EVOLUCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS

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EVOLUCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS ROBERT MANTRAN Universidad de Aix-en-Provence 1. Problemas de la descolonización DESDE EL TÉRMINO de la segunda Guerra Mundial el mundo se ha visto continuamente sacudido y conmocionado por una serie de graves acontecimientos políticos, por una profunda evolución que ha dado lugar particularmente al nacimiento, a menudo doloroso, de numerosos estados independientes. Dicho nacimiento se ha operado en contra de las potencias coloniales, en especial contra Francia e Inglaterra, que han constituido las potencias "colonialistas e imperialistas" más representativas. En el estudio de la descolonización nos limitaremos voluntariamente al campo geográfico de África del Norte, terreno donde la colonización ha sido más marcada y, también, el teatro de las más violentas explosiones en contra del colonialismo. Además, los franceses no han ejercido en ella tan sólo una influencia lingüística y cultural, sino también política por la formación del personal dirigente y económica por el establecimiento de lazos estrechos entre las economías francesa y magrebí. Fue necesario que transcurriera casi un siglo para que los colonizadores franceses pudieran controlar el Magreb en su totalidad. Algunas fechas lo atestiguan: 1830, toma de Argelia; 1881-83, establecimiento del protectorado en Túnez; 1911-12, inicio del protectorado francés en Marruecos. En cambio, únicamente en el curso de ocho años (1954-1962), los tres países de África del Norte lograron su independencia. Sin embargo, la dominación francesa, en los terrenos político, económico y humano, fue conducida con tenacidad y no sin ciertos éxitos aparentes. El régimen del protectorado, impuesto sobre Túnez en 1883 y en Marruecos en 1912, fue considerado por los juristas de fines del siglo xrx como un "método de colonización": el pro- 224

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 225 tectorado es una restricción, una limitación que el conquistador se impone a sí mismo por razones de conveniencia política, diplomática y económica, pero sin comprometer su meta final que sigue siendo la ocupación real del territorio con miras a su anexión y su asimilación. Así, en una tesis de derecho de 1897 acerca del protectorado tunecino, se puede leer lo siguiente: "El régimen actual no puede ser definitivo. Consiste en una incesante expansión de la influencia francesa; la acción de Francia se vuelve cada vez más directa en la práctica... Nos parece que la anexión es el arma de esta lenta evolución." No obstante, esta concepción anexionista no fue nunca aplicada totalmente, y hasta es posible señalar que en Marruecos Lyautey daba una definición mucho más liberal y evolutiva del protectorado: "El concepto del protectorado es el de un país que mantiene sus instituciones, se gobierna y administra a sí mismo, con sus propios órganos, bajo el simple control de una potencia europea que lo sustituye en su representación exterior, toma a su cargo generalmente la administración de su ejército y de sus finanzas y lo dirige en su desarrollo económico; lo que domina y caracteriza a esta concepción es la fórmula del control en oposición a la fórmula administrativa directa." (Informe del 3 de diciembre de 1920.) Este protectorado respetuoso y paternalista concebido por Lyautey fue todo un éxito y se impuso también a Túnez. Lyautey veía mucho más allá de su tiempo; en agosto de 1920 escribía: "No en vano se han lanzado a todo el mundo las fórmulas del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos y las ideas de emancipación y de evolución en un sentido revolucionario. No es admisible creer que los marroquíes escapan o escaparán durante mucho tiempo a este movimiento general." Y declara posteriormente: "es posible prever que en un tiempo más o menos lejano, el África del Norte, evolucionando dentro de su vida autónoma, se desligará de la metrópoli." Estas concepciones de Lyautey fueron abandonadas o rechazadas por sus sucesores en Marruecos y por los residentes franceses en Túnez. El régimen de administración directa, tanto en el nivel gubernamental como en el nivel local, se estableció con la participación de funcionarios franceses separados de su antigua administración, y bautizados para el efecto como "funcionarios jerifianos" o "funcionarios tunecinos". Las decisiones

226 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 esenciales, en todos los terrenos, eran tomadas por los administradores franceses. Más aún, la colonia francesa, importante y dinámica representada en Túnez y Marruecos por varios cientos de miles de personas, creía su deber participar en el gobierno y la administración del país: así es como fueron instaurados un Consejo de Gobierno en Marruecos y un Gran Consejo en Túnez, que tomaron la costumbre de considerarse como pequeños parlamentos con derechos sobre la conducta del gobierno. Finalmente, dichos Consejos se transformaron en una institución tunecina y otra marroquí, en las cuales participaban franceses e indígenas por partes iguales. En la misma forma, la administración municipal estaba manejada en buena parte por los franceses. En lugar de respetar la nacionalidad tunecina o marroquí llegaron a introducir tal cantidad de ciudadanos franceses que la situación tomó visos de co-ciudadanía. Los tunecinos fueron los primeros en reaccionar contra esta intrusión. Poco después de la primera Guerra Mundial el Partido Tunecino presentó, en 1920, ciertas peticiones justificadas que fueron durante largo tiempo la base de las reivindicaciones de los tunecinos y que consistían en una mayor responsabilidad en la dirección y la gestión de los asuntos de su país, sin por ello rechazar en su totalidad las representaciones francesas en Túnez. Las reinvindicaciones marroquíes aparecen a partir de 1934 con el plan de reformas de Allal el-fassi y de Ouezzani. Sin embargo, aun después de la segunda Guerra Mundial, no había sido ofrecida ninguna satisfacción a las reivindicaciones ni de Túnez ni de Marruecosc, ya que los colonos franceses se oponían tenazmente a toda evolución política que favoreciera a los autóctonos. En Argelia el régimen era diferente puesto que el país era considerado como territorio francés y estaba constituido por varios departamentos concebidos bajo el modelo de los de la metrópoli; por lo tanto, era un territorio asimilado jurídicamente a la República Francesa y administrado directamente por ella. Por otra parte, la población francesa y europea estaba mucho más desarrollada (en 1961 los franceses sumaban un millón contra alrededor de diez millones de argelinos). Sobre esta tierra que ellos consideraban francesa, los europeos se convirtieron en ciudadanos privilegiados, aprovechándose de las ventajas económicas, de su nivel más alto de instrucción y del apoyo de los pode-

