos en relación al Conjunto Soldati, son frecuentemente relacionados con la proliferación de un sinnúmero de patologías urbanas. En tal sentido, la escasa altura de los once edificios que componen el Complejo Monteagudo, su disposición, su innovador estilo arquitectónico y su particular aspecto exterior contrastan agudamente con los conjuntos de interés social típicos de la modernidad. Tal como reconocen los arquitectos responsables del proyecto, no queríamos reproducir un Fuerte Apache, queríamos distanciarnos del lenguaje de los monoblocks, de las cajas anónimas. 48 Otra particularidad del proyecto se relaciona con la preservación de un sector de la antigua fábrica que se levantaba anteriormente en el lugar: un edificio de ladrillo a la vista y tipología industrial, cuya fachada fue restaurada y su interior reciclado. En consonancia con esta iniciativa, los hacedores del Complejo Monteagudo también decidieron incluir ladrillo a la vista en los frentes de las nuevas tiras de edificios. El proyecto diseñado contempló, asimismo, el emplazamiento de una plaza pública con bancos, faroles y sectores parquizados (colocación de canteros y plantas, abundantes árboles y vegetación). El proceso de estetización se completó con detalles tales como: la incorporación de techos a dos aguas levemente inclinados en los pisos superiores de las tiras imitando la tipología chalet, la confección de dos vistosos murales en los patios internos, la pintura final de todo el conjunto en colores pastel pálidos, tenues y delicados (rosado, lila, lavanda y amarillo). Una cromática general cálida, según palabras de los arquitectos. 28 49 En síntesis, a fin de embellecer su emprendimiento, el MTL recurrió a tres elementos propios del urbanismo escenográfico que predomina en las formas contemporáneas de hacer ciudad (Amendola, 2000): el patrimonio histórico (mediante la preservación de un sector de la antigua fábrica); la naturaleza (a través de la incorporación de espacios verdes); el color (por medio de los murales y la pintura final de todo el conjunto). Si bien en un primer momento el MTL apeló a la cultura como un recurso para disputar su lugar en el espacio urbano de Parque Patricios, en un segundo momento, la inquietud por poner en escena una variada riqueza cultural en el marco de los festivales, por dotar de un patrimonio histórico a la edificación e imponerle ciertos colores y cánones estéticos fueron adquiriendo mayor gravitación y perfilándose como preocupaciones centrales de la agrupación. Así, tales designios fueron apareciendo cada vez más como ideales o valores a los que el movimiento debía aproximarse y adecuarse a fin de legitimar la obra en construcción y obtener reconocimiento social.

18 El acto de inauguración 50 El día de su inauguración, 15 de marzo de 2007, el Complejo Monteagudo fue engalanado con globos y banderas para recibir a las autoridades del gobierno porteño. Los miembros del MTL participaron del acto llevando un prolijo pañuelo rojo y negro al cuello, y vistiendo remeras blancas con la inscripción Proyecto Monteagudo 2007. Creando poder popular. MTL. Hacia el mediodía profirieron sus discursos el máximo dirigente del MTL y el jefe de gobierno de la ciudad. Vale la pena citar algunos pasajes de aquellos discursos: Iniciamos esto en el marco de las condiciones más adversas, cuando pocos creían que era posible que un puñado de desocupados pudiera llevar adelante este magnífico Complejo. Este magnífico Complejo que rompe con la idea de que la vivienda popular, de que los barrios populares, deben ser feos, que incorpora la belleza a la vivienda popular, que aspira a constituirse en un pedazo del barrio de Parque Patricios [...] Creemos en la necesidad de construir una ciudad para todos y trabajamos para ello. Cuando nosotros iniciamos este proceso, cuando cruzamos el portón de la vieja fábrica que había acá, sin otro elemento más que una maza y un cortafierro, muchos presumían que marchábamos hacia el fracaso [...] (Carlos Chile Huerta, dirigente del MTL). 51 Por su parte, el entonces jefe del gobierno local expresó: Hoy ustedes nos muestran un camino, han transformado la nada en viviendas. Y no cualquier vivienda: han logrado borrar ese prejuicio de discriminación que piensa que los barrios populares tienen que ser feos. La única transformación real, revolucionaria de una sociedad es cuando todos accedemos a lo que es justo y a lo que es lindo y a lo que es bello. Si hay algo que tiene que ser más lindo que nada, más espléndido y luminoso que cualquier otro rincón de la ciudad de Buenos Aires, son los lugares que le pertenecen al pueblo y su espacio público [...] Nosotros hace pocos días firmamos con otra organización, Madres de Plaza de Mayo, un acuerdo que nos va a permitir construir viviendas de estas calidades, bellísimas nuevamente. Las viviendas en las que cualquiera, desde un presidente hasta un barrendero, podría vivir (Jorge Telerman, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires). 52 En ambos discursos, la belleza se presenta como un valor que iguala a todos los ciudadanos, más allá de su condición de clase, y como un atributo que el Conjunto Habitacional debe detentar si aspira a integrarse material y simbólicamente a la ciudad de Buenos Aires. 53 A nuestro entender, la experiencia del MTL nos permite afirmar que, en la actualidad, el acceso a la vivienda no implica en forma directa ni automática el derecho a la ciudad. Hemos argumentado, en este sentido, que si bien la construcción del Complejo Monteagudo garantizó a los integrantes del MTL el acceso a la vivienda en términos materiales y jurídicos, no les garantizó simultáneamente su concreción del derecho a la ciudad prueba de ello ha sido el rechazo que experimentó la agrupación cuando quiso establecerse en el barrio de Parque Patricios. A fin de concretar su derecho a la ciudad, el MTL no sólo tuvo que construir un complejo habitacional, sino que debió, además, encantar el espacio urbano en cuestión, dotarlo de actividad cultural, embellecerlo, construir consenso y legitimarse ante el resto de la sociedad en pos de disipar juicios condenatorios ampliamente extendidos sobre las viviendas de interés social, en general, y sobre la tipología de los monoblocks, en particular.

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