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 227 res públicos. Argelia es el ejemplo típico de la colonización directa tendiente a lograr una asimilación en apariencia total. Resulta difícil determinar el momento en que los argelinos se unieron a sus vecinos de Túnez y Marruecos en la reivindicación de la independencia. El sociólogo demuestra, sin gran esfuerzo, que el proceso de asimilación no triunfó nunca y que a lo sumo es posible hablar de una cohabitación entre la población europea y la autóctona, que siguieron siendo casi por completo heterogéneas. El historiador puede hacer retroceder la primera reivindicación nacional argelina a 1936, con ocasión de una polémica entre Ferhat Abbas, quien negaba la existencia de una nación argelina, y el jeque Ben Badis, el cual afirmaba su existencia. La influencia del colonizador no sólo se manifestaba en la imposición de un régimen político servil. Dicha influencia se da en dos terrenos en donde el término descolonización no está fuera de lugar. El primero es el intelectual. La ocupación militar de los tres países de África del Norte fue seguida por una ocupación civil, y a medida que la población de origen europeo aumentaba, se le ofrecían más medios de educar y de instruir a sus hijos a través de escuelas y liceos, en tanto que se descuidaba el desarrollo de las escuelas indígenas, de manera que las élites locales, la burguesía formada por comerciantes y funcionarios sin dejar de usar el árabe como lengua familiar enviaba a sus hijos a las escuelas francesas para que pudieran participar en el desarrollo intelectual. Después de los estudios secundarios, cierto número de jóvenes continuaba sus estudios en las universidades francesas, en París o en la provincia. La mayoría de ellos, entre las dos guerras, no hablaba sino el francés, en perjuicio de la lengua árabe, y conocían la cultura y civilización francesas mucho mejor que la cultura y la civilización árabe-islámicas. Se dio un fenómeno de desculturización y de colonización intelectual. A ello se auna el hecho de que gran cantidad de estos jóvenes se nutrían de ideas políticas francesas o europeas, que en ocasiones estaban lejos de las realidades del mundo árabe-musulmán. En segundo lugar está el terreno económico. Aunque los países del África del Norte son pobres en materias primas, guardan algunas en menor o mayor cantidad: fosfatos, hierro, un poco de carbón, etc., y, más recientemente, petróleo. Estas

228 ESTUDIOS ORIENTALES III: 3, 1968 materias primas han sido explotadas por sociedades en su mayoría francesas y por algunas europeas o internacionales; pero la explotación se ha limitado a la extracción. La transformación se efectuaba en Francia y los productos procesados se reexpedían a África del Norte; solamente los fosfatos se procesaban en el lugar de extracción. No consta la existencia de ninguna gran industria local de origen indígena; las grandes sociedades francesas, por el contrario, instalan sucursales o anexos en África del Norte, pero todas están dirigidas desde la sede social, en Francia, y naturalmente los beneficios vuelven a la sociedad madre. Es decir, hay una verdadera colonización industrial y comercial. En lo que concierne a la agricultura, es sabido que los colonos franceses se apropiaron, gracias a la complicidad del gobierno, de las mejores tierras, las más productivas y las mejor distribuidas en los países de África del Norte, desplazando hacia las Altas Mesetas, la montaña o la estepa a los antiguos campesinos indígenas. La colonización agrícola francesa introdujo, por una parte, métodos industriales de cultivo y, por otra, nuevos cultivos que fueron desarrollados considerablemente (trigo, cítricos, viñedos, hortalizas y frutas tempranas) y cuya producción, abundante y realizada por una mano de obra mal pagada, estaba destinada a los mercados franceses o del occidente de Europa. Esta actividad fue la primera en ser desarrollada y dio lugar a la colonización y después al colonialismo. Ésta es la situación en la que se habrían de desencadenar sucesivamente en África del Norte, primero en Túnez, después en Marruecos y finalmente en Argelia, los movimientos en contra del poder colonial. Antes de los años 1930-36, los regímenes locales pudieron sacar partido en menor o mayor medida del acuerdo con que los colonizados aceptaron la dominación del colonizador extranjero. No obstante, después de estas fechas, a medida que los colonizados rehusan su consentimiento, su acuerdo, el poder se apoya cada vez más en la única forma de consentimiento que le queda, la de los colonos, y se ve obligado a recurrir a la fuerza metropolitana. Se entra entonces a un círculo vicioso: la participación de esa fuerza metropolitana, deseada ardientemente por los colonos, que ven en ella una garantía de la defensa de sus privilegios, e impide la posibilidad aun cuando la quisieran sinceramente de emprender las

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 229 reformas que hicieran factible el consentimiento de los colonizados. Así se explican, en Túnez, el fracaso de la política de Mendés-France en 1954; en Marruecos el fracaso de la experiencia Grandval en 1955, y los fracasos sucesivos en Argelia, de Soustelle en 1955 y de Lacoste en 1957, los que terminaron uniéndose con los colonos. La descolonización aparece como la consecuencia de una disgregación ineludible del poder de origen metropolitano; de manera que la propia metrópoli no pudo ni siquiera imponer a dos comunidades un programa pacífico de descolonización. Dicha descolonización tomó una forma violenta, tanto más violenta cuanto mayor era la integración. Aislada del mundo, tal vez la situación de Francia en África del Norte no habría podido ser modificada con gran rapidez; pero los estados de África del Norte nunca dejaron de pertenecer, a pesar de su condición de protectorado o colonia, al terreno de las relaciones internacionales. África del Norte no es Francia y nunca lo fue, aseveración que resulta verdadera tanto para los protectorados tunecino y marroquí como para Argelia. La idea de una Argelia francesa, realizada jurídicamente, nunca existió de hecho. El Magreb no podía convertirse en Francia porque sociológicamente pertenece a otro mundo, el de la civilización árabe-islámica, y porque, económicamente, pertenece a la categoría de los países subdesarrollados. A pesar de la oposición francesa y de otras potencias coloniales que sostenían que sus relaciones con sus colonias eran de su exclusiva incumbencia, la Organización de las Naciones Unidas intervino constantemente en los asuntos coloniales y expresó finalmente sus puntos de vista en la resolución 1514 del 14 de diciembre de 1960: "La Asamblea General de las Naciones Unidas proclama solemnemente la necesidad de terminar rápida e incondicionalmente con el colonialismo en todas sus formas y bajo todas sus manifestaciones." En lo sucesivo la descolonización debía efectuarse bajo el control de la comunidad internacional. La técnica de los nacionalistas para llegar a su objetivo, la independencia, varió según el país. En Marruecos y en Túnez, después de la movilización de la opinión y algunos choques, la técnica de la negociación tal como lo quería Habib Bourguiba hizo posible superar sucesivamente las etapas y lograr, sin demasiadas dificultades, la independencia. En Argelia, la

230 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 operación fue mucho más onerosa y más violenta, debido a la naturaleza del régimen argelino y a la oposición de los europeos en Argelia. De ahí que se recurriera a la revolución y a la guerra, que se fue endureciendo cada vez más hasta el momento en que una gran mayoría de la opinión francesa, manifestada en un referéndum, impuso el fin de la guerra y el otorgamiento de la independencia. Una vez que los tres países hubieron obtenido su independencia, quedaron aún problemas mayores que resolver: escoger un régimen político y descolonizar. Los nuevos estados experimentan la tentación de borrar el pasado y dar testimonio de su independencia, individualidad y originalidad. Uno de sus primeros actos es el de promulgar una Constitución; pero es necesario hacer constar que el empleo de una terminología occidental puede dar lugar a contrasentidos en la interpretación y en el análisis de los regímenes instituidos en países musulmanes. Los estados árabes no son estados occidentales, y si bien es cierto que pertenecen como muchos otros al Tercer Mundo, provienen de una muy antigua familia política con una larga experiencia del poder y de la vida internacional. Ciertamente, el paréntesis colonial reprimió durante varios decenios el derecho público musulmán, que dejó de ser practicado, estudiado y enseñado. La autoridad colonial hizo laico un poder que en otro tiempo había sido fundamentalmente teocéntrico, no dejando al derecho tradicional más que el estatuto personal, es decir, el sector de los derechos civiles. El colonizador, habiendo encontrado un poder y una administración que aún funcionaban sobre bases medievales, pensando que las instituciones de derecho público islámico estaban ya superadas, impuso pura y simplemente las suyas. Durante el desorden institucional de la independencia, los estados árabe-musulmanes pensaron naturalmente, en reacción contra Occidente, recurrir a la ciudad musulmana ideal, que nunca había sido olvidada por completo y que era ahora reivindicada por los escritores nacionalistas. Pero no se trata de volver a la Edad Media o al califato. Y aunque no fuese oportuno reconocerlo en el momento de la independencia, los medios dirigentes árabes tienen conciencia de la contribución del Occidente y no ignoran que la modernización y la prosperidad de

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 231 sus países exige las técnicas occidentales. Admiten, implícitamente, que el mundo vive al paso de Occidente y se someten a las formas políticas que Occidente les ha impuesto: de ahí el que se adopte una Constitución democrática escogida entre algunos modelos occidentales que oscilan entre un régimen parlamentario y uno presidencial. La apariencia constitucional es en los países árabes generalmente de tipo occidental. Entre el sueño medieval y la adopción de una constitución moderna existe una realidad que captó muy bien Benhamouda, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente argelina: "El mundo árabe-islámico se encuentra acosado por múltiples corrientes: la idea de Occidente como símbolo de progreso; los regímenes del Este, considerados como el paraíso terrenal, y olvida el rico patrimonio que tiene en sí mismo, el Islam." Esta referencia al Islam, a la tradición política árabe-musulmana, es la primera que se invoca en los días posteriores a la independencia, ante la construcción de un nuevo estado: hay una reacción contra el ostracismo que sufrió el Islam durante la época colonial, es el desquite contra una sociedad cristiano-occidental, pero también, y sobre todo, es un retorno a las fuentes espirituales e intelectuales del mundo árabe. En las constituciones o proyectos de constitución adoptadas, el sistema político árabe-musulmán se ha sobrepuesto a una estructura moderna, obteniéndose así ciertas equivalencias: umma / pueblo, ulamá / partido dominante, shüra / asamblea, ijmá / elecciones, bayo a / referén c c dum, za im / jefe o presidente. c De esta manera, en la primera fase se da primacía a los problemas políticos. Dichos problemas no son fáciles de resolver, menos aún de una manera realmente auténtica, ya que, a pesar de todo, los nuevos dirigentes están por lo que concierne a África del Norte profundamente impregnados de cultura francesa y de educación política francesa: muchas veces sus reflejos se parecen más a los de un francés que a los de un tunecino, marroquí o argelino. Por otra parte, la salida, ya sea lenta o rápida, de los antiguos funcionarios de origen francés creó vacíos que no son fáciles de llenar, sobre todo en los niveles altos, debido a la falta de personal calificado en estos nuevos estados, principalmente en Argelia: el funcionamiento de la administración fue alterado durante un período más o menos largo. Además había que satisfacer a aquellos que habían par-

232 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 ticipado en el movimiento de independencia, sea en el ejército o dentro del partido; había que luchar también contra el desempleo creando puestos de funcionarios o de personal asimilado a ellos. Esto explica la inflación que se da en los tres países del África del Norte: en Túnez, el número de agentes públicos y militares pasó de 12 000 en 1955 a 80 000 en 1960; en Marruecos, de 70 000 en 1955 a 260 000 en 1964; en Argelia, de 30 000 en 1955 a 300 000 en 1963. La segunda etapa es la de la descolonización económica. Las dificultades económicas, lejos de desaparecer con la independencia, abren una segunda fase del colonialismo: la independencia política parece insuficiente en tanto continúe la dependencia económica; ésta permite seguir atribuyendo al extranjero la responsabilidad de una situación difícil. Dicha fase llega a su fin después de las nacionalizaciones, la recuperación de las tierras y la salida de los extranjeros. En este momento, los dirigentes árabes se enfrentan con su pueblo como únicos responsables de la política económica a seguir. El nacionalismo entra en una tercera fase: "Ya no ataca solamente al extranjero, acusado de mantener al país bajo una dependencia económica, sino también a ciertas capas sociales del país, acusadas de aliarse al capitalismo extranjero" (J. Y. Calvez). Unos años después de la independencia los países árabes han llegado a esta tercera etapa y a su gran problema, la elevación de su nivel de vida. En África del Norte se pueden distinguir a grandes rasgos tres períodos durante la colonización. El primer contacto con las técnicas occidentales se dio inmediatamente después de la instalación del colonizador, lo que ocasionó un rápido crecimiento (de 2 a 3 % en la agricultura y de 3 a 6 % en la industria). Tras este desarrollo excepcional que se puede explicar por la explotación de las tierras más productivas y por las realizaciones económicas más accesibles y rentables los países magrebíes colonizados continuaron desarrollándose a un ritmo más lento hasta el fin de la segunda Guerra Mundial. Por último, el período inmediatamente anterior a la independencia fue un período de euforia económica en el Magreb. De esta manera, la colonización representa un período de innegable crecimiento, aunque el país no se beneficie directamente como pudiera creerse, sobre todo cuando, como en el Magreb, la colonización toma la forma de poblamiento y un

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 233 empleo de cada tres es ocupado por no musulmanes. Esta economía moderna y occidental vive al margen del país y está orientada principalmente a las ciudades y a la metrópoli; la agricultura se basa también en esta estructura dualista: aunque las tierras de colonización no cubren sino un tercio de la tierra cultivable del Magreb, ellas ocupan las superficies más productivas y sus producciones son, con mucho, las más rentables y las de mayor expansión. Sin embargo, el país se beneficia indirectamente con las transformaciones de la infraestructura y con los salarios ofrecidos a la mano de obra musulmana; se beneficia sobre todo una vez que ha salido el colonizador, al heredar el activo dejado en el país y todos los empleos vacantes abandonados por los europeos. La recuperación de las tierras y de las empresas más importantes se hace por medio de rescates sucesivos, como ocurrió durante algún tiempo en Marruecos y en Túnez, o mediante la nacionalización brutal e integral, como en Argelia en el otoño de 1962 y en Túnez en 1964. Cuál ha sido el resultado? Bajo el impulso de la colonización, Túnez y Marruecos vivieron unos años de euforia y de facilidad inmediatamente después de la independencia. Argelia constituye la excepción, desangrada por la guerra y por la salida masiva de los europeos, declinando terriblemente a partir de 1963. Después de esta época, los países descolonizados entran a una fase de depresión. El descenso de las inversiones es notable; los europeos, ante la perspectiva de posibles nacionalizaciones, de dificultades sociales, de la desaparición de los mercados de sus empresas y, finalmente, de su partida, no invierten y se esfuerzan por repatriar sus capitales a la metrópoli. Se advierte, por otra parte, una baja en la capacidad de autofinanciamiento de algunas empresas, debido a la disminución de la actividad y de la productividad, a una elevación de las tasas de los salarios superior al incremento de la productividad, al aumento de los impuestos, etc. La fuga de las inversiones se explica también por la baja del ahorro de las familias, por el hecho de que desapareció la clase que más ahorraba, la de los europeos; aunque el ahorro existe todavía, en lugar de ser invertido es exportado. El Estado se ve obligado a introducir una serie de reformas que tienen como consecuencia desalentar totalmente a los capitales privados: creación de una moneda nacional, control del cambio,

234 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 organización del sistema bancario nacional. Estas medidas son irreversibles y contribuyen a orientar al Estado hacia una política intervencionista y socialista, aun cuando al principio, como fue el caso de Túnez y Marruecos, haya pretendido ser liberal. El aumento considerable de los gastos administrativos de funcionamiento es otro aspecto inquietante de la crisis: la independencia ha conferido al Estado cargas que antes eran responsabilidad del colonizador, en especial las del ejército y la diplomacia. Aunque la proliferación de los empleos administrativos haya sido enorme, los problemas de un desempleo parcial o total están lejos de haber sido resueltos. Túnez necesita actualmente crear 300 000 empleos: no le ha sido posible crear más de 7 000 en tres años. Como el costo medio de la creación de un empleo industrial se calcula en cerca de 10 000 dinares, la creación de estos 300 000 empleos (3 millones de dinares) representan más de siete veces el producto nacional bruto de Túnez. (400 millones de dinares.) A este respecto cuantitativo del problema de la mano de obra se añade un aspecto cualitativo que se manifiesta en elementos contradictorios. Los musulmanes sustituyeron a los europeos que salieron en forma masiva sin que hayan logrado alcanzar todavía su mismo nivel de competencia, lo cual explica el estancamiento de la producción agrícola o industrial. Al mismo tiempo, estos países, sobre todo Túnez, empiezan a sufrir un "sobredesarrollo intelectual": la Universidad de Túnez cuenta con 7 000 estudiantes, 1 500 de los cuales solicitan un empleo al finalizar el año, por lo que Túnez, en especial su administración, ha llegado a un punto de saturación casi total. Ciertos indicios hacen pensar que la situación no es por completo desfavorable. La balanza comercial, por ejemplo, parece a veces mejorar en comparación con la situación que tenía durante la colonia; sin embargo, tal mejoría es engañosa, ya que el equilibrio a punto de haberse alcanzado proviene, no de un aumento de las exportaciones (que han disminuido), sino de un gran decrecimiento de las importaciones, cuya explicación se encuentra en el hundimiento de las inversiones. Resulta sorprendente constatar que las ideologías oficiales de los tres gobiernos magrebíes, aunque diferentes, han llegado a resultados parecidos en asuntos económicos. En los tres países, la descolonización ha dado lugar al establecimiento de

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 235 una nueva élite administrativa muy restringida y que, tomando el lugar del colonizador europeo, se convierte en la fuerza principal del país y en la más beneficiada con la independencia. Este nuevo grupo ha obtenido resultados estimables en ciertas ocasiones, principalmente en Túnez, donde la tasa de crecimiento económico es de 3 a 3.5 %. Sin embargo, aun en este caso favorable, las tasas obtenidas no ofrecen una perspectiva de progresión satisfactoria. Parece ser que, teniendo en cuenta la expansión demográfica, la producción por cabeza, cuya media es de 620 Fr. en el Magreb, bajará en 1970 a 560 Fr., según una hipótesis optimista y, en caso de que se prolonguen las tendencias actuales, descenderá a 490 Fr. A pesar de las diferentes tendencias políticas, se encuentran finalmente las mismas dificultades en los tres países: un interés insuficiente en cuanto a la rentabilidad de los proyectos, la falta de prudencia ante las operaciones improductivas de prestigio, la inmovilidad del campo y de ciertos medios urbanos tradicionales, el aumento excesivo de cargos administrativos y militares; todo tiende a detener la perspectiva de un verdadero despegue económico. Se plantean otras interrogantes. Durante todo el período colonial, los intercambios económicos esenciales, en los tres países del Magreb, tenían lugar con Francia; por otra parte, ciertos cultivos (viñedos, cítricos, hortalizas y frutas tempranas, etc...) se desarrollaron considerablemente debido a su exportación a Francia. Después de la independencia, los estados norafricanos quisieron recuperar su independencia en materia de intercambios económicos y, sin romper los lazos tradicionales con Francia, concertaron acuerdos comerciales con numerosos países europeos. Sin embargo, la exportación de productos agrícolas como el vino ocasiona serios problemas, ya que Francia ha reducido sus importaciones de vino para no disgustar a sus propios viticultores y porque la demanda en los mercados restantes es muy reducida. Es por ello que lá herencia de la colonización no puede encontrar más que una solución que todavía no ha sido aplicada en gran escala: la conversión de los viñedos en otro tipo de cultivo, lo cual requiere también la conversión de los cultivadores y grandes financiamientos en espera de que los nuevos cultivos sean rentables. Existe otro problema: el de los mercados. Antes, las exportaciones se hacían en el

236 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 ámbito de las exportaciones francesas y los mercados exteriores eran los de Francia, debido a los acuerdos negociados por ella. Ahora, se constata que desde el momento en que el Mercado Común Agrícola empezó a funcionar, se presentaron obstáculos a los países del Magreb: Italia quiso proteger sus propias exportaciones de cítricos, de frutas, de aceite de oliva, a los países del Mercado Común y pidió que se gravara con impuestos a los productos similares provenientes del Magreb; lo mismo ocurrió en Francia con la uva. Finalmente, se afirma la competencia española, para no hablar de la de Israel. La descolonización económica no se logra sin daños, y no se puede decir que haya obtenido resultados probados en el presente: sin embargo, por los acuerdos concluidos con Francia, se han podido obtener préstamos financieros bajo diversas formas; pero estos préstamos están sometidos a las variaciones de los acontecimientos políticos y han llegado a ser, a veces, suspendidos por completo; por otra parte, disminuyen constantemente, al mismo tiempo que disminuye el tráfico de los intercambios entre Francia y los países del Magreb. Con Argelia, el problema es un poco más complejo, a causa de los problemas petroleros, que han requerido la conclusión de acuerdos especiales, actualmente en revisión, y también por causa de la inmigración a Francia de miles de trabajadores argelinos que van en busca de trabajo. Esta inmigración es reclutada, estando a su vez sometida a las fluctuaciones de los acontecimientos políticos. Quedan aún dos aspectos de la descolonización: la descolonización cultural y la descolonización jurídica. Se ha visto que los gobiernos franceses habían hecho un esfuerzo considerable en pro de la enseñanza del francés en África del Norte y prácticamente nada por la enseñanza del árabe. Igualmente, la élite magrebí se expresaba y pensaba más en francés que en árabe y, bajo la influencia de las ideas "laicas", manifestaba a menudo cierto desapego por la religión musulmana. Los nuevos estados no pudieron, de un día para otro, pasar de la cultura francesa a la árabe; los propios dirigentes estaban demasiado impregnados de la cultura francesa y se daban cuenta de que, en ün plano internacional, la lengua árabe no había adquirido todavía un prestigio y un uso comparables a

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 237 los de las grandes lenguas occidentales. Más aún, estimaban que el conocimiento del francés era indispensable para mantener a su país en la vía del progreso intelectual. De ahí que se hayan mantenido por una parte la enseñanza del francés y que existan, por otra, establecimientos de enseñanza dependientes del gobierno francés, al lado de los establecimientos de enseñanza autóctona. De ahí también el que se recurra a maestros franceses en todos los niveles primario, secundario y superior, así como en la enseñanza técnica. Tal es el origen de la cooperación cultural, que quizá sea lo que ha tenido más éxito entre todo lo que se ha hecho después de la independencia. Pero no se trata de que esta cooperación cultural y técnica se convierta en una nueva forma de colonización intelectual. Los gobiernos magrebíes, manteniendo la enseñanza del francés, han dado prioridad a la enseñanza del árabe. Este movimiento de arabización se ha hecho en gran escala, sobre todo al nivel de la enseñanza primaria. Apoyándose en la arabización, se trata de dar o de volver a dar a los habitantes el sentido de los valores intelectuales del árabe, de la civilización árabe, es decir, de "descolonizar" respecto a la cultura francesa. Se trata también de dar a todos la posibilidad de instruirse, de adquirir las bases de un saber propio de toda nación ansiosa de progreso. Al mismo tiempo se insiste en mayor o menor grado según el país en la enseñanza religiosa, ya que la religión musulmana es inseparable de la civilización árabe. En este terreno, es posible constatar que se han realizado grandes progresos, sobre todo en Túnez, y que la descolonización se ha efectuado sin que se haya perjudicado a la enseñanza de la lengua y la cultura francesas, lo que es notable. En materia jurídica, el nacimiento de los estados independientes ha suscitado complejos problemas que los juristas acostumbran clasificar bajo la rúbrica de "sucesión de Estado". Esta; sucesión de Estado ha sido muy importante en África del Norte a causa del establecimiento de una numerosa población europea. En Argelia, el código de la nacionalidad argelina prevé que la nacionalidad argelina puede ser acordada bajo la decisión del Ministro de Justicia, lo que constituye una decicióñ restrictiva en relación a lo que se había consignado en los acuerdos de Evian. Finalmente, el número de los europeos que

238 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 han pedido acogerse a la nacionalidad argelina es muy reducido. En Túnez y en Marruecos, el problema no se presentó, ya que estos estados, en tanto que protectorados, no habían experimentado modificación alguna en sus nacionalidades tunecina o marroquí, que siguieron siendo distintas de la nacionalidad francesa. El problema de la transferencia de los bienes públicos se resolvió sin dificultades. En cambio, los bienes privados y los derechos adquiridos de las personas físicas y morales no han dejado de crear complicaciones, en particular en lo referente a los bienes raíces, cuya solución Francia trató de regular por medio de compras progresivas escalonadas. La nacionalización de las tierras en Argelia y en Túnez trastornó los planes previstos y ha puesto en tela de juicio ciertos aspectos de la cooperación entre Francia y estos dos estados. Por último, los tres estados magrebíes han revisado enteramente los tratados políticos firmados por Francia en su nombre; de la misma manera, no aceptan los tratados de tipo territorial firmados por el colonizador más que con beneficio de inventario, a pesar de su adhesión a la Carta de la Organización de la Unidad Africana, que proclama el statu quo en materia de fronteras coloniales; así, Marruecos no reconoce el trazado impuesto por Francia entre su territorio y el de Argelia: de ahí las disputas que desembocaron en la "Guerra de las Arenas" de 1963. La lucha por la independencia enseñó a los estados árabes, sobre todo a los últimos en ser descolonizados, que, más allá de la comunidad árabe-islámica de la cual son miembros, eran solidarios de familias mucho más vastas: la de África, para los seis países árabes que pertenecen a dicho continente y para todos, la de los pueblos descolonizados a los que generalmente se llama Tercer Mundo. La solidaridad afro-asiática que nace en Bandung en 1955 no ha cesado de manifestarse, a pesar de numerosas vicisitudes; la Organización de la Unidad Africana ha hecho por su parte laudables esfuerzos para dar nacimiento a una verdadera comunidad de miras e intereses entre los países árabes y los países negros. Por último, la descolonización política ha estado caracterizada por lo que suele llamarse neutralismo árabe, resultado del no comprometerse entre el Oeste y el Este. No todos los países árabes se han adherido a esta doctrina política y Túnez, por ejemplo, está muy estrechamente

MANTRAN: LOS PAÍSES ARABES CONTEMPORÁNEOS 239 ligado al campo occidental, en especial a los Estados Unidos, por razones económicas (préstamos norteamericanos) y políticas (antipatía enconada entre Bourguiba y. Nasser). Otro testimonio de la descolonización política y de la independencia es la admisión entre los miembros de la Organización de las Naciones Unidas. La GNU ha desempeñado un gran papel en la lucha política y diplomática en pro de la liberación de los pueblos colonizados y las naciones árabes le han prestado un concurso tanto mayor cuanto que la ONU ha constituido para ellos no sólo un medio de lucha, sino también, por su presencia y por su toma de posición contra el colonialismo, una afirmación de que la descolonización no era una mera palabra. Francia tuvo ocasión de experimentarlo cuando la guerra de Argelia. Por otra parte, el que un Mongi Slim, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Túnez, haya podido ser elegido en 1961-62 presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, constituyó la mejor prueba de la independencia política y de la descolonización. Cualesquiera que sean los progresos logrados, la adquisición de la independencia no resuelve automáticamente todos los problemas. En el caso de África del Norte, una presencia francesa que duró 133 años en Argelia, 75 en Túnez y en Marruecos 45, ha dejado huellas profundas. Pero qué significan unas decenas de años en comparación con 1300 años de presencia e influencia musulmanas? La descolonización se cumple poco a poco, no sin dolor; se cumple hasta con la ayuda del antiguo colonizador. Pero podrá, en función de los imperativos políticos, económicos y humanos que son ahora porblemas en escala mundial y no solamente a escala del África del Norte y de los países árabes, podrá ser total algún día? 2. La elección de una doctrina: El socialismo árabe. Ensayo de definición La descolonización económica ha llevado a los países árabes a hacerse cargo del problema de la elevación de su nivel de vida y, en consecuencia, a buscar los medios apropiados para resolver este problema. Las referencias al pasado islámico, válidas hasta cierto punto en el plano político, son más difíciles de utilizar en el plano económico, ya que el apogeo de los países

240 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 árabes (S. rx-xi) se sitúa en un contexto económico carente de toda relación con el del mundo moderno. Después de algunos años de independencia, sigue siendo empresa temeraria el determinar las grandes líneas del comportamiento económico de los países árabes. El doble deseo de la liberación y del desarrollo no ha sido suficiente para proporcionarles una doctrina económica y un programa continuado; ante las grandes dificultades, la respuesta parece haber sido, a pesar de las innumerables declaraciones de principio, un empirismo más o menos feliz. En el Cercano Oriente, la situación era en un principio distinta de la del Magreb, porque no hubo colonización europea de las tierras y porque la población europea fue muy reducida, pero en el terreno económico y comercial, el control de las sociedades capitalistas europeas ha sido considerable, excepto en Siria y el Líbano. Como en África del Norte, esta economía capitalista no ha beneficiado más que a un número restringido de individuos. A diferencia del Magreb, existen posibilidades de empleo, ya que las carreras de la administración no fueron nunca o casi nunca ocupadas por extranjeros. Naturalmente, los estados del Cercano Oriente han intentado adquirir, si no la independencia económica, por lo menos el control de los recursos, de la producción y de la explotación de las riquezas del país, primero mediante un estrecho control de las sociedades extranjeras y luego por la nacionalización de esas sociedades. La última etapa es el establecimiento de un sistema de tipo socialista en todos los organismos esenciales del país. Frecuentemente, por otra parte, una de las mayores manifestaciones de esta evolución es la reforma agraria. En Egipto dicha reforma fue decidida un poco después de la Revolución de Julio de 1952: la superficie máxima atribuida a cada propietario de terreno fue fijada en 200 fedanes (84 Ha.); se estima que previamente el 6 % de los propietarios poseían el 65 % de la superficie cultivable; las tierras confiscadas fueron tomadas a su cargo por el ministro de la Reforma Agraria, y después redistribuidas entre los campesinos sin tierras. Al mismo tiempo, se constituyeron cooperativas agrícolas, a fin de mejorar la producción y también para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los campesinos. Pero a causa de la prioridad acordada a las inversiones dentro de la industria, en

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 241 vista del considerable crecimiento de la población, los resultados no estuvieron a la altura de lo previsto. Así, en 1961 se limitaba la propiedad de tierras a 100 fedanes (42 Ha.) y se reforzaba la autoridad de las cooperativas. Se ha hecho un esfuerzo muy importante en favorj de la industria: entre 1952 y 1960, la progresión anual del desarrollo industrial fue del 7 %. Tal esfuerzo se continuó hasta un período reciente. Pero la guerra de junio de 1967 asestó un serio golpe a este desarrollo, haciendo que las previsiones fueran totalmente modificadas. Además, los bancos extranjeros fueron nacionalizados, así como la mayoría de las sociedades extranjeras, y el comercio exterior fue puesto bajo el control directo del Estado. El camino socialista adoptado por el gobierno egipcio reclama sacrificios de parte de todos y de hecho, si bien el número de funcionarios y de obreros ha aumentado, los ingresos individuales han progresado poco debido al aumento del costo de la vida y a que los impuestos son más elevados que en el pasado. Siria ha seguido un camino similar, extendiendo aún más las nacionalizaciones. Bajo la dirección del Partido Ba'as, se instituyó un régimen de socialismo estatal; pero como en Egipto, los problemas financieros no han podido ser resueltos. Iraq también emprendió su reforma agraria en 1958, la nacionalización de los bancos y de las principales empresas industriales y comerciales en 1964. Sin embargo, la Iraq Petroleum Company, aun cuando haya visto reducidas sus posibilidades de actividad y de beneficios, no ha sido nacionalizada. Los otros estados del Cercano Oriente, por ejemplo el Líbano, practican una política económica más liberal. Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein y Qatar ven asegurados sus ingresos por la explotación de los yacimientos petrolíferos, explotación enteramente en manos de las compañías extranjeras. Jordania, por su parte, subsiste gracias a los subsidios ingleses y norteamericanos y, a veces, árabes. De todo ello resulta un balance mediocre, que hace surgir la necesidad de una doctrina económica y de una planificación, a las que recurren ahora la mayor parte de los países árabes. Después de preguntarse sobre el valor de los diferentes modelos de desarrollo económico que les son propuestos, esencialmente los del capitalismo y el marxismo, los países árabes se esfuerzan por construir su propio esquema de desarrollo según una doc-

242 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 trina, difícil de definir con precisión, diferente además de un país al otro, y a la que generalmente se ha llamado "socialismo árabe". Está el Islam en condiciones de dar una respuesta a los problemas del subdesarrollo? En el siglo xix, Renán, por no citarlo sino a él, acusaba a la religión musulmana de ser la verdadera causa del atraso de los países árabes: cierto conservadurismo socio-religioso sería la explicación de esta incapacidad de progreso. Ahora las respuestas son más matizadas e incluso uno de los mejores especialistas del problema, Máxime Rodinson, llega a escribir en un libro reciente, "Islam et Capitalisme"; "La oposición fundamental del Islam al capitalismo es un mito; en el plano teórico, la religión musulmana no opone ninguna objeción al modo de producción capitalista. La interpretación fatalista del Islam es una interpretación y no una actitud esencial del Islam. Si bien es falso afirmar que el Islam es fatalista, conviene sin embargo admitir que en el contexto donde se ha hallado después de varios siglos, no ha hecho sino confirmar el fatalismo ambiente en el que estaba inmersa la condición económica del árabe. En el momento del esplendor islámico y de la expansión árabe, los analistas no habrían podido hablar del fatalismo musulmán, así como se dejará de hablar de ello el día en que los países árabes hayan emprendidio la vía del progreso." Parece ser que una gran parte del comportamiento socioeconómico de las poblaciones árabes, demasiado superficialmente explicadas mediante el fatalismo musulmán, puede ser atribuido con más seguridad al estado de la sociedad rural en que está inmerso el mundo árabe. Como observa Gerard de Bernis, ese campesino árabe " qué otra cosa puede hacer que esperar, impotente, acontecimientos sobre los cuales no posee ningún control? Está enteramente en manos de la naturaleza, de una naturaleza que no está de ninguna manera domeñada por el hombre. Se sería fatalista por menos... No será entonces el Islam el que haya impuesto una concepción fatalista del mundo, sino el carácter rural de la civilización el que ha conducido a una interpretación fatalista de la religión". En la práctica, el Islam no ha condenado nunca lo que constituye las bases del capitalismo y no ha obstaculizado su desarrollo. Es dable entonces plantearse la pregunta, como

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 243 lo ha hecho Máxime Rodinson, de saber por qué el capitalismo ha triunfado en la época moderna en Europa y no dentro de los países musulmanes. Si bien no hay incompatibilidad de principio entre el Islam y el capitalismo, por lo menos no hay ninguna simpatía entre lo que es una concepción metafísica del mundo y el racionalismo tecnocrático de ese modelo de desarrollo que se ofrece a los países árabes. Por añadidura, tal modelo está a sus ojos estrechamente asociado con el imperialismo de un~colonizador con el cual no quieren confundirse. A la hora en que se liberan del dominio occidental, reaccionan no sólo contra el sistema político, sino también contra los mecanismos económicos introducidos en su país por el colonizador. El imperialismo y el capitalismo aparecen como dos taras indisociables del occidente; uno y otro deben ser eliminados. Es conveniente, por lo tanto, buscar en otra parte la solución a los problemas económicos. El socialismo, antítesis y seductora alternativa del capitalismo, se presenta entonces como el segundo modelo de desarrollo posible. La palabra está de moda y parece dar una respuesta que constituye un progreso en comparación con el capitalismo. De ahí el deseo de reencontrar en el Islam este socialismo que aparece como una solución moderna y progresista a los problemas económicos. Así como en el plano del régimen político se ha afirmado que el Islam constituía la democracia por excelencia, así también en el plano económico se ha sostenido que el Islam era socialista mucho antes que Marx. Ciertamente es posible encontrar en las reglas coránicas disposiciones que recuerdan ciertos principios del socialismo: la prohibición del préstamo a interés, y en un plano más general, cierto ideal de justicia y de igualdad social, tendencias a la solidaridad y a la ayuda mutua entre los miembros de la sociedad. Pero tradiciones tales se encuentran en realidad en muchas sociedades que se hallan en esta etapa del desarrollo. Además, sería fácil encontrar en el Corán y más aún en la sunna otras tantas disposiciones que están en contradicción con el socialismo. En la práctica, existen muchos procedimientos para eludir el préstamo a interés; el ideal coránico nunca ha puesto en duda el derecho de propiedad en ninguna de sus formas; la justicia económica del Corán no es más que una forma de ayuda mutua organizada en el seno de la comunidad, pero no im-

244 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 pugna para nada las diferencias sociales y parece admitir la existencia de clases; la igualdad de marras no es de orden económico, sino de naturaleza religiosa: se trata de la igualdad de las criaturas ante Dios. Sobre todos estos puntos, el Islam no parece presentar una originalidad particular, sino que refleja simplemente cierto contexto. El contacto entre el Islam y el socialismo, en la medida en que existe, se da menos en el plano económico y social que en el plano político. Para el musulmán, el Occidente es el colonialismo y el imperialismo, expresiones que precisamente emplea el mundo comunista para designar a Occidente. El Islam lucha contra una Europa opresora que el comunismo quiere, por su lado, eliminar. Existen otros factores positivos comunes entre el Islam y el comunismo. En ambos, se está en presencia de un concepto totalitario o globalizador de la ciudad; la filosofía política de los regímenes tiene un marcado carácter totalitario y somete al individuo a un sistema comunitario que constriñe y limita su libertad personal; en los dos sistemas, la búsqueda del bienestar de la comunidad tiene prioridad sobre la del individuo, el cual cuenta poco. El Islam, como el comunismo y contrariamente a las sociedades cristianas, cree en la realización de una sociedad terrenal perfecta. En fin, el Islam y el comunismo tienen pretensiones de universalidad y trascienden las nacionalidades para confundirlas en una misma fe comunitaria. Todo esto puede explicar una tentación por el comunismo, o al menos el acercamiento hacia el comunismo que ha podido conocer tal o cual país árabe. Queda, empero, la objeción fundamental y permanente de las creencias religiosas; se añade además el descubrimiento progresivo de una forma de imperialismo que, aunque comunista, no por ello aparece como menos peligrosa: por eso la actitud de los países árabes es en general de desconfianza, tal como lo ha expresado el presidente Bourguiba: "El campo del comunismo no nos inspira ninguna confianza, a pesar de sus señuelos, sus propagandas, su aprobación y su sostén." Otros líderes árabes, como Michel Aflak (fundador y teórico del Partido Ba'as), hacen una distinción entre la URSS, considerada como estado amigo, y el Partido Comunista local, sobre el cual la apreciación es mucho más reservada: "Un árabe bien informado no puede ser comunista

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 245 sin abandonar el arabismo; los dos son incompatibles; el comunismo es extranjero a todo lo que sea árabe." En cuanto a Nasser, aunque haya buscado con frecuencia el apoyo soviético, siempre ha sido hostil al comunismo y así lo ha expresado en muchas ocasiones, como por ejemplo en un discurso de 1965: "El comunismo es ateo, el árabe es creyente; el comunismo es la dictadura del proletariado, la Carta Nacional (egipcia) rehusa remplazar la dictadura de una clase por la de otra; el comunismo reclama la destrucción de la sociedad burguesa, el socialismo árabe está contra el recurso a la fuerza; los comunistas se han convertido en máquinas mientras que eran seres humanos, han renegado de la libertad porque la libertad es una manifestación de confianza en el individuo y en el régimen comunista el individuo no tiene ni personalidad ni voluntad..." Finalmente, se comprueba que las divergencias son demasiado graves entre el Islam y el marxismo para que los países árabes puedan recurrir al modelo de desarrollo comunista que llevaría a la adhesión a todo un sistema inaceptable para los países árabes. De ahí la voluntad de estos últimos de descubrir un camino original hacia el progreso, que ellos bautizan generalmente con el nombre de "socialismo árabe". La mayor parte de los estados del Tercer Mundo, después de haber dudado entre la vía capitalista y la marxista, pretenden rechazar una y otra para construir su propio socialismo. Y esta toma de posición es importante: esta vía del Tercer Mundo apela al socialismo y no al capitalismo. Pero este término socialismo cubre experiencias muy diversas y, en la medida en que nos esforzamos por definir este socialismo original, es más fácil saber qué es lo que no quiere ser que lo que es. El socialismo árabe, como el de los países africanos, como el de los países del Tercer Mundo, es un socialismo que se busca, más preocupado por realizarse que por definirse. Se ha mencionado la pobreza ideológica del Islam acerca de los problemas económicos; por tanto, el denominador común que en otros planos confiere a los países árabes su originalidad falta aquí; así, los países árabes se encuentran libres para inventar su socialismo y no se privan de hacerlo. Esta diversidad limita una definición global a ciertas características generales. Por lo pronto este socialismo apela casi siempre al Islam, lo que aparece, por lo menos, como una me-

246 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 dida de precaución ante poblaciones que continúan profundamente ligadas a su religión. Pero tal vez el Islam podría aportar algo más y constituir la base filosófica de un verdadero esfuerzo doctrinal; este movimiento sólo está iniciado; su desarrollo depende en parte del renacimiento de los estudios islámicos, renacimiento que es todavía poco notorio. Por esto, generalmente las referencias de los líderes políticos al Islam siguen siendo superficiales. Este socialismo se asocia estrechamente con el nacionalismo, del cual es la prolongación natural: "Los nacionalistas árabes comprenden que el socialismo es el medio más seguro para llevar a cabo el renacimiento de su nacionalismo y de su nación, porque saben que la lucha de los árabes en la época actual se basa en el conjunto de los árabes y que no es posible que ellos participen juntos en esta lucha si están divididos en amos y esclavos. En otras palabras, nosotros pensamos que los árabes no podrán llevar a cabo su renacimiento a menos que estén persuadidos de que su nacionalismo implica la justicia, la igualdad y la vida digna en sociedad" (M. Aflak). Este socialismo no apela a ninguna ortodoxia marxista; quiere ser específico y va a buscar en las experiencias extranjeras de todas las escuelas lo que le parece utilizable. Su única preocupación es la de permanecer lo más cerca posible de las masas, es decir, en la mayoría de los casos, de los campesinos. En todos los países que apelan a él, cierto número de recetas idénticas dan a este socialismo árabe una silueta común. Las nacionalizaciones constituyen uno de los procedimientos más usados para reintegrar a la nación sectores de la economía pertenecientes a los extranjeros; se trata, pues, menos de socialismo que de una forma económica de nacionalismo. La transformación de las estructuras agrarias es indispensable en países que cuentan con 60 a 80 % de campesinos; ella condiciona el inicio de una elevación del nivel de vida, la creación de un mercado nacional digno de ese nombre y, en consecuencia, la base indispensable de la industrialización del país. Egipto, Iraq, Siria y Argelia se han lanzado a verdaderas reformas agrarias; Marruecos y Túnez, aparte de la recuperación de tierras de la colonización, no han hecho en este terreno sino tímidos ensayos. La edificación industrial se realiza generalmente en un sector estatal, única manera de que estos países

MANTRAN: LOS PAÍSES ÁRABES CONTEMPORÁNEOS 247 disponen para crear ciertas industrias clave que la iniciativa privada nunca se arriesga a montar y que, de todos modos, el Estado quiere conservar bajo control; Egipto y Argelia son los que poseen los sectores estatales más desarrollados. La agricultura y la industria han sido también objeto de diversas experiencias de desarrollo comunitario, que se sirven sobre todo de las técnicas cooperativas y la autogestión. En fin, la mayoría de estos países han adoptado la técnica de la planificación. Las técnicas comunes utilizadas desde Marruecos a Iraq no son suficientes para definir el socialismo árabe; es necesario considerar diferencias e intentar una clasificación. Si bien los marxistas-leninistas reconocen que las vías de paso al socialismo son múltiples y pueden variar según el grado de evolución económica y de resistencia social, subrayan sin embargo que éstas tienen en común el constituir un lazo revolucionario, el romper la maquinaria del estado burgués, el instaurar la dictadura transitoria del proletariado, el hacer pasar a las manos del pueblo los principales medios de producción y de cambio y el acarrear la colectivización progresiva de la agricultura. Ningún país árabe ha procedido así, a pesar de todas las proclamas oficiales, tales como el artículo 26 de la Constitución del Ba'as sirio: "El partido Ba'as es revolucionario. Cree que el renacimiento del nacionalismo árabe o el establecimiento del socialismo sólo puede ser logrado mediante la revolución y la lucha." Ningún país árabe ha obrado así, ninguno practica el socialismo marxista-leninista. Cuáles son, entonces, los principales aspectos de este socialismo árabe? Consideremos en primer lugar el socialismo argelino, ya que la idea del salto revolucionario hace pensar en Argelia antes que en los otros países. El Frente de Liberación Nacional ha insistido constantemente en la idea de que la revolución era más importante que la liberación, y la impregnación marxista de las Cartas de Trípoli y de Argelia no dejan la menor duda. La República Argelina Democrática y Popular ha llevado a cabo una verdadera revolución que no se ha limitado a expulsar al extranjero y recuperar sus propiedades, sino que ha nacionalizado sistemáticamente numerosas empresas y vastos dominios agrícolas extranjeros y argelinos. Sin embargo, Argelia no

248 ESTUDIOS ORIENTALES 111:3, 1968 ha llegado al punto de colectivizar la totalidad de los medios de producción y de la tierra; sigue admitiendo la pequeña propiedad. El sector nacionalizado es considerable, sin embargo: en el plano agrícola, representa el 70 % de la producción. Este socialismo argelino, que no es original en todas sus características, admite la necesidad de la planificación, reconociendo que debe ser progresiva. Se esfuerza en asociar a las masas a las decisiones económicas en todos los niveles, lo que se traduce en la fórmula de la autogestión inspirada en la experiencia yugoslava. Gracias a este método de gestión, Argelia ha llevado muy lejos en ciertos sectores la socialización de los medios de producción y de cambio, eliminando rápidamente a la antigua burguesía. El socialismo argelino se funda, por último, en la movilización de un gran número de trabajadores, instaurando así un régimen de trabajo voluntario destinado a acrecentar al máximo sus equipos colectivos con el mínimo costo. El aspecto más original de este socialismo argelino es sin lugar a duda la autogestión. "El socialismo es la autogestión", es el gran slogan del régimen y permite restituir a la democracia en el orden económico lo que por el momento no está en condiciones de adquirir en el orden político. En tanto que la autogestión yugoslava es el resultado de una introducción lenta y deliberada, la autogestión argelina es un movimiento espontáneo y rápido. Al partir los colonos y los jefes de empresa europeos, los trabajadores tomaron conciencia de que en ese período de desorganización total, les correspondía a ellos salvaguardar los medios de producción y hacer fracasar las tentativas de sabotaje haciéndose cargo de las riquezas abandonadas por los antiguos propietarios. El gobierno ratificó luego tales iniciativas y las organizó instituyendo lo que se ha llamado "el sector socialista". Los decretos de marzo de 1963 reglamentaron y definieron el modo de gestión socialista. Los órganos de gestión de la empresa son de dos tipos: por una parte, aquellos jerarquizados y piramidales que emanan de los trabajadores y están encargados del control (Asamblea General de los Trabajadores, Consejo de los Trabajadores, Comité de Gestión, Presidente); por otra parte, el que, aun cuando órgano de la empresa, representa al Estado, es decir el Director, el cual es nombrado y revocado por el organismo tutelar, previo acuerdó del Consejo Comunal de la

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